EDUCACIÓN

La situación educacional de las mujeres bolivianas ha mejorado apreciablemente en las últimas décadas, aunque su posición es aún marcadamente desigual respecto de los hombres. Todo ello en un contexto educativo que muestra deficiencias que se encuentran entre las más graves de la región, vinculadas, en general, a tres factores principales: género, raza y estratificación social.

Bolivia es un país con una importante diversidad étnica y cultural en la configuración de sus fundamentos ideológicos, políticos y de su estratificación. Considerando un solo aspecto de esta dimensión cultural, el idioma, y según datos oficiales, en las dos últimas décadas se ha producido una creciente castellanización, más dinámica en la población aymara parlante del occidente del país que en las etnias del oriente. Esto ocurre a la par de una fuerte conservación de las lenguas maternas, de modo que el bilingüismo aparece como rasgo central de la sociedad boliviana. Las mujeres son el soporte más dinámico de este avance del bilingüismo.

En 1955 se decreta la Reforma de la Educación y se establece, tardíamente, la educación fiscal obligatoria y gratuita. La participación del Estado en la expansión de la educación ha sido muy importante desde entonces. A fines de los noventa éste provee la mayor parte de las plazas en los diversos ciclos. En 1988 la matrícula fiscal representaba el 88% en la educación prebásica, el 86% en la primaria y el 70,6% en la secundaria.

Los niveles de analfabetismo han disminuido, pero las tasas femeninas descendieron más lentamente y en las zonas rurales todavía la mitad de las mujeres es analfabeta. Buena parte de las mujeres han estado excluidas de los estudios formales o sólo han transitado por niveles elementales, lo que ha contribuido a mantener su marginación social.

Por antiguas deficiencias en el sistema educativo y debido a las diferencias culturales y socioeconómicas existentes, el desarrollo educativo ha tenido lugar conformando una estratificación socioeducativa de la población de tipo piramidal: una ancha base de los hombres y mujeres que no accedieron a la escuela o no llegaron a la secundaria (61%), un tronco compuesto por los que adquirieron estos estudios (22,6%) y una cúspide estrecha de los que alcanzaron los estudios superiores (cerca del 8%). En esta pirámide educativa las mujeres registran proporciones más desfavorables en todos los niveles: el bloque de las que no accedieron o no superaron la primaria es del 64,8%, cifra que es del 56,5% en los hombres; el 19,7% llegó a secundaria sin seguir a estudios superiores (en los varones un 25,7%) y el 7,3% logró acceder al tercer nivel (el 10,2% en los hombres). De esta forma, las mujeres constituyen el 70% de las personas sin ningún nivel de instrucción y sólo el 44% de las que tienen algún grado del nivel medio.

La mayoría de las mujeres de los amplios sectores de la población femenina rural que manifiesta graves deficiencias (analfabetismo y brecha de escolarización primaria) sólo habla su idioma nativo.

Entre los años setenta y ochenta el sistema educativo boliviano experimentó un proceso de expansión, expresado en el incremento de la matrícula y las tasas de escolaridad en los distintos niveles. La matrícula de la educación prebásica (obligatoria) creció, también las tasas de escolarización y se operó una redistribución en favor del área rural. Este es el nivel de educación que presenta la más clara paridad entre hombres y mujeres.

La educación primaria comprende un total de 8 años (5 del ciclo básico y 3 del intermedio) y su tasa global de crecimiento fue de 32,6%. En este crecimiento tiene una ponderación significativa el aumento de la matrícula femenina. Como resultado de ello, la participación de las mujeres se acerca a una mayor paridad: 47% en 1988. En el tránsito de los estudios secundarios a los universitarios, las mujeres que terminan el nivel secundario -en general no pobres y urbanas- sufren una discriminación de género que reduce su acceso a la universidad.

Los indicadores sobre aprovechamiento escolar muestran que existe un amplio margen para mejorar la eficiencia del sistema educativo en sus distintos niveles. En este contexto, con importantes tasas de reprobación y abandono, las mujeres registran un esfuerzo mayor por permanecer en el sistema y obtienen rendimientos más elevados que los hombres. Resulta notable que pese al reducido monto de su matrícula en la universidad, tengan una importante presencia entre los graduados y titulados.

En síntesis, junto a los avances persisten importantes problemas educativos básicos en la sociedad boliviana: analfabetismo comparativamente elevado, insuficiente cobertura, bajo nivel educativo de la población y escaso desarrollo de la capacitación profesional técnica.

La situación de la mujer muestra aún otra característica, que comparte también con diversos países de la región. El tipo de estudios que escogen las mujeres que cursan estudios regulares, tanto en la enseñanza secundaria diversificada como en la educación superior, manifiesta que se mantiene una segmentación de género en cuanto a carreras elegidas.

En la educación secundaria ellas se orientan menos que los hombres hacia especialidades técnicas y en el nivel universitario, si bien todavía la proporción hombres que accede a estos estudios es más alto y se han producido algunos cambios en la elección de las carreras universitarias, persisten carreras típicamente femeninas.

En cuanto a su participación en las actividades docentes, Bolivia reproduce una situación semejante a la de otros países latinoamericanos, aunque de mayor exclusión: una presencia femenina mayoritaria en los niveles prebásico y básico (80% y 59%, respectivamente), la que disminuye en la enseñanza secundaria (47%) y se reduce más aún en la enseñanza universitaria. Se mantienen y reproducen así patrones culturales y de socialización de la mujer, que están lejos de mostrar modificaciones sustantivas.