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Cuba fue el último de los países latinoamericanos en conquistar su independencia del colonialismo español. En esa lucha las mujeres cubanas -las mambisas- participaron activamente.
En 1868 había sido proclamada la abolición de la esclavitud. Al mismo tiempo, Carlos Manuel Céspedes se alzaba en armas junto a un grupo de patriotas contra el poderío español y Rosa Castellanos -"Rosa, la Bayamesa"- recibía el grado de capitana. Tan tempranamente como esto, Ana Betancourt proclamó los derechos de la mujer, su necesaria incorporación en la lucha por la independencia y demandó a la Asamblea Constituyente de Guaimaro igualdad para las mujeres en la nueva Constitución.
Posteriormente, en 1892, y dando origen a una tradición de lucha social, fue celebrado el primer congreso obrero en Cuba. Entre ese año y 1894 tuvieron lugar una serie de huelgas. Su principal exigencia era la de las ocho horas de trabajo, pero también la independencia del país. En 1899 fue fundado el primer partido socialista.
La lucha por la independencia de España llevó al Tratado de París (diciembre de 1898), por el que España cedió a Estados Unidos la soberanía sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas. En 1901 Cuba obtuvo la independencia formal de parte de Estados Unidos, pero su gobierno tuvo que suscribir la llamada Enmienda Platt, inscrita en la propia Constitución cubana, donde se establecía el derecho norteamericano a controlar la política exterior del país, así como a intervenir en su vida interna. Asimismo consagró su derecho para instalar una base militar en Guantánamo.
En 1914 se formó el Partido Nacional Feminista, que planteó la igualdad de derechos políticos para mujeres y hombres. En la segunda década la corriente feminista sufragista luchó, además, por el divorcio y una ley de libre disposición de los bienes de la mujer casada. En los años siguientes mujeres obreras se incorporaron a esta lucha con un sentido reivindicativo social.
El movimiento feminista se consolidó en la lucha contra la dictadura de Machado (1925-1933). Derrocado en 1934, las mujeres obtuvieron el derecho a voto, mediante decreto presidencial, confirmado en la Constitución de 1940.
Las tiranías se sucedieron interrumpidas por gobiernos constitucionales de corta vida hasta la Constitución democrática de 1940, en los cuales la sociedad volvía a expresarse: florecía la vida sindical, estudiantil y el movimiento de mujeres. En 1952 Batista se instaló en el poder mediante un golpe de Estado.Fue en el ámbito estudiantil donde comenzó a gestarse un movimiento decidido a enfrentar con las armas a la dictadura. El asalto al Cuartel Moncada (26 de julio de 1953) marcó el inicio de las acciones y dio origen al famoso discurso -diseño de un programa revolucionario- de Fidel Castro, "La Historia me absolverá". El Movimiento 26 de Julio reunió las diversas tradiciones revolucionarias y lideró la acción guerrillera en las ciudades y en la sierra (1956-1958). Allí participaron las mujeres mensajeras, el pelotón femenino que llevó el nombre de la negra mambisa Mariana Grajales, "las Marianas", también las jóvenes de la clandestinidad y las madres que se enfrentaron en las calles a la dictadura.
Con el triunfo del Ejército Rebelde el 1º de enero de 1959, el pueblo cubano se entregó a la tarea de democratizar el país y de hacer realidad el Programa del Moncada. Se llevó a cabo una reforma agraria y una reforma urbana. La reacción norteamericana indujo a una rápida nacionalización de empresas. En 1961 se dio el intento de invasión de Bahía Cochinos, provocando una permanente movilización frente a una potencial agresión externa.
Las mujeres asumieron nuevas tareas que las sacaron de sus casas: las campañas de alfabetización, salud, educación, etc. Distintos grupos de mujeres fueron convocados a integrarse en un gran frente unitario, la Federación de Mujeres Cubanas, en agosto de 1960, bajo el lema "toda la fuerza de la mujer al servicio de la Revolución".
Bajo el liderazgo de Fidel Castro, el Primer Congreso (1975) del Partido Comunista de Cuba -partido único- elaboró una nueva Constitución Política, sancionada por referéndum en 1976, que definió las instituciones del Estado y el rol del Partido Comunista como "la más alta fuerza dirigente de la sociedad y del Estado". Creó la Asamblea Nacional del Poder Popular como supremo poder del Estado -elegida en forma indirecta por las Asambleas Municipales-, un Consejo de Estado, un Consejo de Ministros y reformó la anterior ley sobre el sistema judicial.
La vida política y social de Cuba se ha desenvuelto desde entonces tensionada entre el quehacer de la revolución y la supervivencia frente al bloqueo económico.
En cuanto a la participación femenina en las instancias de decisión, hay un incremento paulatino -especialmente a contar de los ochenta- hasta alcanzar niveles muy altos en relación al resto de América Latina en la Asamblea Nacional (33,9% en 1986), pero aún insuficiente en el poder ejecutivo.
La crisis económica de la segunda mitad de los ochenta, el quiebre del bloque socialista y desaparición del CAME y el endurecimiento del bloqueo impuesto por Estados Unidos han puesto en tensión todas las estructuras sociales y políticas del país. Por un lado, se desarrollaba un nuevo Congreso del Partido Comunista con masiva participación, se hacía importantes modificaciones de las instituciones básicas, se promulgaba una nueva Constitución Política (1992) y se ponía en práctica una nueva legislación electoral (1992). Por el otro, las energías sociales debían concentrarse en las tareas de resistir el bloqueo y adecuar el modelo de desarrollo al nuevo escenario internacional en condiciones extraordinariamente desventajosas.
La estrategia definida para el llamado "Período Especial" ha buscado hacer frente a esta nueva situación y realizar una reconversión de la economía con la participación de todas sus fuerzas vivas, exigiendo grandes sacrificios a la población en sus niveles de consumo y calidad de vida. Las mujeres juegan un rol fundamental en este esfuerzo, no sólo al incorporarse masivamente al Plan Alimentario con más de doscientas mil obreras en diferentes empresas agrícolas y cooperativas, sino inventando formas nuevas de satisfacer las necesidades más básicas de su grupo familiar. Sin embargo, también son un sector muy vulnerable, particularmente las mujeres ancianas y las jóvenes, éstas últimas expuestas a las presiones de una industria turística que se expande, exige y ofrece bienes difícilmente obtenibles para el resto de la población.