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La situación educacional de las mujeres costarricenses ha mejorado progresivamente en las últimas décadas, tanto por la apreciable elevación del nivel educacional nacional, como en relación con la adquirida por los varones.
La elevación del nivel educativo en Costa Rica, uno de los más altos de América Latina -algo que destaca en el contexto centroamericano- ha sido producto del esfuerzo realizado por la administración pública. En Costa Rica el sector privado tiene una de las proporciones de matrícula primaria y secundaria más bajas del subcontinente latinoamericano. No obstante, la crisis de los años ochenta fragilizó ese esfuerzo público por elevar la educación, si bien éste se recuperó con la suavización de la crisis en la segunda mitad de la década.
En todo caso, restan aún problemas educativos importantes, tanto en términos de cobertura como de estratificación. Aunque los niveles de analfabetismo son bajos y, en este cuadro, las mujeres han disminuido sus tasas más rápidamente, hasta situarse junto a las de los hombres (en torno al 7,5%), el volumen total de analfabetos (cerca 125 mil personas) no se ha reducido prácticamente desde hace dos décadas. Por otra parte, sobre un cuarto de la población mayor de 15 años no ha completado la educación primaria (alrededor de un 6% no obtuvo ningún grado).
El desarrollo educacional del país ha tenido lugar, como en otros países de América Latina, conformando un estratificación socioeducativa en la población de tipo piramidal: con una ancha base formada por los habitantes que no llegaron a la secundaria (cerca del 60%), un tronco compuesto por aquellos que adquirieron estudios secundarios (el 30%) y una estrecha cúspide de los que accedieron a estudios superiores (cerca del 10%).
En esta pirámide socioeducativa las mujeres presentan dificultades en los extremos y tienen una mejor situación en el tronco educativo. Es decir, una proporción ligeramente mayor de mujeres que de hombres ha adquirido pocos años de estudio, y en el extremo opuesto, una proporción algo menor de mujeres logra acceder a los estudios superiores. Sin embargo, hay una cantidad ligeramente superior de mujeres que ha adquirido estudios secundarios.
La información disponible indica que se reproduce en Costa Rica la tendencia latinoamericana de que las mujeres tienen un rendimiento escolar mayor que los hombres. Ahora bien, dado que el Ministerio de Educación no desagrega el número de reprobados por sexo, ello sólo puede saberse a través del abandono y la sobre-edad. En efecto, las mujeres abandonan los cursos menos que los hombres y hay un número mayor de ellas que realizan los grados a la edad que corresponde, mientras los varones presentan mayor proporción de alumnos que cursan grados a edades superiores a las que les correspondería.
A pesar del esfuerzo hecho por el Estado en cuanto a que la socialización de los estudiantes no sea sexista, un estudio sobre los textos ya modernizados muestra que las mujeres tienen mucho menor presencia que los hombres en textos e imágenes y que, pese a la introducción de figuras de hombres y mujeres en actitudes no tradicionales, la distribución por actividades no rompe con los estereotipos sexuales.
En la educación secundaria comienza a producirse el problema educativo que afecta actualmente a las mujeres: éstas ya no poseen un nivel de educación formal más bajo que el de los hombres, pero -dado el proceso de socialización- se orientan progresivamente hacia especialidades y carreras tradicionalmente femeninas, que regularmente no responden adecuadamente a las demandas del mercado de trabajo, además de que se capacitan menos que los hombres para ese espacio vital.
Así, ya en la secundaria, las mujeres se orientan menos que los hombres hacia la rama técnico-vocacional y cuando lo hacen escogen principalmente especialidades como secretariado, labores domésticas, etc. Cuando adquieren capacitación profesional -y aunque lo hacen en mucho mayor medida que en otros países centroamericanos- también se orientan hacia ese tipo de especialidades.
En el plano de los estudios superiores, si bien todavía la proporción de población que ha acumulado este nivel de estudios sea más alto en los hombres que en las mujeres, hace unos quince años que las mujeres son cerca de la mitad de la matrícula universitaria total (en torno al 45%). Las diferencias se tornan más notables al escoger carrera profesional: las mujeres se concentran en letras, salud y educación, mientras los hombres se distribuyen más hacia carreras técnicas de diverso tipo. Aunque esta segmentación sea de las menos pronunciadas en América Latina, es aún notable en las distintas universidades del país.
El sistema educativo costarricense tiene unos recursos humanos cuya composición por sexo refleja lo que sucede en otros planos de la vida social: una fuerte participación de las mujeres en la base del sistema (más de los tres cuartos en la educación primaria), y un descenso de esa presencia conforme se asciende hacia la cúspide del poder (son un tercio de los docentes universitarios).