MUJERES EN BRASIL

Trazar un perfil de las mujeres brasileras significa enfrentar, simultáneamente, la diversidad y la semejanza. Si por un lado, las diferencias de clase y de raza especifican la vivencia de la condición femenina, por otro, la asimetría de la relación entre hombres y mujeres es en este país un elemento estructurante de sus leyes, su mercado de trabajo y su vida política. Al mismo tiempo, la diversidad geográfica y étnica dan origen a una gran heterogeneidad de situaciones y de acceso a los recursos sociales y políticos destinados a mejorar la condición femenina.

Históricamente, importantes sectores de mujeres han sido activos en el quehacer social y político del país desde antes de obtener la ciudadanía plena (1932). Su presencia en las grandes luchas sociales, por la paz y por la democracia es indiscutible. Sin embargo, siguiendo el curso de un proceso político accidentado, marcado por largos períodos de autoritarismo, es en los últimos quince años cuando se produce el surgimiento en la arena política de la mujer como actor público expresivo, luchando por un espacio en la dinámica del poder y alcanzando visibilidad en su combate contra la violencia doméstica y sexual, contra leyes y prácticas discriminatorias, por sus derechos reproductivos y por la creación de espacios institucionales. Se produce en este período un cambio significativo en su participación sociopolítica y una transformación del marco legal del país, expresada en la Constitución de 1988.

Las mujeres brasileras han modificado acentuadamente su perfil demográfico en los últimos cuarenta años, aunque con ritmos tan diferentes según las grandes regiones del país, que puede hablarse de la coexistencia de distintos estadios de transición demográfica en su extenso territorio. Con todo, en promedio son ya principalmente urbanas, adultas-jóvenes y han reducido a la mitad el número de hijos que tienen durante su vida fértil. Declaran encabezar un quinto del total de hogares del país.

En las dos últimas décadas ocurrieron importantes modificaciones en la inserción de la mujer en el mercado de trabajo, con un fuerte aumento de mujeres en la Población Económicamente Activa, que representaban a fines de los años ochenta el 35% de la fuerza laboral brasilera. Su tasa de participación económica es hoy día una de las más altas de América Latina (cerca del 40%). Sin embargo, ocupan los niveles más bajos de la escala ocupacional, padecen un fuerte subempleo y obtienen un salario promedio que es sólo el 54% del que reciben los varones, lo que significa una de las brechas salariales más fuertes de América Latina.

Las brasileras han mejorado apreciablemente su condición educativa respecto de los varones, presentando hoy matrículas semejantes o incluso superiores a las de aquéllos en los distintos niveles del sistema, pero comparten con los hombres uno de los cuadros socioeducativos más desiguales y discriminatorios de América Latina, donde sólo un 16% de la población sobrepasa la educación primaria. Esto significa que amplios sectores de mujeres sufren deficiencias educacionales, especialmente entre las mujeres rurales, negras o de bajo nivel socioeconómico.

Las condiciones de salud de las mujeres son asimismo marcadamente desiguales. A las diferentes estructuras demográficas y la distinta situación sanitaria general (habitacional, nutricional, etc.), que separan al Norte del Sur, se suma una oferta de servicios radicalmente elitista que acentúa la dualización sanitaria del país. Ello tiene consecuencias también en el ámbito de la salud reproductiva: mujeres pobres, negras y pardas o de zonas rurales usan menos los medios anticonceptivos, pero cuando lo hacen, recurren masivamente a la esterilización.

La incorporación de las brasileras a posiciones de poder -ejecutivo, legislativo y judicial, a nivel estadual y federal- es particularmente lenta en comparación con el resto de América Latina. Recién en 1982 una mujer ocupó una cartera ministerial y en 1978 fue elegida una mujer suplente para el Senado Federal. En la cúpula judicial, sólo el Tribunal Superior del Trabajo cuenta con una mujer.

No obstante, la dinámica y creatividad del movimiento de mujeres que renace con motivo del Decenio de Naciones Unidas para la Mujer (1975-1985), llevó a un proceso de cambios favorables a las mujeres tanto en la nueva Constitución (1988) como en el desarrollo e implementación de numerosos programas de acción en favor de la mujer a nivel gubernamental y no gubernamental. Es el caso de los Consejos de los Derechos de la Mujer y las Comisarías Especializadas en la Atención a la Mujer Víctima de Violencia. Sin embargo, su presencia prioritaria en movimientos sociales y espacios locales reduce el impacto en las altas esferas de toma de decisiones. Por otra parte, la gran heterogeneidad geográfica, étnica y social confiere a Brasil características peculiares y plantea desafíos en cuanto a que los avances obtenidos por el movimiento de mujeres alcancen efectivamente a todas las brasileras.

El proyecto Mujeres Latinoamericanas en Cifras, fue desarrollado en Brasil por CEPIA (Ciudadanía, Estudios, Pesquisa, Investigación y Acción) mediante un convenio con FLACSO-Brasil. Fue posible gracias al concurso, además del Instituto de la Mujer del Ministerio de Asuntos Sociales de España, de organismos de Naciones Unidas con asiento en Brasil. De hecho, la realización de este proyecto ha llevado a la inauguración de la cooperación inter-agencias de la ONU que brindaron un apoyo de forma articulada, permitiendo una concatenación de esfuerzos en un país tan grande y complejo.

Estas agencias son el Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), el Fondo de Naciones Unidas para Actividades de Población (FNUAP) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). La Fundación Ford también apoyó el estudio en el capítulo de legislación. Finalmente, la Fundación Memorial de América Latina brindó un espacio, en Sao Paulo, para la realización del seminario final del proyecto Mujeres Latinoamericanas en Cifras materializando la hermandad de América Latina en Brasil. Se agradece sinceramente a todas estas instituciones.