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Pese a los problemas de comparabilidad y continuidad que presenta la información económica cubana, sobre todo al ser examinada en el contexto latinoamericano (ver capítulo Observaciones Metodológicas), se puede constatar las variaciones que la economía de este país sufrió en las últimas décadas, al menos hasta la crisis que se inicia en 1989.
El sistema de planificación centralizada desarrollado en Cuba durante los años sesenta, de moderado desempeño económico, con efectos sociales avanzados, que consiguió evitar la acumulación de pobreza propia del resto de América Latina, experimentó un apreciable cambio en los años setenta. Por un lado, se produjo la sistematización de la economía y de las cuentas nacionales, utilizando el modelo del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) que agrupaba a los países del Este de Europa, al que Cuba adhirió formalmente en 1972, y, por el otro, aprovechando el alza del azúcar en el mercado mundial, se abrió a una mayor relación con las economías occidentales (hacia mediados del decenio esta relación superó el 40% de su comercio exterior total). Cuando cayeron los precios del azúcar producto de la crisis económica mundial, Cuba volvió a privilegiar las relaciones con el CAME, pero precisamente cuando las economías del Este se flexibilizaban, y en Cuba se lanzaba una apertura interna con creación de espacios de mercantilización de la producción interior, que se hizo más evidente durante el primer quinquenio de los ochenta.
La etapa de apertura y mercantilización interna provocó un notable crecimiento del Producto Social Global (PSG) hasta 1985: en el primer quinquenio de los ochenta ese crecimiento -aunque con oscilaciones- presentó un promedio anual en torno al 7%. No obstante, en 1986 el gobierno cubano estableció el Proceso de Rectificación, que acentuó la relación con el CAME y significó el cierre selectivo de los espacios de mercantilización interna previamente existentes.
Además por razones estrictamente político-ideológicas, el gobierno buscaba encarar así algunas deficiencias económicas que se hacían evidentes hacia mediados de los ochenta: por un lado, el desequilibrio externo producido por el nivel elevado que alcanzaban las importaciones, así como un mayor control de la deuda "dura" (la contraída con las economías occidentales) y por el otro, un déficit fiscal considerable, procedente tanto del drenaje producido por las importaciones, como del esfuerzo estatal para aumentar los estímulos materiales al trabajo, realizado sin aumentos similares de productividad.
El plan de la Rectificación no obtuvo, sin embargo, los resultados perseguidos en el ámbito económico: el fuerte freno en la producción interna (el crecimiento promedio del quinquenio fue prácticamente nulo, 0,2); no consiguió resolver los desequilibrios, los que, lejos de reducirse, se dispararon: la deuda adquirió pronto niveles no conocidos por Cuba y el déficit fiscal aumentó vertiginosamente. El lanzamiento del sector turístico y el de la exportación de técnicas médicas sofisticadas no pudieron frenar el deterioro económico progresivo, al que se sumaron en 1988 los primeros síntomas de crisis de la Unión Soviética y el CAME.
En el curso de 1989 ese cuadro cambió radicalmente. La desaparición en meses del CAME colocó a Cuba en una situación de auténtica emergencia económica: en menos de un año perdió la mitad de su capacidad de compra en el mercado mundial y a fines de 1991 sólo le quedaba un cuarto de la misma. La decisión del gobierno norteamericano de acentuar el bloqueo económico a Cuba ha empeorado apreciablemente la condición comercial de este país, especialmente en cuanto a la adquisición de combustibles. La carencia de la mayoría de los insumos importados paralizó amplios sectores industriales y planteó un cuadro crítico en el ámbito alimentario. Los esfuerzos por acelerar las actividades previamente lanzadas (que tuvieron éxito sólo en el sector turismo) y las medidas de emergencia del Período Especial no han podido contener el fuerte empeoramiento de la situación, que a comienzos de 1993 alcanza rasgos realmente dramáticos.