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Según las estimaciones de CELADE, en el primer quinquenio de los años noventa la población costarricense había adquirido una esperanza de vida al nacer en torno a los setenta y cinco años, una de las más elevadas de América Latina. Esto significa un incremento significativo desde la década de los años cincuenta, cuando esa esperanza de vida se situaba alrededor de los cincuenta y siete años. Naturalmente, esta esperanza es un promedio nacional: ella es menor en los sectores pobres, rurales y entre las minorías étnicas del país.
Las mujeres han aumentado su esperanza de vida más rápidamente que los hombres: a comienzos del decenio de los cincuenta la diferencia a favor de la mujer era de 2,5 años, mientras que al iniciarse el de los noventa esa diferencia había ascendido a los 4,7 años. Ese aumento de la brecha entre mujeres y hombres responde a diversas causas: de un lado, la mortalidad femenina es más sensible al mejoramiento del sistema de salud, especialmente en lo que se refiere al riesgo obstétrico; del otro, el proceso de modernización industrial es acompañado regularmente de un aumento de la sobremortalidad masculina por traumatismos externos (accidentes de tránsito, laborales, etc.).
EVOLUCIÓN DE ESPERANZA DE VIDA POR SEXO
|
Mujeres |
Hombres |
|
| 1950-1955 |
58,6 |
56,1 |
| 1970-1975 |
70,2 |
66,1 |
| 1990-1995 |
77,6 |
72,9 |