ORGANISMOS Y ACCIÓN DE PROMOCIÓN DE LA MUJER

Al igual que otros países latinoamericanos, a comienzos de siglo Cuba contó con un movimiento feminista importante, diverso y de gran riqueza. Fundó periódicos y revistas, redactó folletos y artículos, creó grupos y organizaciones, permitiendo su cohesión y fuerza. Su particularidad fue su profundo sentido anti-intervencionista y anti-imperialista. En 1914 fue creado el Partido Nacional Feminista, que planteó la igualdad política e inició una serie de acciones en ese sentido. El derecho a voto, exigido ya en 1869 por Ana Betancourt, fue obtenido recién en 1934.

Las mujeres de clase obrera fueron paulatinamente creando sus propias organizaciones. En 1925 se sancionó la Ley de Protección de la Mujer Trabajadora, que reguló las condiciones sanitarias en el lugar de trabajo, el derecho a silla para el descanso y estableció períodos de lactancia para madres con bebés.

En 1923 tuvo lugar el Primer Congreso Nacional de Mujeres de Cuba, que debatió temas concernientes al feminismo en el país. En 1925 fue el Segundo y discutió la condición de los hijos ilegítimos. Ese año nació la Organización Nacional de Asociaciones Femeninas, que agrupó a once entidades y realizó campañas en favor de la educación de las mujeres.

Con posterioridad, algunas feministas y militantes obreras fueron encontrando puntos en común, sobre todo en la lucha contra el gobierno de Machado. En 1929 una huelga dio origen a la solidaridad de grupos feministas, pero generó un conflicto en el interior del movimiento. La lucha por el voto femenino y la estrategia para conseguirlo provocó tensiones y divisiones en el gobierno de Machado que lo prometió en 1925 y no cumplió. El Partido Demócrata Sufragista lo apoyó, esperando el cumplimiento. En cambio la Alianza Nacional Feminista y la Unión Laborista de Mujeres salieron a las calles a enfrentar al gobierno, mientras diversos sectores políticos incluían en sus programas el voto de las mujeres.

Bajo la dictadura de Machado y el auge del movimiento feminista, algunas mujeres habían avanzado en la reflexión teórica e histórica hasta vislumbrar nudos culturales de la opresión de la mujer. En 1934 se creó la Unión Nacional de Mujeres. El Tercer Congreso de Mujeres, realizado en 1939, planteó reivindicaciones para las obreras y campesinas, demandó el reconocimiento de derechos laborales, civiles y políticos para las mujeres y reclamó leyes y medidas sociales avanzadas para la época.

El proceso político cubano ha marcado drásticamente el desarrollo de las organizaciones femeninas y las mujeres no han estado al margen de las tareas impuestas por una situación económica, política y militar muchas veces precaria. A contar del triunfo de la Revolución, en 1959, es la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) la que canaliza la acción del gobierno hacia las mujeres y de las mujeres en las tareas surgidas de ese proceso, como fue la Campaña Nacional de Alfabetización desarrollada en 1961. El quehacer de las mujeres queda signado por esta realidad: las federadas son apoyo y cobertura en cada etapa de desarrollo del país.

La Federación representa a las mujeres cubanas en los organismos internacionales que abordan el tema de la mujer. Desde 1976 ha participado en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de Naciones Unidas; entró de lleno en el Decenio de Naciones Unidas para la Mujer (1976-1985), asistió a los eventos del mismo y fue sede de algunos. Cuba fue también uno de los primeros países en ratificar la Convención de Naciones Unidas contra la discriminación de la mujer. Ha participado activamente en la CEPAL, en sus Conferencias Regionales sobre la Integración de la Mujer al Desarrollo. Al crearse la Red de Oficinas de la Mujer de América Latina y el Caribe (1990), la FMC se integró a ella.

El impacto del Decenio en Cuba se da a partir del intercambio con mujeres de todo el continente que traen otras visiones. Investigaciones y cátedras de la mujer se han sucedido desde entonces -actualmente nueve en las catorce Universidades del país-, aumentando las críticas públicas a muchas leyes, regulaciones y prácticas institucionales, en un esfuerzo por cambiar los patrones culturales que mantienen subordinadas a las mujeres.