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Las otrora denominadas Provincias Unidas del Río de la Plata llevaron a cabo su proceso independentista de la corona española en los años 1810-1816, pero sólo a partir de la Constitución promulgada en 1852 se crearon las condiciones institucionales, políticas y económicas para el desarrollo de la República Argentina. Si bien en las luchas independentistas participaron mujeres y algunas llegaron a detentar cargos militares, la independencia no significó cambios en su situación.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, Domingo Faustino Sarmiento secularizó el sistema educacional, incorporando mujeres en la labor educativa. Mujeres de clase alta asumieron tareas de beneficencia, mientras las de sectores populares se incorporaban como trabajadoras a las nacientes industrias. Paralelamente, el Partido Socialista Argentino, fundado en 1896, defendía el feminismo e incluía en su plataforma el sufragio universal y la igualdad civil de los sexos, sosteniendo el derecho al divorcio y la igualdad de los hijos ante la ley. Destacaron en sus filas Alicia Moreau, Cecilia Grierson, Julieta Lanteri-Renshaw y Elvira Rawson, quienes iniciaron la lucha por los derechos civiles y políticos femeninos, demandaron oportunidades educativas y de trabajo y la reforma del Código Civil.
En 1912 la Ley Sáenz Peña permitió la eliminación del fraude electoral y la representación política de los nuevos sectores sociales -la clase media y los trabajadores- pero mantuvo la exclusión política de las mujeres.
En 1916, como resultado de estos cambios, fue elegido presidente Hipólito Yrigoyen, representante del radicalismo y de los sectores medios emergentes. El ambiente se hizo propicio y finalmente, en 1926, fueron aprobadas las reformas al Código Civil.
En 1930 un grupo de militares nacionalistas conservadores tomó el poder, proscribió el radicalismo, reforzó las tendencias antidemocráticas y nacionalistas y afectó profundamente la situación de las mujeres y de sus orga- nizaciones. De hecho, los años siguientes fueron conocidos como la "década infame".
Posteriormente, el gobierno de facto del Grupo de Oficiales Unidos, GOU (1943), desarrolló una campaña moralista, prohibió la planificación familiar e hizo obligatoria la enseñanza religiosa. En este contexto, muchos grupos de mujeres que durante la segunda guerra se habían declarado antifascistas, fueron prohibidos.
Juan Domingo Perón, Ministro del Trabajo de la época, convencido de la necesidad de contar con apoyo popular para legitimar el gobierno, orientó su acción hacia las clases marginadas y las mujeres. En 1944 creó en el Ministerio que dirigía un Departamento para el trabajo y el bienestar de la mujer. Desde la preocupación por mejorar la situación laboral de las mujeres, se amplió a la reivindicación de sus derechos políticos. Un año más tarde se reactivó la lucha por el voto femenino al formarse allí una comisión pro sufragio. Tras las elecciones de 1946, el triunfante partido peronista sancionó, en 1947, la ley que reconoció a las argentinas el derecho a vox.
Una vez en la Presidencia, Perón nacionalizó la banca, el comercio exterior los ferrocarriles, el gas y los teléfonos; los sindicatos se transformaron en organizaciones de masas y hubo avances en muchas materias legislativas. Su gobierno contribuyó decisivamente a la modernización e industrialización del país y dio prioridad a los asuntos Olamos a Justicia social" (empleo, derechos laborales, salud, educación, vivienda). Eva Duarte de Perón, Primera Dama de la Nación, actuó como vinculo entre las masas y el Presidente, configurándose como líder carismática y figura esencial del movimiento. En 1949 creó el Partido Peronista Femenino, con miles de mujeres de las "unidades básicas", organismos barriales de mujeres. En las elecciones de 1951, reelegido Perón, el numero de parlamentarias alcanzó niveles que aun no son superados. Pese a estos avances, la incondicionalidad de las peronistas a su líder y su total subordinación al Partido, impidieron que construyeran un proyecto político desde su condición de mujeres y que generaran una cultura política propia.
En 1955, la llamada "Revolución Libertadora" puso fin de modo san- griento al gobierno de Perón, y el general Aramburu fue proclamado Presidente. Bajo la influencia de los Estados Unidos adhirió a la Doctrina de la Seguridad Nacional y desató una ola de represión contra civiles y militares opositores. En 1958 el desarrollista Arturo Frondizzi ganó las elecciones gracias a la proscripción del peronismo, pero fue derrocado por los militares en 1962. Posteriormente, llegó al poder Arturo Illía, cuyo gobierno fue el primero, en cuarenta años, que no aplicó el estado de sitio ni otras medidas de represión o censura, pero en 1966 fue derrocado por la "Revolución Argentina" del general Ongania.
La rebelión de estudiantes y trabajadores en la ciudad de Córdoba, en 1969, el "cordobazo", favoreció en el Ejército las posturas que defendían las elecciones libres y en 1971 el general Lanusse convocó a elecciones, prohibiendo la postulación del expiado Perón. Héctor Cámpora, quien asumió en mayo de 1973 como lugarteniente de Perón, renunció a los dos meses, permitiendo la elección del viejo líder con el 62% de los votos. Este segundo periodo de Perón estuvo marcado desde sus inicios por fuertes conflictos al interior del movimiento, con verdaderas guerras entre el ala izquierdista y los sectores ligados al sindicalismo y a la ultraderecha. A su muerte, en 1974, asumió su viuda y vivepresidenta María Estela Martínez.Durante su gobierno, con la creación de la Tiple A (Alianza Anticomunista Argentina), la violencia se impuso en la política. Las mujeres fueron igualmente reprimidas que los hombres.
Entre 1976 y 1983, Argentina sufrió nuevamente una dictadura militar durante la cual se llevaron a cabo las mis graves violaciones a los derechos humanos, registrándose 30.000 casos de desoídos desaparecidos. Reaparecieron las mujeres en la escena politica, defendiendo la vida y exigiendo la aparición de sus familiares. Las Madres de la Plaza de Mayo iniciaron en abril de 1977 sus desfiles en dicha Plaza, frente a la casa de gobierno. Sus dirigentas se transformaron también en blanco de la represión.
En abril de 1982, el entonces presidente, general Galtieri, ordenó el desembarco de tropas argentinas en las islas Malvinas, que Gran Bretaña ocupaba y reclamaba como propias, en un intento por superar la crisis interna. La votación adversa en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el apoyo decidido de Estados Unidos a su aliado ingles y el envio británico de una poderosa flota destruyeron sus planes con un alto costo en vidas. Durante los 45 días que duró la guerra, nuevamente fueron las mujeres las que salieron a las calles contra la guerra y el servicio militar y en defensa de la vida.
La derrota debilitó al gobierno militar y en 1983 se realizó elecciones iniciándose un nuevo periodo democrático con el triunfo del radical Raúl Alfonsin. Su gestión, marcada por la crisis económica y las tensiones originadas por la aplicación de la Ley de Punto Final que se tradujo en cientos de juicios a los militares por violaciones de los Derechos Humanos, lo obligó a dejar el cargo anticipadamente, asumiendo la presidencia Carlos Menem en 1989.
El gobierno de Menem creó el Consejo Nacional de la Mujer y un "Gabinete de Mujeres" mientras el Parlamento aprobó una Ley de Cupos que establece un mínimo de 30% de cargos destinados a mujeres en las listas partidarias. Se inicia así un periodo con nuevas potencialidades para la participación femenina en los poderes del Estado.