

"Trabajan como esclavos, no tienen vacaciones ni días libres. Puesto que no pueden ir al lavabo durante el trabajo, los niños tienen problemas de riñón. ¿Quiere llevar ropa confeccionada en estas condiciones?" El miembro del Asian American Free Labor Institute en Bangla Desh, Rosaline Costa, no niega la importancia vital de la industria textil para el futuro de este país. "Pero lo que digo es esto: de esta manera no, pisoteando a los niños, no. Además, hay que mejorar los sueldos y las condiciones de las muchas mujeres que trabajan en este sector. Sería muy bueno que Occidente sólo aceptara ropa producida de una manera digna..."
Este ejemplo ilustra muy bien la realidad del comercio entre el Norte y el Sur. Desgraciadamente, no es un ejemplo aislado. Lo que es verdad para los trabajadores del textil de Bangla Desh, también lo es para los cafeteros de Guatemala, los recolectores de té de Sri Lanka, los trabajadores del cuero de la India y los trabajadores de las plantaciones de plátano de Honduras: trabajan por un sueldo de hambre en condiciones muchas veces denigrantes o están totalmente a la merced de intermediarios o usureros para la venta de sus productos. Sobran razones, pues, para que EFTA, la Asociación Europea de Comercio Justo (en inglés European Fair Trade Association), publique un Anuario del Comercio Justo(1). Su objetivo principal es poner en evidencia las injusticias del comercio Norte-Sur, además de mostrar cómo el comercio justo ayuda a mejorar las relaciones comerciales entre los dos hemisferios.
La EFTA es una asociación de once organizaciones de comercio justo de nueve países europeos. Al contar con varias décadas de experiencia en la importación de productos "justos", son los pioneros del comercio justo en Europa. Gracias al comercio, los importadores de la EFTA dan un apoyo directo a las organizaciones de productores del Tercer Mundo: comercio justo, intercambio igual, precios buenos a cambio de productos buenos. De ser necesario, ofrecen ayuda técnica para garantizar la continuidad de las relaciones comerciales. El volumen movido por el comercio justo aumenta año tras año, al igual, por consiguiente, que sus consecuencias para el Tercer Mundo. En 1994, el volumen total de ventas del comercio justo europeo sobrepasó los 200 millones de ECU y llegó, a través de las aproximadamente 800 organizaciones de productores, a unas 800.000 familias del Tercer Mundo, o sea unos cinco millones de personas.
La venta a precios de dumping de los excedentes de azúcar de la Unión europea en el mercado mundial provocan, sólo para Filipinas, una disminución de sus ingresos por exportación estimada en 50 millones de dólares al año. Es indignante, sobre todo cuando la esperanza de vida de los cortadores de caña de este país asiático no excede de los 30 años. Es asimismo indignante que los aranceles impuestos por la Unión europea le quiten cualquier competitividad al azúcar del comercio justo importado del Tercer Mundo. Además del precio de 550 dólares americanos por tonelada que las organizaciones de comercio justo pagan a los pequeños productores (dos veces más que el precio mundial), la UE la grava con otros 720 dólares americanos en concepto de aranceles
Este otoño, la Unión europea decidirá permitir o no el uso de sucedáneos de la manteca de cacao en la fabricación del chocolate. Si se autoriza el uso de un 5% de sucedáneo de la manteca, como ya lo hacen ciertos países comunitarios, la Organización internacional del cacao espera a largo plazo un descenso del 20% en la demanda de cacao. Ya bajo, el precio del cacao caería en un porcentaje similar y los ingresos por exportación de los países prductores en un 25% posiblemente. Centenares de miles de productores de Africa, Asta y América Latina corren el riesgo de perder su sustento.
Globalmente, la cuota que tiene el comercio justo es relativamente modesta. Millones y millones de cafeteros, recolectores de te, tejedores de algodón y artesanos están todavía excluidos. El comercio justo quiere defender a estos productores e intenta convencer a consumidores, politicos y medios económicos que el Tercer Mundo necesita mejores condiciones en sus relaciones comerciales con el Norte. EFTA opina que se debería tener más en cuenta el bienestar de los productores a la hora de importar productos de los países en desarrollo. Esto no sólo requiere medidas políticas (como la supresión de barreras comerciales y la determinación de condiciones mínimas de producción en el Sur), sino también un cambio de actitud de la clase empresarial.
Este anuario es el primer anuario comercial que se escribe desde la perspectiva del comercio justo. Ofrece información actualizada sobre el comercio, justo y no justo, entre el Norte y el Sur, basada en buena medida en las experiencias diarias que los once miembros de la EFTA tienen en el ámbito comercial. El anuario consta de dos partes: la primera trata del comercio justo en sí, describe su esencia, su evolución y sus actores (capítulo 1). El segundo capitulo muestra cómo el comercio justo funciona en los paises del Sur: productores, métodos de producción, consecuencias y la importancia creciente de dar asistencia, sobre todo técnica, a los productores. Pero el anuario también informa sobre la situación del comercio justo en Europa al describir los últimos acontecimientos en ventas, campañas y presión politiza (capítulos 3 y 4).
En la segunda parte, se estudian algunos de los productos más importantes que exporta el Tercer Mundo: café, té, cacao, azúcar, plátanos, textiles y cuero. Todos estos productos los importan las organizaciones de comercio justo. Para cada producto, se describe la posición de los productores en su país, el mercado mundial, las reglamentaciones nacionales e internacionales aplicables y la diferencia que el comercio justo puede suponer.
(1)También llamado en castellano comercio solidario o comercio alternativo (n. del tr.)