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La situación de salud de las mujeres cubanas ha mejorado notablemente en las últimas décadas, debido tanto al mejoramiento de las condiciones sanitarias básicas del conjunto de la población, como al desarrollo del sistema de salud. La grave crisis económica que vive el país desde 1990 ha comenzado a deteriorar diversos aspectos de estos dos factores (condiciones básicas y sistema de salud), provocando el resurgimiento de enfermedades ya superadas y la aparición de otras nuevas, según describe el Ministerio de Salud Pública en sus últimos informes.
Hasta fines de los años ochenta el cuadro epidemiológico de Cuba había cambiado sustantivamente respecto del que había cuarenta años antes, no sólo por la elevación del nivel de asistencia y cobertura sanitarias, sino también por lo avanzado de su transición demográfica: el hecho de tener una gran proporción de población en edades productivas y otra apreciable de personas mayores, hizo que el tipo de enfermedades propias de esos tramos etarios dominaran claramente el cuadro epidemiológico nacional desde los años setenta.
La evolución del sistema de salud de Cuba sufrió un cambio drástico desde la Revolución de 1959, que estableció el principio de que la asistencia sanitaria es una responsabilidad pública, en primer lugar del Estado y luego del resto de las organizaciones sociales, y un derecho adquirido por toda la población, general y gratuito. Así, se constituyó un sistema único dirigido por el Ministerio de Salud Pública, que se ha desarrollado pasando por varias etapas.
Durante los años sesenta ese sistema extendió su cobertura y se dedicó a los principales problemas que estaban pendientes en la situación sanitaria cubana antes de 1959: ampliar y mejorar el sistema de asistencia materno-infantil y eliminar las distancias existentes en cuanto a la condición de salud de los distintos sectores de la población cubana. Las cifras promedio sobre condiciones sanitarias en los años cincuenta estaban entre las más avanzadas de América Latina: una de las mayores esperanzas de vida, las tasas de mortalidad infantil y de mortalidad materna más bajas (sólo superadas por Uruguay y Argentina), etc. Pero al desagregar esos promedios podía observarse grandes diferencias según zona de residencia y nivel socioeconómico. En esta etapa de extensión sanitaria, las mujeres tuvieron un destacado papel, especialmente a través de la Federación de Mujeres Cubanas.
Debido a este esfuerzo sostenido, ya en los años setenta Cuba comenzaba a mostrar un grado de cobertura sanitaria y una cantidad de recursos que la colocaban a la cabeza de América Latina. La dirección central del Ministerio de Salud Pública se combinó con la descentralización a nivel regional, a través de los Sistemas Locales de Salud (SILOS), dependientes técnicamente del Ministerio y financieramente de los gobiernos regionales. Por otra parte, en 1984 se instituyó un cambio en el sistema de atención primaria, con el establecimiento del Programa del Médico de Familia, que además del médico integraba un equipo con una enfermera, un psicólogo y la brigadista sanitaria de la Federación de Mujeres Cubanas. Con este nuevo sistema se trataba de responder tanto a las necesidades de flexibilización del sistema, dado que las grandes unidades creaban problemas de atención, como a la transformación epidemiológica que sufría el país y a la mayor necesidad de una medicina preventiva.
Como resultado de este desarrollo, a fines de los años ochenta existía en Cuba casi tres veces el número de médicos por habitante y dos veces el de camas hospitalarias que en los países más avanzados de América Latina; la cobertura clínica del parto era prácticamente completa y la cantidad de defunciones mal definidas, menor del 1%. Todo esto al lado del alto nivel técnico y tecnológico que se reconoce a la medicina cubana.
Sin embargo, el examen de las principales causas de muerte muestra algunos problemas que aún afectan a la población general y femenina en particular. Cuba tiene una alta tasa de muertes por cáncer localizado en dos principales aparatos: el reproductivo y el respiratorio. A pesar de los programas desarrollados sobre prevención de cáncer de mamas y cérvico-uterino, todavía existe una apreciable cantidad de muertes femeninas por estas causas que podrían ser evitables. En cuanto al elevado grado de incidencia del cáncer en el aparato respiratorio, la Organización Mundial de la Salud indica que ello guarda relación con el altísimo tabaquismo que presenta Cuba (consume el doble número de cigarrillos que los países más consumidores de América Latina). Otro factor que eleva notablemente la mortalidad es el referido al alto número de accidentes y violencias, que afecta sobre todo a los hombres, pero también a las mujeres (en 1988 un tercio del total de muertes por esta causa era de mujeres).
En cuanto a la regulación de la fecundidad existe en Cuba una situación particular. El alto uso del aborto por parte de las cubanas como alternativa a los métodos anticonceptivos (en Cuba su práctica es legal y cautelada clínicamente) no ha podido ser reducido sustantivamente por las campañas que impulsan diversos organismos, entre ellos la Federación de Mujeres Cubanas. La Encuesta de Fecundidad de 1987 mostró que el aumento del uso de esos medios no ha logrado evitar que cerca de la mitad de los embarazos concluya en aborto. Sin embargo, en esa misma Encuesta, más de un tercio de las mujeres alude a la dificultad para obtener tales medios, como razón de su no uso.
La situación de emergencia económica que sufre el país desde 1990 está deteriorando las condiciones de salud, tanto en lo que se refiere a sus niveles básicos (alimentario, etc.), como en cuanto a los elementos del propio sistema sanitario (materiales primarios, medicinas, etc.). Según el Ministerio de Salud Pública, la falta de vitaminas está haciendo aparecer algunas enfermedades cuya extensión podría elevarlas al rango de epidemias.