IDENTIFICACIÓN SOCIOECONÓMICA DEL PAIS

El desarrollo de la economía ecuatoriana sufrió una profunda modificación en los últimos veinte años, a raíz de dos factores fundamentales: el descubrimiento y exportación del petróleo desde 1972 y el impacto causado por la crisis socioeconómica regional de los años ochenta. Ambos factores se han combinado o contrapesado para determinar, junto a los cambios de política económica, las oscilaciones que ha mostrado la economía del país en este período.

Hasta el inicio de la comercialización del petróleo, la economía ecuatoriana se encontraba en un lento proceso de transformación: el que corresponde al paso de un aparato productivo principalmente agrario y primarioexportador a otro en el que conviven ese tipo de actividades básicas con una industrialización dirigida hacia el mercado interno.

Durante los años sesenta, ese proceso se había traducido en un crecimiento económico estable (el PIB creció en torno al 5% anual), aunque ello no significara la inclusión generalizada en el sistema no tradicional de amplios sectores de la población. Como sucede en muchos países de la región, el aparato primarioexportador de Ecuador, basado principalmente en el cacao, el café y el banano, apoyó de manera efectiva el lento proceso de industrialización sustitutiva de importaciones. En todo caso, a fines de esa década, el sector agrario aportaba todavía una proporción mayor que el industrial al conjunto de la producción interna.

Este cuadro se modificó radicalmente a partir de 1972 con el inicio de la exportación petrolera. El impacto del petróleo puede medirse a través del crecimiento inmediato del PIB: en el mismo 1972, éste creció un 13%, ascendiendo al 20% en el año siguiente. Ello aceleró la modernización industrial del país y así, a mediados de la década, este sector productivo superaba al agrario en el aporte al PIB ecuatoriano.

Sobre este auge petrolero, favorecido de forma intermitente por las exportaciones tradicionales, se consolidó en Ecuador el modelo sustitutivo, cuyas debilidades quedaron veladas por el auge mismo. Así, cuando concluían los años setenta, la escasa competitividad de la industria, el cambio sobreevaluado y el fácil recurso al endeudamiento externo, no parecían problemas graves en una economía blandamente apoyada sobre el colchón petrolero.

El alza exportadora suavizó también los primeros síntomas de la crisis económica regional del cambio de década. Sin embargo, la depresión de 1982 tomó al país en condiciones poco favorables: baja de los precios del café y el cacao, disminución del volumen del petróleo exportado y aumento de los intereses de las obligaciones con el exterior. Los problemas climáticos adicionales, las dramáticas inundaciones de 1983, hicieron que el PIB, finalmente, decreciera ese año.

En todo caso, el balance de la década de los ochenta ha de tomar en cuenta, además de los factores estructurales internos y externos, los notables cambios de política económica sucedidos en el decenio, que corresponden, en términos generales, a los tres gobiernos habidos en el período. El primero, de Roldós-Hurtado, hasta 1983, que sostuvo la continuación del modelo económico precedente, con intenciones más distributivas. El segundo, de Febres Cordero, hasta 1988, con orientación opuesta, que impulsó la liberalización económica y la privatización. El tercero, de Rodrigo Borja, iniciado ese mismo año (1988), que buscó un punto intermedio respecto a las políticas económicas de los dos anteriores.

Especialmente en la segunda mitad de la década, llegaron a producirse oscilaciones un tanto erráticas, que en algún momento (1986) desataron desequilibrios macroeconómicos que, afortunadamente, no llegaron a ser incontrolables. De todas formas, los indicadores sociales generales muestran una tendencia a la concentración de ingresos y la ampliación de la pobreza en este decenio, que afectó severamente a las mujeres.