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Debieron pasar más de treinta años desde que las sufragistas presentaran sus primeras demandas para que se reconociera el derecho a voto de las mexicanas. Ya en 1916-1917, en el Congreso Constituyente realizado en Yucatán, Hermila Galindo había hecho presente la legitimidad del voto femenino. En 1935 sectores significativos de mujeres organizadas se habían coordinado en el Frente Unico Pro Derechos de la Mujer, FUPDM, y exigido el sufragio.
Sin embargo, sólo en 1947 se reformó el Artículo 115 de la Constitución Federal, reconociéndose a las mujeres el derecho a votar y a ser elegidas en elecciones municipales y seis años después, en 1953, se les otorgó plenos derechos ciudadanos, aunque en la práctica los ejercieron recién en 1955.
En México es obligatorio inscribirse en el censo electoral y votar. A pesar de esto, es de público conocimiento la elevada abstención electoral, que llegó a su punto máximo en las elecciones presidenciales de 1976, cuando se registró un 50% de abstención. Por no existir un registro por sexo de los electores, no es posible saber la proporción de mujeres que efectivamente hace uso de sus derechos ciudadanos.
Las elecciones presidenciales se realizan cada seis años, al igual que las senatoriales. Cada tres años hay elecciones a diputados.