![]()
La situación de salud de las brasileras ha mejorado en las últimas décadas, si bien mantiene todavía problemas de diversa gravedad, especialmente en las regiones más pobres y entre la población femenina de razas negra y parda. Además, esa mejoría se ha reducido apreciablemente con la crisis socioeconómica de los años ochenta.
De acuerdo a los factores fundamentales que establecen las condiciones de salud (estructura demográfica, condiciones generales de vida y sistema de salud), se configuran en Brasil dinámicas tan diferentes que permiten hablar de distintas transiciones epidemiológicas coexistiendo en el amplio territorio de este país.
En efecto, si la existencia de una alta proporción de jóvenes entre la población conforma tendencialmente necesidades de salud materno-infantil, ese será el tipo de exigencias de las regiones del Norte y Nordeste, mientras en las regiones Sur y Sudeste las enfermedades referidas a la edad adulta tienen mayor prevalencia. Es decir, el cuadro epidemiológico regional presenta determinaciones demográficas claramente distintas.
Por otra parte, el Norte y Nordeste tienen condiciones de vida notablemente peores que las del resto del país. En esas regiones hay menos domicilios conectados a las redes sanitarias, un menor grado de vacunación infantil, una presencia importante de desnutrición en menores de cinco años, una reducida cobertura clínica del parto, etc. En los grandes sectores de población pobre de las regiones del Sudeste y Sur también se dan condiciones básicas de salud deficientes, pero las diferencias demográficas, de mayor acceso a servicios, etc., introducen distinciones epidemiológicas respecto a las regiones más pobres del Norte y Nordeste.
Esta desigualdad regional de las condiciones de salud se agudiza profundamente al examinar la distribución territorial y social de los servicios clínicos. Existen al respecto dos situaciones netamente distintas: en el Sur y Sudeste se concentra, en las principales ciudades, una oferta de servicios privados altamente cualificada que protege la salud de las población de mejores recursos; mientras tanto, en el Norte y Nordeste, una infraestructura mucho más reducida, cada vez más privatizada (aunque todavía un tercio es de carácter público), deja insatisfechas vastas necesidades sanitarias de la población. Ello es así incluso desde el punto de vista del control sanitario: en el Nordeste, cerca del 50% de las muertes no tiene certificación clínica definida, siendo esa cifra sólo del 7% en el Sudeste.
Como resultado de todos estos factores, el cuadro epidemiológico del Sur y Sudeste se asemeja considerablemente al de otros países del Cono Sur de América, en tanto el del Norte y Nordeste se parece notablemente al de los países de transición epidemiológica más atrasada del continente (Guatemala, Bolivia, Paraguay).
Las mujeres que viven en este último contexto tienen una menor esperanza de vida y una mortalidad general mayor, especialmente a edades tempranas y por causas obstétricas. Las nordestinas tienen mayor fecundidad y hacen uso en menor proporción de los métodos anticonceptivos, pero cuando lo hacen, un 60% de ellas recurre a la esterilización.
Sin embargo, estas cifras regionales promedio, que sirven para mostrar los diferentes cuadros epidemiológicos del país, también pueden desglosarse según raza: las mujeres negras y pardas tienen las peores condiciones de salud en todas las regiones.
En este país sanitariamente dual, las formas de enfrentar y padecer los problemas de salud están referidas también a las identidades de género establecidas culturalmente. Un sistema de salud concentrado, jerarquizado y androcéntrico tiene la tendencia a relegar las necesidades preventivas que reducirían el cáncer que se produce en el aparato reproductivo de las mujeres. Por otra parte, la abrumadora violencia que provoca la sobre mortalidad masculina se considera culturalmente incorporada a la propia masculinidad.
Un asunto que preocupa especialmente a las mujeres brasileras es el uso masivo de la esterilización como método anticonceptivo. Diversas investigaciones han mostrado que ello guarda relación con la dificultad de acceso a métodos alternativos, en un contexto en que las brasileras presentan la firme voluntad de reducir notablemente su natalidad. Existe coincidencia acerca de que la esterilización es un derecho de las mujeres, siempre y cuando estén dadas las condiciones para poder elegirla voluntariamente.