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La acción colectiva de mujeres en Brasil -que desde sus inicios se concentra en algunos Estados y ciudades- tiene tempranos antecedentes y se extiende a lo largo de toda su vida republicana con momentos de visibilidad y otros de latencia, aunque apenas se ha registrado y reconocido en la historia, especialmente en el caso de las mujeres indígenas y negras.
Ya a fines del siglo pasado actuaron algunos grupos femeninos en defensa de los esclavos, integrándose al movimiento abolicionista, como por ejemplo, la Sociedad de Liberación (Río de Janeiro, 1870) y la Sociedad Redentora (Sao Paulo, 1870). También aparecieron periódicos editados por mujeres, principalmente en Sao Paulo y Río de Janeiro. Entre ellos se destacó "O Sexo Feminino" (1885-1890) dirigido por la profesora Francisca Senhorinha de Matta, quien trabajó por los derechos de la mujer, la instrucción y el sufragio femeninos.
A comienzos de este siglo ocurrieron manifestaciones de obreras en protesta por las condiciones del trabajo femenino en la industria, no existiendo una legislación que protegiese los intereses de su clase: luchaban por la jornada de ocho horas implantada ya en otros países. En 1910 mujeres de clase media fundaron el Partido Republicano Femenino y reivindicaron, además del voto, la emancipación de la mujer y el fin a su discriminación en el sector público.
Sin embargo, es en la década de los veinte cuando, a través de la lucha por el sufragio, se marca la presencia de mujeres en la escena política nacional. Por largos años diferentes grupos femeninos organizaron seminarios y conferencias para la divulgación de sus ideas. Si bien la obtención del derecho a voto era su reivindicación central, denunciaban también las malas condiciones de trabajo y la desigualdad en los salarios de las obreras, así como la dependencia jurídica de la mujer casada respecto del marido. Esta lucha forjó las bases para el desarrollo del movimiento de mujeres, siendo el germen de su acción social y política posterior.
En este contexto nació, en 1919, la Liga Brasilera para la Emancipación Intelectual de la Mujer que, en 1922, pasó a ser la Federación Brasilera para el Progreso Femenino, liderada por Berta Lutz, futura parlamentaria. Se organizó también en esta época la Asociación Brasilera de Mujeres Universitarias.
La primera conquista de las sufragistas se produjo en el Estado de Río Grande del Norte cuando, en 1927, el gobernador Juvenal Lamartine igualó el derecho a elegir y ser elegido para mujeres y hombres, hecho que intensificó la lucha en todo el país. Este derecho fue otorgado en 1932 a nivel nacional, obligatorio para las mujeres que cumplían una función pública, y en 1933 fue elegida la primera diputada federal.
Tras el golpe de Getulio Vargas (1937), las acciones de mujeres declinaron. Solamente en 1942, cuando Brasil entró en la Segunda Guerra Mundial, se volvieron a movilizar grupos de mujeres. Nació la Liga de Defensa Nacional, en Río de Janeiro, cuyo objeto fue apoyar la paz mundial. Por otra parte, la inflación y la carestía que acompañaron esos años, así como la existencia de un mercado negro, llevaron a la constitución de un Frente Unico de Mujeres formado por representantes de todos los sectores sociales.
En 1945, en Río de Janeiro, grupos de mujeres fundaron el Comité de Mujeres por la Amnistía y una vez conquistada ésta, se transformó en Comité de Mujeres por la Democracia. Los objetivos de las Ligas Femeninas creadas a partir de 1944 y que actuaron hasta 1964 eran bastante generales: lucha contra la demolición de las favelas, campañas para la instalación de jardines infantiles, lucha por la independencia económica nacional y contra la carestía, como fue el caso de la Asociación de Dueñas de Casa contra la Carestía.
En 1946 Alicia Tibiriçá creó el Instituto Femenino de Servicio Constructivo. También surgió la Unión Femenina del Distrito Federal (Río de Janeiro), que significó un paso adelante en la coordinación de las actividades desarrolladas por las uniones de barrio en torno a la carestía de vida y la paz mundial. Esta experiencia se extendió a otros Estados y a numerosas ciudades. En 1949 se realizó la primera Convención Femenina del Distrito Federal, con el propósito de impulsar la acción por mejores condiciones de vida. Esta acordó crear una entidad femenina a nivel del Distrito para coordinar las asociaciones existentes y promover el primer Congreso Nacional de la Mujer Brasilera.
Ese mismo año fue creada la Federación de Mujeres de Brasil, afiliada a la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM), la que desplegó gran actividad: organizó asambleas nacionales, congresos y una Conferencia Latinoamericana. Tuvo filiales en todos los Estados, mantuvo lazos y colaboró con otros grupos femeninos nacionales y extranjeros y se vinculó a los departamentos femeninos de los sindicatos. En junio de 1951 realizó su Primer Congreso en Sao Paulo, en el que participaron dueñas de casa, profesionales, estudiantes, obreras y campesinas. Entre sus resoluciones estuvo la creación de asociaciones de barrio para combatir el mercado negro, luchar contra las alzas y demandar del Gobierno una acción más decidida de protección de los consumidores populares.
Desde junio de 1947 funcionaba el periódico "Momento Femenino", que circuló por diez años apoyando las actividades de las asociaciones femeninas y poniendo en el debate público sus reivindicaciones. Llegó a tener representantes en dieciséis Estados y acceso a sectores populares.
En noviembre de 1952 se reunió en Río de Janeiro la Primera Asamblea Nacional de Mujeres, en la que cobró importancia la defensa de los derechos de la mujer trabajadora. La Segunda Asamblea se realizó en Porto Alegre al año siguiente. Se adoptó, entonces, la Declaración de Derechos de la Mujer de Copenhague, como marco en el que se insertarían las luchas del movimiento femenino en Brasil. La Asamblea demandó el cumplimiento de las leyes laborales, su extensión a las trabajadoras del campo y la completa igualdad de derechos civiles y políticos para la mujer.
Como resultado de la campaña contra la carestía de la vida, en abril de 1954 fue creada la Comisión Central para la Lucha contra la Carestía. Esta promovió acciones masivas en barrios, recolección de firmas, movilizaciones callejeras en Río de Janeiro y programas radiales.
El movimiento femenino brasilero realizó también ese año una Conferencia Latinoamericana de Mujeres que contó con participantes de todos los Estados y de ocho países de la región, y en 1961 fue anfitrión del Segundo Encuentro Latinoamericano de Mujeres.
La preocupación por la protección de la infancia llevó a la realización de una Asamblea Nacional de Madres (1955) en Río de Janeiro. En varios Estados se efectuaron previamente conferencias regionales o municipales con los comités de defensa de la infancia y las comisiones de madres. Estas dos organizaciones desarrollaron una activa acción a nivel de los municipios.
En 1962 las brasileras obtuvieron la reforma del Código Civil sobre el estatuto jurídico de la mujer casada, lideradas por el Consejo Nacional de Mujeres, organización que reunía a abogadas. El nuevo Estatuto eliminó la incapacidad civil de la mujer en el matrimonio, si bien no le otorgó plena igualdad con el marido.
A comienzos de la década del 60 se produjo una rearticulación de las fuerzas conservadoras en el país. Las mujeres de esos sectores se organizaron en torno a la defensa de la religión y la familia al sentirse amenzadas por la orientación nacional-laboralista del gobierno: sobresalieron el Movimiento de Enrolamiento Femenino (MAF), Unión Cívica Femenina, Campaña de la Mujer por la Democracia (CAMDE), con presencia en los Estados de Sao Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro. Paralelamente se creó la Asociación de Empleadas Domésticas de Sao Paulo.
Derrocado el gobierno de Joao Goulart (1964), las organizaciones femeninas cayeron en la inactividad o se transformaron en grupos de acción social. No obstante, las brasileras tuvieron una presencia decisiva en la rearticulación de la sociedad civil a nivel comunitario, con gran respaldo de la Iglesia Católica. En este período se organizaron alrededor de los derechos humanos y la recuperación de la democracia. Una de las expresiones más importantes fue el Movimiento Femenino por la Amnistía (MAF). De carácter amplio y creado en 1972, convocó a denunciar las violaciones de los derechos humanos, demandó su defensa y protección.
El Año Internacional de la Mujer (1975) marcó un hito en Brasil al incorporar los temas de la discriminación de género al debate público. Fue la oportunidad para el resurgimiento de vertientes feministas, las que se sumaron a los desarrollos anteriores del movimiento de mujeres. También tuvo impacto a nivel estatal, motivo por el cual en 1977 funcionó una comisión especial en el Parlamento Federal con el objeto de estudiar la situación de las mujeres.
A partir de 1978, una vez que se inició el proceso de retorno a un régimen democrático, surgieron numerosos grupos orientados a conseguir la apertura política. Al igual que en otros países de América Latina, el autoritarismo reinante estimuló el desarrollo de movimientos sociales y, entre ellos, el femenino, en desmedro de los partidos políticos, controlados y restringidos por la legislación impuesta.
Las mujeres se organizaron en diferentes frentes de acción: en las comunicaciones con diarios y revistas; alrededor del tema de la violencia contra la mujer con grupos como SOS-Mujer; en torno al sindicalismo a través de los departamentos femeninos de sindicatos y asociaciones gremiales; para realizar estudios e investigación crearon núcleos de estudios sobre la mujer en universidades estatales y privadas, así como entidades no gubernamentales dedicadas al estudio de la situación de la mujer. Realizaron encuentros nacionales, estaduales, feministas, de trabajadoras, de profesionales, etc. También el movimiento de mujeres acogió al III Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (Bertioga, 1985).
Si bien el liderazgo del movimiento lo tuvieron las mujeres de Sao Paulo y Río de Janeiro, ciudades que concentran el mayor número de organizaciones y recursos para las mujeres, fue un proceso que se extendió paulatinamente a las demás regiones y Estados.
Al reiniciarse las elecciones directas (1982), se abrió el camino para el desarrollo de actividades de promoción de la mujer desde los gobiernos estaduales y municipales. Se crearon entonces los primeros Consejos Estaduales de la Condición Femenina y en 1985 el Consejo Nacional de los Derechos de la Mujer (CNDM), sellando el compromiso del Estado con el mejoramiento de la situación de las brasileras. Estos Consejos se transformaron en un canal de participación para las organizaciones del movimiento, las que optaron por incorporarse a dichos organismos y a la definición de políticas públicas para la mujer. La creación en numerosos Estados y municipios de las Comisarías Especializadas de Atención de Mujeres Víctimas de Violencia (DEAM) materializó una de las principales reivindicaciones del movimiento.
Durante el período de auge del CNDM (hasta 1989), creció en forma notable la articulación de las mujeres a nivel nacional a través de encuentros, congresos, seminarios y publicaciones patrocinadas por él. También tuvo participación activa en la Asamblea Constituyente elegida en 1986, que elaboró la nueva Constitución de 1988. Una campaña destinada a incluir los derechos de la mujer en la nueva Constitución antecedió la elección de miembros constituyentes y le dio gran visibilidad. La consigna fue: "La Constituyente, para valer, tiene que incluir los Derechos de la Mujer". Culminó con más de dos mil mujeres de todo el país reunidas en Brasilia, quienes elaboraron la "Carta de las Mujeres a los Constituyentes" con todas sus reivindicaciones. La mayoría de estas propuestas fue incluida en la nueva Constitución, significando un avance sustantivo en la condición femenina. En 1989 este organismo entró en crisis por un conflicto con el Ministro de Justicia perdiendo autonomía y atribuciones.
El gobierno de Fernando Collor consolidó este retroceso de las mujeres en el nivel federal, pero en los ámbitos estadual y municipal las brasileras organizadas conservaron su participación y lucha por el mejoramiento de la situación femenina. Las organizaciones barriales mantuvieron su dinamismo, articulándose al movimiento de mujeres, al igual que numerosas organizaciones sindicales y campesinas. Del mismo modo, al interior del Movimiento Negro, grupos de mujeres desarrollaron una reflexión en torno a género y raza, creando nuevos espacios de acción.
Ante la crisis política desencadenada por la suspensión y posterior renuncia del Presidente Collor, la coordinación entre organizaciones, ONG, núcleos de estudio y Consejos Estaduales y municipales con un liderazgo feminista augura un nuevo avance de las demandas femeninas en el ámbito público.
Finalmente, es pertinente señalar que no por estar escasamente registrado es inexistente el quehacer de las mujeres de las distintas etnias, uniformadas bajo el rótulo "indias" y estereotipadas por la industria turística. La negación de las etnias tiene particulares efectos sobre las indígenas, más explotadas, invisibles y excluidas que el resto de las mujeres. La diversidad de culturas indígenas presenta en Brasil un abanico de posiciones de las mujeres que son, en general, proveedoras, educadoras y agentes culturales con un status propio.