PARTICIPACIÓN SOCIOPOLÍTICA

La historia de la participación femenina en Guatemala está relacionada estrechamente con la forma que asumió allí el proceso de mestizaje y con los procesos políticos vividos por el país desde su independencia.

Antes de la conquista española, la cultura maya había florecido en la región, encontrándose en esos momentos en proceso de declinación, coincidente con invasiones de otros pueblos indígenas. Dicha conquista se sumó a una historia de sojuzgamientos y rebeliones internas. El resultado fue que Guatemala vivió una de las formas de colonización más duras de todo el continente.

Declarada la independencia en 1821, entre 1823 y 1839 Guatemala integró, junto con los cuatro países vecinos, la República Federal "Provincias Unidas de Centroamérica". Entre 1839 y 1944, Guatemala vivió setenta y tres años bajo dictadura. En 1944 se inició una década de cambios encabezada por el Presidente Juan José Arévalo, quien hizo importante reformas en el ámbito social, promovió la integración de la población indígena a la vida nacional, restituyó las libertades políticas, apoyó a organizaciones políticas y sociales, y estableció el voto femenino, excluidas las analfabetas. En 1954, su sucesor, Jacobo Arbenz, fue derrocado mediante una invasión militar apoyada por Estados Unidos.Entre 1944 y 1983, hubo ocho elecciones presidenciales y diez golpes de Estado, con drásticas violaciones de los derechos políticos y civiles. Al grave conflicto político-militar que estalló en la región en la década de los setenta, se agregó la crisis económica. La consecuencia fue la mantención del país en situación de guerra, con un movimiento guerrillero activo. Se generó así una gran corriente de refugiados y desplazados entre los países de la región. Para el período 1980-1984 se estimaba en 63 mil los refugiados guatemaltecos en países vecinos.

Tras la elaboración de una nueva Constitución, en 1985 fue elegido el primer presidente civil desde 1970. En este período se intensificaron las acciones por la paz en toda la región. Las violaciones a los derechos políticos, asesinatos y desapariciones disminuyeron, pero han vuelto a recrudecer tras la elección del Presidente Jorge Serrano en enero de 1991, quien continúa los esfuerzos por lograr la paz a través de conversaciones con los dirigentes de la guerrilla. Se calcula en más de 120.000 los muertos en treinta años de guerra civil.

Más del 40% de la población guatemalteca es indígena y ha sido víctima de atropellos y marginaciones, sin que se haya logrado una integración cultural. El analfabetismo -que en las mujeres llega al 47,8%, concentrándose en el sector rural (60%)- es un indicador de la prevalencia de las etnias y de relaciones sociales paralelas, hecho que tiene consecuencias importantes al examinar la participación femenina en las esferas políticas y sociales, por cuanto la información disponible es de la población no indígena y sus estructuras de poder.

Con respecto a las mujeres indígenas, ellas expresan que han conservado sus formas propias de organización social. En la cultura maya la mujer posee su propia razón de ser dentro de la comunidad: es considerada un símbolo de vida y al igual que la madre tierra, es valorada y respetada. Por su relación con la naturaleza tiene un papel como mujer; no sólo es madre, sino que participa directamente en la organización social. En ella existen los y las "principales" del pueblo. Las principales son designadas en reuniones de las mujeres. Hasta 1944 en los municipios participaba un "principal", representante de los Consejos de Ancianos indígenas.

Con esta salvedad, podemos decir que en Guatemala la participación de la mujer en puestos de decisión política es reciente, reducida y que no refleja el aporte de las mujeres en la vida social. Su presencia en los poderes ejecutivo y legislativo es baja, aumentando en las primeras instancias del poder judicial. Lo mismo sucede en el movimiento sindical, donde las mujeres afiliadas representan la décima parte. En los partidos políticos y cooperativas su presencia es algo mayor. Sin embargo, la participación femenina se ha destacado en otras organizaciones: del magisterio, campesinas, de derechos humanos y de iglesia.