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Las mujeres brasileras, que son la mitad de la población (el 50,1% en 1990), han modificado acentuadamente su perfil demográfico en los últimos cuarenta años, aunque esa modificación presenta ritmos diferentes según las grandes regiones que componen el país.
En cifras promedio, las brasileras son ya principalmente urbanas, fundamentalmente adultas-jóvenes (en vez de jóvenes, como hace tres décadas) y han reducido a la mitad el promedio de hijos que tienen durante su vida fértil.
La población brasilera casi se triplicó entre 1950 y 1990, pasando de 53 millones a los actuales 149. Durante este período la composición por sexo varió levemente a favor de las mujeres: en 1960 eran el 49,9% y desde 1985 son ligeramente más numerosas (50,1%).
Los 149 millones de habitantes se distribuyen de forma desigual en las cinco grandes regiones en que se divide el extenso territorio de Brasil: la mayor parte habita en la región del Sudeste (43,6%) y en la del Nordeste (28,6%), mientras en porciones reducidas viven en las regiones del Sur (15,2%), del Centro-Oeste (6,8%) y del Norte (5,8%).
El crecimiento del conjunto de la población brasilera presentó un fuerte ritmo entre 1950 y 1965, en torno al 3% anual, y fue descendiendo desde ese año hasta situarse por debajo del 2% durante los años ochenta. Ello se debió a la fuerte caída de la fecundidad: a comienzos de los años cincuenta cada mujer tenía un promedio de seis hijos durante su vida fértil y al inicio de los noventa esa cifra es de casi tres hijos (2,7).
Brasil se encuentra entre los países latinoamericanos que ya han avanzado en su transición demográfica, pasando desde la primera fase, cuando tenía una población joven y fuerte crecimiento, hacia la fase en que se establece una población relativamente envejecida de bajo crecimiento, como lo es ya, por ejemplo, la de Cuba o Uruguay. La característica que -junto a Perú y Ecuador- distingue a Brasil del resto de los países que avanzan en su transición (como México, Colombia, Venezuela, Chile, etc.) es que aún presenta una mortalidad intermedia, mientras esos países tienen una mortalidad más controlada.
Por otra parte, dada la magnitud y diferencia regional de Brasil, puede afirmarse que existen conjuntos poblacionales con dinámicas diferentes. Las regiones del Norte y Nordeste muestran una transición demográfica incipiente, con poblaciones jóvenes y crecimiento todavía alto. En tanto las del Sur y Sudeste presentan una transición bastante avanzada, con una población joven-adulta y un crecimiento apreciablemente menor (aunque todavía no sea tan bajo a causa de la amplia proporción de personas en edad de procrear, que procede de la cantidad de población joven acumulada en la fase anterior).
En todo caso, el conjunto de la población brasilera ha reducido su proporción de jóvenes en los últimos veinte años: en 1970 un 42% de la población tenía menos de quince años y en 1990 esa proporción es de 35%. Así, el sector poblacional que crece fuertemente -y continuará haciéndolo- es el que está en edades laborales, con las presiones que ello significa sobre el mercado de trabajo.
Desde 1950 se ha producido, además, una fuerte migración hacia las ciudades: ese año habitaba en las zonas urbanas solamente el 36% de los brasileros, mientras en 1990 lo hace el 74% de éstos. Como sucede en toda América Latina, las mujeres han participado más que los hombres de ese movimiento migratorio, por lo que la proporción que vive hoy en las ciudades es mayor que la de los hombres (75,6% frente a 73,0%), algo que ocurre en todas las regiones del país. Otro tipo de migraciones es el que está teniendo lugar desde las regiones más pobladas hacia las que contienen nuevas fronteras agrícolas, como es el caso del Norte y en particular del Estado de Amazonía.
Brasil posee una de las poblaciones con mayor diversidad étnica de la región. Aunque existen problemas de declaración y registro, en 1990 se identifican tres grupos principales: los de piel blanca (55,8%), los llamados pardos, que integran un conjunto de mezclas y etnias cobrizas (40%) y los negros (5,1%). Esa composición es diversa según regiones: en el Norte y Nordeste predominan los pardos (76% y 66% respectivamente), mientras en el Sur y el Sudeste son mayoritarios los blancos (84% y 66%). La minoría negra es más importante en las regiones Nordeste y Sudeste, donde se declara con ese color el 7% de los residentes.
El tamaño de los hogares brasileros se ha reducido en las últimas décadas y desde los años setenta predominan los hogares nucleares, si bien el mayor crecimiento se da en los hogares reducidos (monoparentales, especialmente).
Un quinto de estos hogares se declara dirigido por una mujer, lo que representa alrededor de siete millones y medio de hogares. Es probable que su número real sea mayor, por cuanto la declaración y el registro suelen estar sesgados por el hecho de que en la cultura latina se asocia jefatura con masculinidad. Así, la casi totalidad de las jefas de hogar declaradas no posee pareja conviviente. En general, estas mujeres que dirigen solas su hogar suelen situarse en torno a los cuarenta años, si bien en los ochenta ha aumentado la proporción de jefas de hogar más jóvenes. En 1970 sólo un cuarto de las jefas tenía menos de 40 años, mientras en 1987 esa proporción había aumentado al 44% del total.