EDUCACIÓN

La información estadística disponible muestra que la condición educacional de las mujeres guatemaltecas es, en cifras promedio, una de las peores de América Latina. Es verdad que el estado educativo de las mujeres ha de verse en el difícil contexto que presenta el país en este plano, pero sobre ese cuadro general hay que destacar que la realidad de la mujer es apreciablemente más crítica que la del hombre.

Los efectos de la crisis socioeconómica de los años ochenta aumentaron las tradicionales deficiencias educativas de Guatemala. Los recortes del gasto público realizados durante el primer quinquenio de esa década afectaron los recursos y la infraestructura del sistema educacional.

El balance presentado en 1985 por el Ministerio de Educación subrayaba un conjunto de dificultades: con un gasto en educación en torno al 12% del presupuesto del gobierno central (en 1982 había caído hasta el 4%), lo que significaba solamente un 1,7% de un producto interno bruto (PIB) seriamente debilitado por la crisis, era necesario enfrentar el aumento de las demandas educacionales de una población de sostenido crecimiento. La tasa neta de cobertura de la educación primaria se situaba alrededor del 63% (en el campo apenas llegaba al 55%); la de educación secundaria (matriculados en ese nivel educativo en la población entre 13 y 18 años) era de un 17,2%, y sólo había un 6% de universitarios entre la población de 19 a 24 años. Todo ello en un país donde la tasa de analfabetismo superaba el 40% de las personas mayores de 10 años.

La llegada de un gobierno civil en 1986, preocupado por esta materia, amplió el cauce de recursos destinados al sistema educativo. Así, del 12% gastado ese año por el gobierno central en esta partida se pasó progresivamente hasta el 20% ocupado en 1989. Ahora bien, el resultado de ese esfuerzo consiguió un mejoramiento de la situación educacional en términos relativos (reduciendo, por ejemplo, la brecha de no escolarización) pero no alcanzó a reducir la acumulación de un gran volumen de personas con profundas deficiencias educativas (en 1980 las personas que no poseían ningún grado escolar sumaban 703 mil y en 1987 éstas habían aumentado a 724 mil).

Las consecuencias de arrastrar durante décadas tal proceso educacional se traducen en una estructura socioeducativa profundamente desigual: en 1989, sobre un 40% de analfabetos había que sumar un 47% que tenía algún grado de educación primaria, mientras algo menos del 11% había adquirido algún grado de secundaria, y apenas un 2% poseía estudios universitarios.

La lectura general de la condición educativa de la mujer guatemalteca, muestra serias diferencias en razón de tres factores: género, raza y estratificación social. Amplios sectores de la población femenina rural presentan graves deficiencias básicas (analfabetismo y brecha de escolarización primaria), siendo la mayoría de estas mujeres de raza indígena. Estas deficiencias son apreciablemente superiores a las que también sufren los hombres.

Muy pocas de las mujeres rurales, indígenas y pobres de las ciudades, tienen posibilidades de acceder a la enseñanza secundaria, pero la proporción de mujeres no pobres urbanas que accede a este segundo nivel es, sin embargo, muy similar a la de sus homólogos varones.

Ahora bien, en el tránsito de secundaria a estudios universitarios, estas mujeres no pobres urbanas enfrentan una discriminación de género que reduce su acceso a la universidad: en 1987, por cada tres hombres que habían completado su segundo nivel, uno (1,5) había accedido a la universidad, mientras en el caso de las mujeres, por cada cinco que concluyeron secundaria, una había accedido a la educación superior. Y esta dificultad guarda correspondencia con la segmentación tradicional que aún presenta la elección de las carreras de acuerdo a la condición de género.

Dado que la situación educativa era considerablemente peor en el pasado, la dimensión de los problemas es mayor en las mujeres de edades más maduras. Las amplias lagunas educacionales de las mujeres mayores aparecen tanto en el campo como en la ciudad.