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El mejoramiento de la situación de las mujeres en América Latina ha sido posible a partir de la acción de distintos sujetos sociales: gobierno, organismos no gubernamentales, las propias mujeres y los organismos internacionales, especialmente los de la Organización de Naciones Unidas.
En Guatemala no se registra una actividad continuada en favor de las mujeres, puesto que las diversas iniciativas han sido frecuentemente interrumpidas por la suspensión de derechos políticos y civiles en las diversas dictaduras, estados de excepción y represión al movimiento popular, campesino e indígena, con el agravante de la extrema pobreza en que viven sectores mayoritarios. Estos problemas han opacado la reivindicación sobre la situación de género de la población femenina.
La acción gubernamental se expresa en diversos programas que se vienen desarrollando desde ministerios y otras instituciones estatales, sobre todo a contar de las últimas dos décadas. Culminó con la creación, en 1981, de una Oficina Nacional de la Mujer (ONAM) destinada a cumplir con el mandato de la Convención de Naciones Unidas sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer, ratificada por Guatemala en 1982.
En la actualidad existen institutos de diversa índole trabajando en programas para la mujer. La mayoría de estos programas es llevada a cabo a través de organismos no gubernamentales (ONG) nacionales o internacionales. Desde el Gobierno se ejecuta una cuarta parte de los programas, y los organismos internacionales representan un porcentaje menor.
Algunos ONG con programas para la mujer tienen más de treinta años, pero la mayor parte es posterior al terremoto de 1976. Se destacan algunos creados por mujeres y especializados en el trabajo con la población femenina. Las orientaciones de estos ONG varían entre la alfabetización y capacitación en actividades tradicionales, estudios de la condición de la mujer, talleres de toma de conciencia, lucha reivindicativa y desarrollo organizacional.
Al igual que en toda la región, el aumento de la conciencia sobre la condición femenina en los organismos internacionales y el movimiento feminista latinoamericano han favorecido el desarrollo de iniciativas al interior del país.
A lo largo de la historia, grupos de mujeres se han organizado una y otra vez, sujetas a las limitaciones políticas de cada momento. Es así que, durante los cortos diez años de apertura democrática que vivió el país entre 1944 y 1954, se consolidó temporalmente la Alianza Femenina Guatemalteca. Por su parte, la Acción Católica abrió un canal de participación social al que se unieron diversos sectores de mujeres. Más tarde se conformaron los Clubes de Amas de Casa, respondiendo a la necesidad de enseñar a las mujeres cómo mejorar las condiciones de su hogar y la salud de su familia. En 1959 surgió la Asociación Guatemalteca de Mujeres Universitarias, activa hasta el día de hoy.
En los años setenta, y siempre con las limitaciones impuestas por la situación política, sectores de mujeres siguen participando en Clubes de Amas de Casas y organizaciones de tipo religioso. En 1975 se crea la Unión de Mujeres Guatemaltecas.
Durante la década pasada, el clima político continuó siendo un obstáculo para cualquier tipo de organización (aunque desde 1986, con la constitución de un gobierno civil y la posterior firma de Esquipulas II, se produjo una lenta apertura). Así, las formas organizativas de las mujeres guatemaltecas se dieron de manera desigual. Los derechos humanos y la sobrevivencia fueron los resortes principales a nivel popular. El Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) y la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala (CONAVIGUA) son fiel expresión del drama que enfrentan miles de mujeres. Paralelamente se creó un considerable número de organizaciones femeninas de subsistencia y capacitación, pero también surgieron grupos de carácter feminista.
Sectores de guatemaltecas en el exilio se articularon en una búsqueda de apoyo solidario con los grupos de mujeres que permanecen en el país, participando en diversos eventos del movimiento internacional de mujeres.
Finalmente, se desarrollaron iniciativas para la coordinación, tanto nacional como subregional, de la acción de organizaciones e instituciones de promoción de la mujer. En Guatemala se llevó a cabo, en 1989, el Primer Encuentro de la Mujer Centroamericana.