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Conferencia Regional
La Equidad de Género en América Latina y El Caribe: desafíos desde las identidades masculinas
Santiago de Chile, junio de 1998

Conclusiones de los Grupos de Trabajo
(Tomado del libro Masculinidades y Equidad de Género en América Latina,
de Teresa Valdés y José Olavarría (eds), Flacso-Chile, 1998, 284 pags.
 
Masculinidad y Adolescencia y Masculinidad y Educación Sexual | Masculinidad, sexualidad y reproducción |
| Masculinidad y violencia | Masculinidad y cambio cultural |

 
 
 


Los grupos tuvieron por objetivo:

Los grupos realizaron su trabajo a partir de una guía de preguntas amplia, contaron con un/a coordinador/a y con un relator/a que presentó las conclusiones de la labor realizada en la sesión plenaria con que culminó la Conferencia.


GRUPOS:
MASCULINIDAD Y ADOLESCENCIA y
MASCULINIDAD Y EDUCACIÓN SEXUAL

Coordinadores: María Ragúz (Red Nacional de Educación, Salud Sexual y Desarrollo para Jóvenes, Perú) y Rodrigo Vera (UNFPA-Chile) Estos dos grupos realizaron su trabajo en forma conjunta.

Relator: Gabriel Guajardo (FLACSO-Chile)

El grupo de trabajo constató que se están provocando cambios, en los países de la región, que no son reflexionados en su impacto para los hombres y las mujeres. Que hay un malestar de género, un malestar en la cultura, un cierto grado de incertidumbre en torno a ellos. Asimismo concordó que en este contexto se debe abordar la masculinidad adolescente, como una etapa de la vida de los varones, y la educación sexual, inserta en un ámbito mayor de la vida de las personas.

a) Elementos transversales a considerar

Para abordar la masculinidad adolescente y la educación sexual, se hicieron presente un conjunto de elementos transversales que debe tenerse en cuenta. Entre ellos merecen especial mención: la reflexión sobre lo masculino/femenino (género), el cambio, y el ejercicio de una ciudadanía activa/autónoma, como expresión de la democracia.

i) Con respecto al género, y en particular a la masculinidad, se estimó que su abordaje debía ser relacional, es decir, no es posible fijar un polo nítido de lo masculino y lo femenino, pese a que se construyen en relación de oposición; en el hecho las polaridades no son nítidas y adquieren matices, que se definen según contextos específicos.

ii) Se señaló la importancia de situar el cambio como un objeto de estudio y como punto de vista analítico. Ello en referencia a que, en general, se tiende a observar y de alguna manera a valorar los elementos más estables o conservadores de la cultura vigente. Desde esta perspectiva, se podría leer que el malestar por el/los cambio/s corresponde a un malestar conservador. Sin embargo, estos mismos cambios se podrían ver desde la perspectiva de lo emergente, que muchas veces no tiene la visibilidad de lo estable. Esto puede ser fructífero como elemento de análisis de lo que sucede en el ámbito de la adolescencia y la educación sexual.

iii) Este abordaje supone, asimismo, un enfoque de construcción de sujetos de derechos, capaces de ejercer una ciudadanía activa y autónoma. En efecto, se observa y constata cómo se construye el sujeto en las sociedades latinoamericanas desde una perspectiva de género y de cambio/s. Implica una propuesta de ciudadanía que incorpora no sólo a los individuos sino a los grupos a una ciudadanía que expresa la diversidad.

En este sentido y haciéndose cargo de la convocatoria de la Conferencia, la noción de equidad pasa a ser tanto un fin como un medio. Un fin, porque plantea una sociedad más igualitaria e incluyente de las diferencias de distinto orden: culturales, étnicas, generacionales, sexuales. Y también un medio, en la medida que es un instrumento y un estándar para constatar si ese cambio se va dando y cómo se produce, desde una perspectiva de género y de participación ciudadana.

b) En relación a la educación sexual, el grupo llegó a las siguientes conclusiones:

La educación se debe entender como un cambio político/cultural que implica, en su proceso y producto/s, a los distintos actores sociales: medios de comunicación, escuela, familia y por supuesto los individuos. De este modo el cambio en el género y las masculinidades transita de manera particular a través de la educación, si bien no se agota en ella.

Este cambio político-cultural es responsabilidad tanto del Estado como de la sociedad civil de los distintos países de la región. Se requiere, por tanto, una valoración de las potencialidades de cambio que tienen ambos en las transformaciones relativas al género y las masculinidades. En este campo hay mucho que investigar, especialmente en relación al Estado y a sus instituciones, para observar en qué medida el discurso de los últimos años acerca de la participación e igualdad de oportunidades se expresa en sus prácticas.

Lo anterior plantea que la educación no sólo es un asunto de educación sexual, sino que tiene dimensiones transversales, interinstitucionales, interdisciplinarias, multiestratégicas y que su abordaje es un gran desafío. A partir de ella se posibilitaría la apertura de visiones, de nuevas identidades masculinas, que puedan dialogar entre sí y emerger.

Para el ámbito de la educación sexual se propusieron tres recomendaciones. Primero, entender la educación desde los aprendizajes, el intercambio de saberes y apropiación del conocimiento. Un caso destacado es el uso de las conversaciones en el aprendizaje. En distintos países, como es el caso de Chile con las JOCAS (Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad), programa realizado con estudiantes adolescentes, se ha demostrado la posibilidad de conectar los discursos personales, las experiencias con lo macro, con el tipo de país y cultura en que viven los jóvenes. Las conversaciones son, sin duda, un recurso muy antiguo, pero siempre nuevo, siempre útil, siempre necesario.

La segunda recomendación es reconocer los lenguajes, las culturas y las particularidades de los sujetos en la educación, y no sólo los contenidos, lo cual requiere apertura.

Y finalmente, trabajar con la afectividad, los sentimientos y modos de convivir, que podría ser una estrategia interesante para abrir oportunidades a las nuevas identidades masculinas.

c) En cuanto a la masculinidad y adolescencia el grupo concluyó lo siguiente:

La adolescencia tiene tanto una especificidad en si misma, como una diversidad según sean las condiciones de existencia, vida y espacio cultural en que se desenvuelve. Dentro de estas condiciones es necesario distinguir el género, edad, orientaciones sexuales, entre otras variantes. Ello hace que la adolescencia no sea una categoría nítida, necesariamente.

La diversidad de la adolescencia debe ser investigada, problematizada, teorizada e incluida en la formulación de planes y políticas pública dirigidas a este actor, que posibiliten la apertura para el cambio y la construcción de masculinidades posibles.

Dado el potencial de inicio de la actividad sexual, que sería una condición particular de la adolescencia y su desarrollo bio-psico-social, la adolescencia plantea una re-negociación de las identidades y relaciones de género. Es la oportunidad de una ventana. Estos aspectos deben incorporarse teniendo como objetivo la equidad y su materialización en proyectos de vida y desarrollo pleno. La adolescencia brindaría esa oportunidad por no estar plenamente incorporada al sentido común, ni a las normas, y por lo tanto, habría posibilidad de rebeldía, de construir una ciudadanía menos acomodaticia o pasiva.

Es por ello que la adolescencia no debe ser estigmatizada ni representada como problema en si, sino que debe facilitarse su empoderamiento y potenciar su ciudadanía activa, aunque ello moleste a los adultos.

Finalmente, se requiere la generación y apoyo de espacios propios e institucionales para que los adolescentes ejerzan su ciudadanía. Estos espacios suponen un ámbito de libertad; no todo puede ser programado, se requiere de imaginación y creatividad.

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GRUPO
MASCULINIDAD, SEXUALIDAD Y REPRODUCCION
 
 

Coordinadora: Judith Helzner (IPPF, Estados Unidos)

Relator: Carlos Aramburu (Ministerio de Salud, Redess Jóvenes, Perú)
 
 

El grupo debatió especialmente en torno a los servicios de salud sexual y reproductiva para varones y consideró cuatro aspectos principales:

- el contexto en que se dan estos servicios;

- el por qué y para qué de la existencia de este tipo de servicios, qué justificación tienen;

- qué aspectos se deben tomar en cuenta para su implementación, cómo hacerlos;

- las dudas existentes y aquello que aún se tiene que entender sobre la salud sexual y reproductiva de los varones.
 
 

a) Con respecto al contexto de los servicios de salud reproductiva para varones se identificó dos barreras que tienen gran importancia en la ausencia generalizada del varón en los servicios de salud, en especial en los que tienen que ver con sexualidad y salud reproductiva.

En primer lugar, la ausencia del varón, su invisibilidad, tiene que ver con las maneras en que se estructura la identidad de género masculina y sus contenidos, no sólo a nivel individual o colectivo, sino también de los propios servicios de salud. En los hombres están especialmente presentes: la noción de invulnerabilidad, "a los varones nunca les pasa nada"; la búsqueda de riesgo como un valor de la propia cultura, reforzado por los medios masivos, especialmente en los hombres jóvenes; la creencia de que la "sexualidad de los hombres es instintiva y por lo tanto descontrolada" y por lo tanto, de poco serviría tratar de normarla, encausarla o de socializar a los varones en conductas preventivas, a través de los servicios de salud.

Lo anterior se ve fortalecido con las dificultades que tienen los varones de verbalizar sus necesidades de salud: los hombres, en general, no hablan de sus problemas de salud, porque constituiría una demostración de debilidad, de feminización frente a los otros y otras. Ello denota una feminización de la noción de cuidado de la salud. La imagen que tienen los hombres de los servicios de salud, según un estudio reciente, es que éstos son para ancianos, mujeres, niños o para enfermos. Y los varones consideran que no caen en ninguna de esas categorías, por lo tanto, les son ajenos.

Una segunda barrera es la feminización de los servicios de salud, especialmente los de salud reproductiva y salud sexual, que están ubicados en los servicios de ginecología y obstetricia. Para el varón éste es un espacio ajeno, que lo intimida y confunde. Acudir a estos servicios lo avergüenza, porque es entrar a un ámbito feminizado que, por tanto, lo feminiza.

Así como hay barreras, también se hacen presente elementos facilitadores de cambio que, en la coyuntura actual, constituyen elementos que pueden ayudar a modificar esta situación y por ende, posibilitan trabajar con modelos de servicios para varones, de acuerdo a las características de cada país.

Se constata que hay una crisis del modelo hegemónico de la masculinidad, como se ha discutido ampliamente en esta Conferencia, crisis que todavía puede ser parcial y específica de ciertos grupos culturales y sociales. Cabría preguntarse hasta qué punto esta crisis del modelo está circunscrita a sectores medios de poblaciones urbanas o realmente permea al conjunto de las naciones, culturas y condiciones de vida.

Asimismo, comienzan a existir nuevos espacios para los varones que permiten la discusión de estos temas. La creación de estos espacios sería una consecuencia de la organización del movimiento de mujeres y de las discusiones que en torno a la Conferencia Mundial sobre Población y Desarrollo de El Cairo (1994) se vienen teniendo sobre los temas de salud sexual y reproductiva.

Una situación coadyuvante y paralela en los últimos quince años, es la creciente organización de las mujeres (clubes de madres, comedores populares, grupos y talleres diversos, etc.) y la desorganización de los espacios masculinos (sindicatos cada más débiles, partidos políticos en crisis). Esta crisis, en alguna medida, ha hecho visible tanto la hegemonía como los espacios de poder de los hombres, y ha mostrado su vulnerabilidad. Esta situación podría posibilitar que los hombres exterioricen su intimidad, reconozcan su vulnerabilidad frente a terceros/as y que comiencen a hablar de su salud, de su sexualidad, de su identidad.

Es también importante destacar que tras la Conferencia de El Cairo se legitima públicamente, a nivel institucional, la validez de hablar de salud sexual y reproductiva para los varones.

Uno de los mayores desafíos que se plantea a los servicios para varones y parejas es la enorme diversidad de contextos socio-culturales y espacios institucionales existentes. ¿A qué tipo de varón se quiere llegar? y ¿con qué tipo de estrategia o con qué tipo de institución? No solamente hay que tener en cuenta esta enorme diversidad de las situaciones y condiciones de masculinidad en América Latina, sino también la noción de que los espacios institucionales pueden ser diversos. Ya no se espera que sólo el Ministerio de Salud haga salud. La escuela, la familia y la comunidad tienen una responsabilidad en la salud, y eso lo hace más complejo, pero esta situación también potencia la posibilidad de hacer salud sexual y reproductiva para el conjunto de la población.

b) El segundo aspecto que debatió el grupo de trabajo y en el que se llegó a acuerdos fue "por qué" y "para qué" salud reproductiva para varones y también para parejas.

En cuanto a "por qué" la necesidad de servicios de salud, y en particular de salud sexual y reproductiva, se coincidió en dos consideraciones. Primero, los hombres tienen derechos de salud sexual y reproductiva que deben ser conocidos por ellos, especialmente por la conducta de riesgo y de sentimiento de invulnerabilidad propios de los varones, que tiene consecuencias no sólo en ellos sino también en sus parejas y terceros/as. El varón debe conocer responsablemente sus derechos y obligaciones en el campo de la sexualidad y la salud reproductiva.

Segundo, los varones son copartícipes de la fecundidad de su pareja y en cierta medida "se embarazan" en función del vínculo relacional y de la responsabilidad que tienen en ello. Esta relación en torno al embarazo de la pareja puede ser más o menos responsable, por parte del varón.

En cuanto al "para qué" proteger la salud de los varones, hubo plena coincidencia en que se debe proteger la salud de los hombres. Se ha señalado muchas veces que ser varón en un factor de riesgo, y así se puede observar en las estadísticas de morbilidad y mortalidad, donde hay una enorme incidencia de factores como la violencia, accidentes, stress que están asociados a la salud masculina. Junto a ello, se constata que las conductas de omnipotencia de los varones tienen implicancias para sus parejas, familias y otros miembros de la sociedad (otros varones, otras mujeres, otras familias) con las que el varón interactúa. Esto es válido para la salud sexual y reproductiva y para la salud del varón en su conjunto.

c) El tercer aspecto que se debatió en torno a los servicios de salud sexual y reproductiva para los hombres, fue ¿cómo diseñar estos servicios?

Aquí hubo importantes diferencias y se pudo comprobar que se debe seguir con este debate, basado en el respeto y reconocimiento de lo que cada especialista sabe, prestando especial interés a la tensión existente entre el modelo biomédico de salud y los enfoques constructivistas o sociales.

Lo primero que se debe tener en cuenta para diseñar estos servicios, es la diversidad de la población masculina; no existe "el" varón latinoamericano, no existe "la" masculinidad, como se ha plateado reiteradamente en esta Conferencia, sino las masculinidades y los varones.

Esta diversidad está dada por las formas en que las distintas comunidades construyen sus identidades de género, cruzadas a su vez por la edad, su estatus socio-económico, orientación sexual, estado de salud, entre otros. Esta diversidad tiene que ser integrada a las normas de salud pública que están muy orientadas por el supuesto de que existe un tipo de varón, un tipo de mujer, un tipo de niño, simplificando la realidad, empobreciéndola.

Se debe pensar en la captación de los varones por parte de los servicios de salud sexual y reproductiva. Los varones no se acercan al hospital o al servicio, por tanto hay que ir hacia ellos. Es destacable que en esta Conferencia se ha podido conocer una riqueza muy grande de experiencias con distintas estrategias, como la de mostrar a otros varones satisfechos con lo recibido en el servicio, especialmente en comunidades tradicionales, donde pese al gran temor que a un varón le produce decirle a otro que está vasectomizado se puede transformar en el principal promotor del método y del propio servicio. Un varón que usa condón tampoco se jacta de ello, y sin embargo, tiene una experiencia personal que puede utilizarse para convencer a otros varones, no en espacios formales, sino en ámbitos informales como la cantina, el bar, el partido de fútbol.

Es necesario, asimismo, identificar aquellos espacios propiamente masculinos, que son múltiples y muchas veces cambiantes, para llegar a los varones.

Por otra parte, es importante conocer las necesidades que tienen los diferentes grupos de varones. Esto es muy difícil. Gran parte del trabajo que se ha hecho en sectores populares para establecer un diagnóstico de sus necesidades, se ha realizado con mujeres y centrado exclusivamente en ellas, aislando la presencia de los varones. Una cuestión a investigar es cómo los varones reunidos verbalizan e identifican sus necesidades de salud, sin que ello signifique hacerles sentir que son menos hombres y que están perdiendo su tiempo, sino todo lo contrario. Sería interesante empezar a trabajar con este tipo de estrategia de autodiagnóstico, a nivel de grupos específicos de varones, sobre sus necesidades e intereses de salud, y en especial de salud sexual y reproductiva.

Otra cuestión a tener en cuenta en las estrategias de capacitación y de servicios, es poder establecer cuándo es conveniente trabajar en pareja y cuándo en atención individual. Generalmente, en sectores rurales, los servicios tradicionales de planificación familiar han privilegiado el enfoque de parejas; parejas que le hablan a parejas, y eso tiene sin duda un elemento más efectivo, más eficiente de llegada, de diálogo relacional. Sin embargo, es evidente que los hombres requieren además de un espacio individual. Se ha constado, por ejemplo, que algunos varones, cuando se acercan al hospital a recoger a la señora que acaba de tener un niño, luego de ser felicitados por haber sido padres una vez más, manifiestan preocupación por entender cuáles son los riesgos de su actividad sexual extramatrimonial o extraunión. Este es un tipo de aspectos, por ejemplo, que los varones obviamente no están dispuestos a discutir con su pareja, pero que sin duda constituye un elemento fundamental de su propia salud reproductiva y de la salud de su pareja. De allí que sea importante que también haya espacios de atención individual para los varones, que les permitan a ellos hablar de su sexualidad y de su salud.

Los aspectos operativos para la implementación de servicios de salud sexual y reproductiva son múltiples y van a depender, no solamente del contexto institucional, sino de la población a la que se desee atender. El horario de atención es una condición importante para asegurar el acceso de los varones a los servicios.

¿Qué nivel de atención se debe ofrecer?, ¿son los hospitales los espacios más adecuados? Pareciera que el hombre le tiene un gran temor al hospital, de allí que pueda ser mejor llegar a él a través de un servicio que esté más cerca de su domicilio o trabajo, como la posta, el centro de salud o con los promotores de salud.

Sería, asimismo, conveniente cambiar la composición de los proveedores de salud que atiendan a los varones, ya que al ser la gran mayoría mujeres produciría un distanciamiento y desconfianza en los hombres por acercarse a estos servicios para plantear sus problemas de salud sexual y reproductiva.

Es necesario establecer un buen sistema de referencia, para los casos de mayor complejidad, y tener en cuenta quiénes son los proveedores, para permitir que los varones se sientan cómodos hablando de estos asuntos.

Uno de los temas que provocó más discusión en el grupo fue el de la capacitación del proveedor. ¿A quién se le pide que hable de sexualidad y salud? A veces el proveedor que habla de estos temas es un profesional que lo hace desde un enfoque biomédico. Pero cada vez queda más claro que este enfoque es insuficiente, no basta con capacitar sobre los aspectos de salud reproductiva.

Para la capacitación de los proveedores es necesario tener presente que una de las cuestiones claves en el interés de los varones es el placer sexual, y que en torno a ello hay una gran inhibición tanto de los proveedores como de los propios varones. Los hombres tienen un gran desconocimiento de su propia corporeidad, así como del cuerpo y la fisiología de las mujeres. Hablar de sexualidad y del placer con los varones es un elemento fundamental que se debe considerar en los servicios de sexualidad y salud reproductiva. También deben ser capacitados los proveedores en las cuestiones éticas relativas a la sexualidad y a los derechos reproductivos.

¿Qué interesa a los varones en cuanto a salud sexual y reproductiva? Según la experiencia de los miembros del grupo de trabajo, los hombres están interesados en conocer sobre SIDA; sexualidad y placer; contracepción, especialmente para disipar los mitos sobre los efectos secundarios, que estarían más presentes en los hombres que en las mujeres; sobre las disfunciones sexuales; sobre paternidad; nutrición; stress; violencia y alcoholismo. Casi todos estos temas son temas que no están presentes ni en la capacitación del proveedor, ni en los materiales educativos que se entregan a los usuarios de los servicios de salud reproductiva y planificación familiar.

Por último, no se debe olvidar la importancia del diagnóstico, el monitoreo y la evaluación de esas experiencias, que por ser nuevas requieren ser elegidas muy cuidadosamente para evitar efectos no deseados, asegurar su impacto positivo y evitar cometer errores o repetirlos.

d) Finalmente, el cuarto aspecto que concentró la atención del grupo de trabajo fue una enorme lista de interrogantes y dudas que permitieron avanzar en los otros aspectos y dejar puntos a responder para la agenda.

¿Se deben integrar o separar estos servicios para varones? Se planteó por algunos, que las clínicas para hombres han tenido éxitos muy limitados, son costosas e ineficientes, sin embargo algunas de éstas existen. ¿O los varones deben ser atendidos por los servicios de salud "normales", masculinizándolos en cierta medida?

¿Se debe establecer diferentes servicios para distintas orientaciones sexuales?. En los servicios de salud reproductiva hay riesgos evidentes de enfermedades de transmisión sexual, dependiendo de las conductas de riesgo y no tanto de las orientaciones y estilos de vida.

Se debe integrar y promover la investigación de paternidad, ¿qué significa ser padre para los varones? Se debe profundizar el conocimiento y la investigación sobre la toma de decisiones respecto del ciclo reproductivo, la anticoncepción y el placer, aspectos de los que se conoce aún poco.

Es conveniente utilizar los avances logrados por la investigación en este campo para el diseño y mejor implementación de servicios para varones y parejas. Se debe superar el divorcio que existe entre quienes están en la intervención y los que investigan. Es recomendable establecer redes de investigadores y proveedores en la región para compartir experiencias de salud sexual y reproductiva, para varones y para parejas.

Y finalmente, quizás el lema del grupo sería: "Necesitamos sexualizar la reproducción y erotizar la prevención".
 
 

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GRUPO
MASCULINIDAD Y VIOLENCIA
 
 

Coordinador y relator: Oswaldo Montoya (Puntos de Encuentro, Nicaragua).

El grupo de trabajo llegó, en primer lugar, a ciertos consensos y puntos fundamentales a ser considerados sobre masculinidad y violencia. Luego hizo recomendaciones en cuatro ámbitos: estrategias de sensibilización y prevención, a nivel masivo; legislación de políticas públicas; programa de intervención y, finalmente, algunas propuestas en cuanto a líneas de investigación.

Consensos:

Los consensos acerca de puntos fundamentales fueron los siguientes. Primero, que para analizar y trabajar el tema de violencia y masculinidad, es central situarlo en el contexto de las relaciones de poder. El tema del poder, la dominación y el control, deberían ser el eje alrededor del cual se haga el trabajo sobre esta temática.

El grupo estuvo de acuerdo sobre la importancia de entender cómo la violencia se hace parte de la identidad masculina, dentro de un contexto de violencia social y cultural a nivel de toda Latinoamérica, y que se construye social e históricamente, no es una condición natural.

Hubo consenso al comprobar que todos/as participantes tenían la utopía de lograr la construcción de un mundo sin violencia, que querían llegar a construir relaciones de equidad entre hombres y mujeres, y vieron a la violencia como un obstáculo fundamental para poder llegar a dicha equidad. Que tenía, también, un desafío ético, porque está en juego la integridad personal de las mujeres y la condición misma y la calidad de vida de los hombres. Veía la violencia como una expresión extrema de la desigualdad de género que se reproduce generacionalmente a través de hombres y mujeres adultos y niños y niñas. Y que niños y niñas testigos de violencia tienen más posibilidades de reproducirla .

Coincidieron en que la violencia no se explica como efecto de una sola causa, sea esta alcoholismo, desempleo, fútbol, pobreza, o medios de comunicación, sino que es necesario buscar una explicación que reconozca la complejidad del problema, que supone profundizar en cómo se construyen socialmente las identidades y relaciones de género; reconociendo la diversidad de situaciones personales, según condiciones de clase, raza, etnia, edad entre otras.

Hubo consenso en que, desde la subjetividad de los hombres, hay vivencias de dolor en sus experiencias personales que se deben tomar en cuenta. Cuando este sufrimiento de los hombres se expresa, se manifiesta una dimensión más humana de inseguridades, miedos y desconexión emocional.

El grupo reconoció una gran falta de voluntad política para implementar leyes y asignar recursos a programas efectivos para mujeres y hombres.

Asimismo, hubo coincidencia sobre las siguientes cuestiones a tener presente en relación a las recomendaciones que se formulan:

  • Visibilizar la lógica binaria de la violencia, que se da en las relaciones de género: mando o me mandan;
  • Reconocer que la violencia se da en múltiples formas y grados: la violencia verbal, psicológica, económica, sexual;
  • Reconocer el enorme control de los hombres sobre la sexualidad de las mujeres,
  • Incorporar la perspectiva de género (relacional) tanto en la investigación como en las intervenciones;
  • Contextualizar la violencia como un problema de Derechos Humanos,
  • Coordinar la acción del Estado, el movimiento de mujeres y las organizaciones de hombres;
  • Formar y fortalecer recursos humanos especializados en el problema;
  • Incorporar la temática en los procesos educativos de jóvenes y adultos: en escuelas, estudios técnicos y profesionales.
  • Recomendaciones:

    a) Las recomendaciones para formular estrategias de sensibilización y prevención de la violencia se basan en que es necesario hacer un trabajo de comunicación amplio, donde se plantee claramente que la violencia no puede ser aceptada, la sociedad no puede seguir tolerando la violencia como una forma de relación entre hombres y mujeres. Se debe visibilizar su impacto y deslegitimar la violencia.

    Dentro de este marco, se consideró de gran importancia incorporar estos contenidos en el trabajo de la antiviolencia con y como hombres, siendo parte de la educación para la paz, e incluirlos en las campañas internacionales, como por ejemplo la del 50º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y la del decenio de la No Violencia.

    Otro foco importante para las estrategias de sensibilización, debe ser la educación para desnaturalizar la violencia sexual y enriquecer la sexualidad de hombres y mujeres.

    Se estimó importante trabajar con los medios de comunicación para sensibilizar sobre el problema de manera no sensacionalista. Muchos de los trabajos que realizan grupos de hombres por vocación son desvirtuados por el impacto de los medios y su manejo, a veces sensacionalista, de la problemática de la violencia intrafamiliar.

    Es necesario promover imágenes y prácticas propositivas de "ser hombres" para los hombres, y formas de relacionarse positivas entre hombres y entre hombres y mujeres. No solamente decir NO a la violencia, sino también decir SI a prácticas positivas, afirmativas e igualitarias de los hombres. Es importante identificar y no reforzar la dominación masculina a través de los medios de comunicación, de las campañas y los discursos políticos. Se debería hacer campañas específicas para hombres y violencia doméstica.

    b) Las recomendaciones relativas a legislación y políticas públicas plantean la importancia de apoyar y fortalecer las legislaciones que estén dirigidas a promover la igualdad entre hombres y mujeres. Difundir hacia los hombres las leyes que sancionan de la violencia doméstica y de derechos humanos. Hacer esfuerzos para derogar leyes patriarcales, arcaicas, que todavía existen en muchos países de la región, que legitiman, fortalecen y perpetúan las relaciones de violencia. Hacer cabildeo, mayor "lobby", para movilizar recursos que permitan implementar las leyes recientemente aprobadas contra la violencia intrafamiliar en diversos países de Latinoamérica.

    Establecer propuesta normativas claras para el trabajo con agresores, con lineamientos mínimos y estándares para trabajar con agresores en nuestros países.

    c) A nivel de los programas de intervención, las recomendaciones se orientan a fortalecer e incentivar la responsabilidad de los hombres para superar el sexismo y la violencia. No tener un enfoque culposo, de autoflagelación de los hombres por su condición y sus privilegios.

    Es necesario crear espacios de reflexión no tradicionales entre hombres, que permitan la reflexión crítica de sus formas de vida y la violencia en ellas. Los espacios todavía son mínimos, micro; es necesario, por tanto, abrir la oportunidad para que los hombres de los países de la región puedan trabajar el tema de su identidad y su relación con la violencia.

    Es importante generar espacios mixtos, para trabajar con hombres y mujeres sobre esta temática.

    Corresponde enfatizar la importancia de conseguir recursos públicos para este trabajo con hombres y pensar en estrategias de autogestión de programas de educación y tratamientos a hombres.

    Se precisa fortalecer también la relación entre el Estado y la sociedad civil, porque en la medida que se una los esfuerzos de la sociedad civil y las instituciones estatales se va a tener un impacto significativo.

    Es importante la capacitación de los trabajadores, funcionarios y funcionarias del sector público, sobre identidad masculina y violencia, particularmente a los sectores de educación, salud, justicia, policía y fuerzas armadas.

    d) Finalmente, en cuanto a propuestas de investigación, se mencionó brevemente la importancia de estudiar y visibilizar más las diferentes formas de violencia. Investigar sobre el impacto de la globalización económico y cultural en el fomento de la violencia de los hombres.

    Hacer estudios sobre las diversas formas de violencia masculina, entre las que se resaltó el incesto y los procesos de negociación entre hombres y mujeres.

    Asimismo, es de gran importancia la construcción de indicadores para poder evaluar la prevalencia de la violencia en los hombres en la vida doméstica, así como el impacto de los programas de educación y de rehabilitación a hombres, y observar si estas experiencias redundan en una disminución de la violencia.

    Es urgente fortalecer la relación entre investigadores y responsables de programas de intervención, tratar de cerrar la brecha entre el trabajo de la gente que está haciendo investigación y la que está haciendo un trabajo de intervención.

    Y por último, ampliar las estrategias de investigación a instrumentos, metodologías y enfoques investigativos existentes, para analizar y entender mejor el fenómeno de la violencia, y la violencia masculina.
     
     

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    GRUPO
    MASCULINIDAD Y CAMBIO CULTURAL
     
     

    Coordinador: Beno de Keijzer (Universidad Veracruzana, Salud y Género A.C., México)

    Relator: Barry Chevannes (University of the West Indies, Jamaica)
     
     

    Las conclusiones que el grupo de trabajo presentó fueron el fruto de una gran discusión y de un amplio rango temático en torno a "masculinidad y cambio". Aquí se expone sólo lo medular, el esquema básico.

    a) En primer lugar el grupo identificó espacios de cambio de la masculinidad y estimó que podían ser vistos desde tres niveles:

    En este último nivel se originan y adquieren forma las leyes que guían y dirigen la vida diaria de las personas de una sociedad en particular. Es el nivel superestructural, donde es posible distinguir dos aspectos: el ideológico (el sistema de valores de una sociedad) y el marco socio-económico.

    Es importante tener presente algunas precauciones, en relación a cómo entender los niveles: primero lo hegemónico es omnipresente y de hecho muchas veces determina la manera como la gente se comporta espontáneamente e instintivamente, pero ello no quiere decir que sea idéntico al nivel personal o familiar. Esa es una precaución que debemos tener en cuenta.

    Segundo, la masculinidad es multidimensional, está compuesta de múltiples capas, y se debe tener presente aspectos como la raza, la clase, la etnicidad y todos los variados elementos que se conjugan para darle a alguien un sentido de identidad. La importancia de esto no puede ser subestimada y debe estar constantemente presente. Un ejemplo señalado durante el debate del grupo expresa muy bien esta situación: es el caso de lo que observan dos mujeres que se miran a un espejo, una es negra y lo otra blanca; la mujer blanca ve a una mujer, en cambio la negra ve a una mujer negra. En este caso la conciencia de raza puede diferir significativamente de una a otra.

    Un tercer aspecto a tener en mente es el poder, que cruza los niveles de lo personal, la familia y lo hegemónico. Las relaciones de género, obviamente, no pueden evitar la cuestión del poder.

    b) Una segunda consideración, que el grupo señaló desde el comienzo, fue que el cambio en la/s masculinidad/es ya está ocurriendo; aspecto importante para la comprensión de la relación masculinidad/cambio.

    Han pasado y están pasando cosas; los cambios se están produciendo. Se pudo identificar cambios que están ocurriendo tanto a nivel personal como familiar. El grupo discutió y elaboró una metodología de cambio en este nivel. Una metodología que busca identificar cómo están ocurriendo los cambios a este nivel.

    Se plantearon tres ejemplos de estos tipos de métodos. El primero lo presentó uno de los participantes y tuvo resonancia en el resto. Se planteó que era necesario pensar en puntos de entrada en las complejidades de la identidad masculina. Puntos de entrada a través de los cuales se pudiese influenciar y provocar un cambio. Por ejemplo, cambiando la comprensión de los hombre de si mismos, a través de su rol de padre, porque eso es parte de su identidad y el rol de paternidad y sus preocupaciones por los niños dan una apertura a través de la cual se puede entrar y estimular un cambio.

    Un segundo método que se planteó fue la posibilidad implementar dinámicas de grupo de hombres hablando con hombres. Aquellas personas que han trabajado en/con grupos de hombres estiman que en este contexto los varones expresan sus sentimientos íntimos y ello puede llevar a muchos cambios.

    Una tercera forma para producir cambios en los hombres son las relaciones personales que los varones establecen con su esposa, pareja. Es interesante destacar que hombres que trabajan por los cambios de la masculinidad tienen o han tenido como pareja a mujeres feministas.

    Al mismo tiempo, se identificaron barreras para el cambio y se constató que estas barreras pueden ser al mismo tiempo facilitadores de cambio, mirándolas desde un punto de vista opuesto. En este sentido, tanto hombres como mujeres pueden ser facilitadores o barreras de cambio. La acción de la mujer en el proceso socialización es particularmente crucial. Pero el punto central es la necesidad de comprensión de los roles que hombres y mujeres desarrollan. El punto central es la necesidad de comprensión de lo que corresponde a hombres y mujeres.

    c) Un tercer aspecto que el grupo debatió fue la importancia de entender lo que ocurre en el nivel macro, que tiene que ver con lo hegemónico.

    En primer lugar, hay una gran necesidad de investigación en este nivel. Por ejemplo, el efecto del ajuste estructural en las relaciones laborales y el impacto que está teniendo directa o indirectamente en la situación de los hombres, en los niños y en las relaciones familiares.

    En segundo lugar, hay una necesidad de problematizar lo que es el género en el nivel macro económico, de la gran empresa y de liderazgo político, por ejemplo. Es necesario que los temas implícitos de masculinidad en lo hegemónico sean politizados, puestos en la agenda. Es el caso de los diagnósticos y estrategias que, entidades como el Banco Mundial, agencias y especialistas, diseñan y recomiendan a distintos países y/o regiones y que llevan implícitas el incentivo de ciertas relaciones de género que afectan aspectos de la vida a nivel social, familiar y personal.

    Dada la complejidad del tema a abordar por el grupo, se intentó identificar algún tipo de herramienta holística que permitiera localizar y establecer la relación entre cambio y masculinidad; sus diversas dimensiones, de manera tal que mostrasen las estructuras de las relaciones de género y las fuerzas de cambio que impactan a distintos aspectos de estas relaciones. Las contradicciones del cambio y los agentes de resistencia, entre otros. Como los problemas son tan complejos y multidimensionales una y otra vez se llegó a la pregunta de cómo se los puede abordar e introducir en algún sistema que permita su comprensión y, si es posible, aislar, identificar y trabajar sobre sus diversos aspectos.

    Hubo una propuesta, que surgió de la intuición de Robert Connell, que busca responder a lo anterior y fue debatida, incorporándosele elementos. Se trata del siguiente esquema.
     
     

    PROCESOS DE CAMBIO
     
     
    ESTRUCTURAS DE LAS RELACIONES DE GENERO   
    (dominios para la equidad de  
    género)
    Dinámicas de cambio, contradicciones, fuentes de cambio
    Fuerzas que se oponen, "barreras", agentes de resistencia
     Resultados (hasta hoy) 
    potencialidades
    1. Producción, trabajo, distribución      
    2. Relaciones de poder, ámbito público   
    y doméstico,  incluyendo violencia
         
    3. Sexualidad, relaciones afectivas,   
    reproducción
         
    4. Comunicación, educación, ideología      
    (5. Identidad, ser consigo mismo)      
     

    Una pregunta que estuvo presente hasta la última sesión fue ¿existen puntos de entrada a través de los cuales se pueda empezar a influir para producir cambios en este amplio nivel hegemónico? Se conoció de la experiencia del movimiento masculino australiano que, a través de sus formas populares influye en la investigación apoyado por el gobierno y está posicionado para influir en políticas a nivel macro.

    También se consideró como posible punto de entrada, el comportamiento de los hombres en relación a la mortalidad y morbilidad, producidas directamente por la concepción que muchos varones tienen de la masculinidad. Cómo actúan por ejemplo, los niveles de alcoholismo y la conducción temeraria de los conductores en los accidentes automovilísticos. En este sentido los hombres pueden ser vistos como eliminadores de la especies, vía sus acciones. La acción sobre este aspecto puede permitir la influencia en políticas publicas que lleven a cambios en la masculinidad.

    d) Finalmente, se mencionó algunas preocupaciones por parte del grupo:

    En primer lugar, es necesario tener gran cuidado con cierto etnocentrismo intelectual. Quienes trabajan e investigan en esta área no necesariamente hablan por las millones de personas que pueden tener ideas o conceptos distintos.

    En segundo lugar, es fundamental, para quienes trabajan en este campo, preguntarse sobre sus motivos para hacerlo.

    Y, finalmente, es visible la necesidad de producir conocimiento básico. Es necesario profundizar en muchos aspectos -lo que se llamó la etapa etnográfica- y a la vez iniciar reflexiones e investigaciones que permitan el conocimiento de colectivos amplios y de regiones que permitan comprender la asociación entre masculinidad, modelo hegemónico y cambios de la/s masculinidad/es, de manera tal que se pueda incorporar a la agenda pública este debate y se orienten recursos públicos que actúen en la dirección de los cambios en las relaciones de género.

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    Masculinidades y Equidad de Género en América Latina
    Teresa Valdés y José Olavarría (eds)
    FLACSO-Chile, 1998, 284 págs.
     

    Introducción
    Capítulo I Construcción social de la masculinidad en América Latina

    Capítulo II Masculinidades, cuerpo y sexualidad
    Capítulo III Masculinidades, violencia y poder
    Capítulo IV Masculinidades y salud sexual y reproductiva
    Capítulo V Masculinidades hegemónicas, subordinadas y alternativas
    Capítulo VI Machismo y cultura latinoamericana
    Conclusiones de los grupos de trabajo
     
      
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