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En la historia de Costa Rica, la promoción de la mujer ha tenido dos agentes fundamentales: el Estado y las propias mujeres. La acción del primero tuvo tradicionalmente un carácter asistencial, donde no siempre se combinaban adecuadamente la intención de mejorar las condiciones de vida de las mujeres con su promoción en términos de personas no subordinadas. Por su parte, las mujeres, de forma individual y/o colectiva, reclamaron un trato no discriminatorio en los distintos órdenes de la vida social, aunque ello se hiciera en muchos casos sin modificar los roles básicos que tenían en la relación entre los géneros.
En algunos casos las acciones del Estado y de las mujeres convergieron para lograr avances importantes en la condición femenina, como sucedió con el proceso progresista surgido de la Revolución de 1948, que otorgó el voto y el derecho a ocupar cargos públicos a las mujeres, luego de una década de reivindicaciones realizadas por los movimientos sufragistas surgidos en el país.
En las dos últimas décadas esta dinámica se modificó profundamente, en un nuevo contexto en que la situación de la mujer ocupó un lugar principal en la agenda pública. Por una parte, el Estado se comprometió internacional y nacionalmente en la promoción integral de la población femenina, creando en 1974 una oficina gubernamental para ello, si bien ésta no tuvo por mucho tiempo las facultades más adecuadas para cumplir su función. Por otra parte, progresivamente se fue haciendo más evidente el compromiso con esta problemática de diversos organismos internacionales, principalmente en el sistema de Naciones Unidas, así como de organizaciones no gubernamentales de distinta naturaleza.
Pero todo este proceso tuvo como contenido principal el accionar de un movimiento de mujeres crecientemente amplio y asentado. Partiendo de las organizaciones más veteranas, ese movimiento se expandió notablemente con la crisis de los años ochenta y la emergencia de una gran cantidad de grupos dedicados a la lucha contra la pobreza. Además, el cambio cultural tuvo en el ámbito universitario un espacio importante de desarrollo, que acabó concretándose institucionalmente en la creación de programas de género tanto en la Universidad de Costa Rica como en la Universidad Nacional.
Así, a comienzos de los años noventa el escenario de los organismos dedicados a la promoción de la mujer se había ampliado apreciablemente. Desde los poderes públicos, no sólo el Ejecutivo acentuó su actuación sobre el tema, sino que otros poderes también han ido incorporando esta preocupación. El Gobierno fortaleció progresivamente su oficina, denominada desde 1986 Centro Nacional para el Desarrollo de la Mujer y la Familia (CMF), y se fueron, asimismo, creando en la segunda mitad de los ochenta una serie de programas en los distintos Ministerios que identificaban las características referidas a la mujer en sus respectivas áreas de competencia. Desde 1990 el poder judicial creó la Defensoría de la Mujer, encargada de velar por el cumplimiento del principio constitucional de no discriminación, tanto en la administración pública como en el ámbito privado.
Al lado de la acción propiamente estatal tiene lugar la actividad que han ido desarrollando las Primeras Damas, que fueron haciendo de la condición de la mujer uno de sus aspectos fundamentales. En Centroamérica se inició, con el desarrollo del Plan de Paz, una serie de encuentros de coordinación de las primeras damas de la región, cuya primera reunión se realizó en Guatemala en 1987.
En el espacio de los organismos no gubernamentales, los dedicados a la promoción de la mujer cobraron importancia creciente desde mediados de los años ochenta. Por otra parte, diversos organismos que no tenían como objetivo principal la situación de la mujer, fueron crean-do programas y proyectos, tanto de investigación como de acción, de tal forma que hoy desde el ámbito uni-versitario al económico, este tipo de programas tienen presencia estable.
La situación actual del conjunto de las organizaciones de mujeres muestra una gran diversidad, que abarca desde las que tienen como objetivo principal la mejoría de las condiciones materiales de vida, hasta aquéllas que se dedican a la promoción de la mujer desde una perspectiva de género y se autorreconocen como parte del movimiento feminista. Puede afirmarse que en los primeros años noventa se aprecia una inclinación de estas organizaciones hacia las actividades referidas a la investigación feminista, la defensa de la mujer agredida y la relación entre mujer y medio ambiente.
En la actualidad, diversos organismos internacionales desarrollan actividades referidas a la mujer, unos en el plano de la investigación y el diagnóstico, como son ILANUD, IICA, FLACSO, etc., y otros en el plano de la acción, donde diversas agencias de Naciones Unidas tienen particular presencia, como son OPS, UNIFEM, UNICEF, OIT y PNUD/ACNUR.