Té: La crisis de la industria del té

Crisis en la industria del té", se clamaba en los titulares de la prensa india. "Más de 100 fábricas de té cerradas en Nilgiris (Tamil Nadu)", "Descenso de las cotizaciones del té. Este aņo un kilo de té en la subasta de Coonoor se vende por la mitad del precio de junio 1993". Los precios se derrumban y las ventas en las subastas no progresan. Y la recesión no sólo afecta al sur de la India: el precio del 40% de todo el té vendido en las subastas no cubre los costes de producción. Esta situación se debe a una oferta pletórica desencadenada por un aumento de la producción, la formación de stocks reguladores en las grandes empresas y el descenso de las exportaciones Las partes implicadas se achacan mutuamente la culpa.

Estos informes inquietantes han unido al gobierno y al sector en un esfuerzo para acabar con la crisis y ofrecer nuevos estímulos a las empresas. El gobierno decidió tomar medidas de protección , entre otras una restricción de las cantidades recogidas entre diciembre 94 y febrero 95. Después de la intervención de las autoridades indias, los precios subieron ligeramente en las subastas.

En el Sur de la India, la crisis ha golpeado sobre todo a los pequeños productores de té y los trabajadores de las plantaciones. Si las empresas grandes como Tata Tea y Brooke Bond Lipton India Ltd obtuvieron márgenes reducidos, son lo suficientemente fuertes como para aguantar la crisis. En cambio, los pequeños productores se encontraron sin salida para su producción y las grandes plantaciones suspendieron la cosecha. con el despido de miles de trabajadores. Un verdadero desastre para muchos trabajadores y sus familias que perdieron su sustento.

De todas maneras, hasta en tiempos de altos precios, los pequeños productores y los traba jadores de las plantaciones no reciben ningún beneficio. A pesar de la ley de igualdad de remuneración- y de la ley sobre la mano de obra de las plantaciones, las mujeres y los hombres no reciben la misma remuneración, los sueldos en general son bajos y las condiciones de trabajo de muchos trabajadores indios son muy malas, sobre todo en el noreste del país El trabajo infantil es muy frecuente en las plantaciones y a los pequeños productores les cuesta mucho trabajo sobrevivir, estén o no organizados en cooperativas, dada la fuerte competencia que les hacen las transnacionales.

Esta situación no se limita a la India. Durante la colonización británica, se reclutaban tamules en la India para hacer de peón en las plantaciones de Sri Lanka, el mayor exportador de té del mundo. Desde entonces, estos tamules se encuentran desfavorecidos. Sus casas son rudimentarias, el agua es mala, la electricidad no funciona bien y las instalaciones sanitarias son inadecuadas. Sri Lanka no tiene sueldo mínimo y el número de inspectores de trabajo, que velan por el cumplimiento de las normas legales, no es suficiente, como en la India.

Comercio mundial

Si bien el té procede de China, la India, Sri Lanka, Bangla Desh, Indonesia, Kenia, Tanzania, Malawi y Zimbabue son actualmente los principales productores. El té de los países africanos, que lo producen desde hace relativamente poco tiempo, es muchas veces de calidad superior y constituye una competencia para los países de más tradición.

A falta de datos definitivos para 1994, se supone que la producción mundial estará muy próxima a la del ano récord de 1993 (más de 2,5 millones de toneladas). Sin embargo, las tasas de crecimiento varían mucho de un país a otro. En Sri Lanka, el tercer productor, la producción aumentó en un 8% y, en Bangla Desh, en un 5%. En los países de África oriental, también se registró un ligero aumento de la producción, mientras la producción india fue inferior en más de 1% a la producción del año anterior, a pesar de las condiciones climáticas favorables (esta bajada se puede atribuir en gran parte a la intervención del gobierno indio).

Dado que se consume mucho té en los países productores, los más grandes productores no son necesariamente los más grandes exportadores. En el 1994, sólo se exportó el 40,5'1O de la producción mundial: un total de 1.009.438 toneladas, lo que supone un ligero descenso frente a las 1.147.661 toneladas de 1993. Se notó en especial una caída de las exportaciones de los principales productores asiáticos, con la excepción de Sri Lanka que consiguió un volumen de exportaciones récord de 225.086 toneladas. Puede ser que el bajón sufrido por las exportaciones de Bangla Desh, Indias Indonesia y China se deba a una reducción de la demanda de los antiguos países soviéticos.

Precios

Dada la enorme diversidad de la calidad, los precios del té varían mucho. A la inversa del café, no hay un sólo precio mundial para el té, y sin embargo los precios fluctúan mucho.

En 1994, la India producía el 30% del volumen total. Se podría esperar que esta situación daría al país una posición de fuerza a la hora de determinar los precios del té, pero no es necesariamente así. Aunque la cantidad y calidad de la cosecha india de té afecta las cotizaciones, su impacto es limitado. Las relaciones económicas entre el Sur y el Norte y el poder de las transnacionales juegan un papel mucho más decisivo.

En primer lugar, los países en desarrollo dependen de las divisas para financiar su des arrollo económico y técnico y para amortizar deudas. Y las exportaciones son clave para tener divisas. Hoy en día, más de 30 países cultivan té y la economía de muchos de ellos depende fuertemente de la exportación de este producto. Cuanto más depende un país de Uso los ingresos por exportación, más decisivos son los precios del té para su desarrollo. Desde finales de los anos setenta, los precios apenas han variado, o sea, han bajado en términos reales. Estados como el Ruanda (que recibe de la venta de té y café más del 90% de sus divisas) están especialmente afectados. No son sólo los gobiernos nacionales los que sien ten las consecuencias: la caída de los precios del té se transmite a los grupos más desfavorecidos del país a través de una disminución de los sueldos y de una inflación alta. Para compensar la reducción de los ingresos por exportación y la disminución de su poder adquisitivo, muchos países aumentan las superficies cultivadas y las exportaciones. Entre 1980 y 1990, la producción mundial aumentó en más de 40%. Y en los últimos años, grandes productores como Bangla Desh, India, Kenia, Malawi y Tanzania han añadido 130.000 hectáreas a sus cultivos. Además, desde los años 1960, el nacimiento de la industria africana del té hace más dura la competencia, lo que ha provocado un descenso continuo de los precios. Se prevé que la producción seguirá incrementándose en los próximos anos, mientras que el consumo no variará. En 1994, el aumento casi general de la producción y la reducción de la demanda dieron lugar a un descenso de los precios en casi todas las subastas. t En Londres por ejemplo. el precio cayó en un 3,6% en comparación con 1993. No se espera una subida de los precios del té a corto o mediano plazo.

El té se suele exportar en cajas. En el país comprador, se mezcla y se envasa, lo que es la parte más lucrativa del negocio del té. Los grandes beneficios no vuelven al productor sino que se realizan en los países consumidores que mezclan y envasan el té. En Europa, del 30 al 50% del precio de venta al público va para la mezcla, el envase, el material de envase y la promoción. Es cierto que muchos productores intentan vender té transformado en bolsitas o cajitas. Sin embargo, la exportación del té listo para consumir tiene que vencer por lo general varios obstáculos: estrategias de márketing deficientes, falta de capital para lanzar promociones costosas, etc.

Productores

El té sigue siendo un producto típico de las plantaciones que comparten características agrícolas e industriales. El trabajo en el terreno es sobre todo agrícola y requiere mucha mano de obra La plantación, el cuidado y la recolección se hacen a mano. En las zonas tropicales, se puede cosechar todo el ano, un trabajo realizado en general por las mujeres. Se ponen las hojas en canastas o en sacos que las mujeres llevan a cuestas hasta un punto de recolección donde se pesan v se transportan a la fábrica.

La transformación suele ser industrial y a gran escala. El té se debe transformar el mismo día de su cosecha, por lo que debe haber una fábrica en la plantación o en los alrededores. En la fábrica, el té está sometido a cinco tratamientos distintos. Muy mecanizada, esta etapa sólo emplea el 10% del total de la mano de obra del sector del té.

Trabajo en las plantaciones

La situación de los trabajadores de las plantaciones varía tanto entre países como dentro del mismo país. Pero en general se puede afirmar que los productores de té, o sea los dueños de las plantaciones y las empresas estatales, sólo pueden sobrevivir pagando sueldos bajos mientras los precios del té siguen siendo bajos también. No se consigue aplicar las leyes del trabajo y los sueldos mínimos a favor de los recolectores y trabajadores de las plantaciones. En la India, por ejemplo, se reformó el sector de las plantaciones después de la independencia y se aprobaron leyes para proteger a los trabajadores. Sin embargo, el control de su cumplimiento es ficticio y las sanciones de las infracciones son tan pequeñas que a los dueños de plantaciones les importa un comino. El cumplimiento de la ley se deja de esta manera a la libre elección de los empleadores cuya prioridad no es desde luego mejorar las condiciones de trabajo. En el sur de la India, cerca de las ciudades y en las grandes plantaciones, las condiciones son relativamente buenas, mientras que en el norte y noreste, muchos recolectores siguen viviendo en condiciones desastrosas. En la India, los trabajadores de las plantaciones tienen un alto grado de organización. Pero la rivalidad de los sindicatos presentes en las plantaciones tienen como consecuencia que cualquier agitación laboral resulta más beneficiosa para los empleadores que para los trabajadores. Los dirigentes "elegidos" del sindicato no siempre defienden los intereses del grupo de hombres y mujeres de la plantación. Estos trabajadores forman parte del grupo socioeconómico más bajo y que cuenta muchas mujeres y Adivasi (indígenas) en sus filas. Los dirigentes son muchas veces "intrusos" de clase media que, en ciertos casos, no sólo sienten indiferencia hacia los Adivasi, las mujeres y los peones, sino que les tratan con prejuicios.

Pequeños productores de té

A pesar de que el té es un producto típico de las plantaciones, también lo cultivan pequeños campesinos en muchos países. En Sri Lanka, por ejemplo, producen más de la mitad del té y en Nilgiris (la región más grande del Sur de la India para el té), la producción a pequeña escala es la más extendida. El té de Kenia proviene casi exclusivamente de pequeños productores que lo consideran un producto rentable: da trabajo e ingreso durante todo el año, necesita relativamente poca inversión y es poco probable que la cosecha no dé algún fruto al menos. Los pequeños productores venden su cosecha a intermediarios, plantaciones o fábricas que compran té verde, lo transforman y lo venden. El precio que se paga por el té verde suele ser bajo. Según los intermediarios, el té suministrado por los pequeños productores es inferior al té de plantación, lo que hace bajar aún más el precio. Se dice que los campesinos no disponen de los conocimientos necesarios para cosechar y conservar las hojas y cuidar los arbustos y el suelo. Debido a las dificultades de transporte, su té espera muchas veces demasiado antes de ser transformado, lo que disminuye todavía más la calidad. Además, los pequeños productores no suelen disponer de los recursos suficientes para hacer las inversiones necesarias (riego, abono, etc.).

Comercio justo

Ya hace mucho tiempo que el té forma parte del surtido de las organizaciones de comercio justo europeas, Los miembros de la EFTA importan té de 17 organizaciones en Asia y África, en la mayoría de los casos sociedades privadas, como Stassen Sri Lanka, pero que en algunos casos son pequeños productores (véanse los recuadros con e caso de Zimbabue).

Desde 1994, dos marcas garantizan el origen "justo" del té. Se trata del sello TransFair utilizado actualmente en Alemania, Luxemburgo, Austria y Japón, y de la Fair Trade Mark en el mercado británico. Ninguna de las marcas limita las compras a pequeños campesinos, De hecho, sus registros de productores incluyen grandes plantaciones que tienen que cumplir por lo mínimo los criterios legales del país era materia de condiciones de trabajo (sueldo mínimo, alojamiento y asistencia sanitaria). Ninguna de las dos organizaciones impone un precio mínimo, pero si exigen que se pague una prima además del precio de mercado (éste debe cubrir por lo mínimo los costes de producción). Estas primas o sobreprecios alimentan un fondo en beneficio de los trabajadores. Un Órgano consultivo, formado por representantes de trabajadores y de la dirección. asigna los fondos, Con estas condiciones, las relaciones entre trabajadores y dirección son fundamentales. Productores desfavorecidos

La situación de muchos productores de té es angustiosa. Hay un gran grupo de trabajadores y campesinos desfavorecidos y son ellos quienes más se beneficiarían con las condiciones del comercio justo.

En las plantaciones viven millones de trabajadores, en condiciones que dejan muchas veces mucho que desear Comprar bajo condiciones justas a las plantaciones que pagan y tratan bien a sus trabajadores puede significar un paso significativo hacia la eliminación de la pobreza estructural. Claro está. sin embargo, que las relaciones con los pequeños productores de té siguen siendo una opción importante, puesto que es la mejor manera de dar poder a los productores. Un problema obvio es que los pequeños productores dependen de las fábricas. en manos privadas. para la transformación de su té. Para ser dueño de una fábrica, hace falta mucho capital, por lo que hay muy pocas cooperativas que tengan su propia fábrica. Además, con muy pocas excepciones, se considera que el té de los pequeños productores no tiene calidad suficiente para la exportación. En general, los campesinos no disponen de los conocimientos indispensables para cosechar y conservar las hojas y cuidar los arbustos y el suelo. Además, no suelen disponer de los recursos necesarios para hacer las inversiones necesarias y crear su infraestructura de transporte.

Existen pequeños campesinos, tanto en África como en Asia, que se han organizado para resolver estos problemas. Gracias a una organización adecuada consiguen la misma calidad que las grandes plantaciones privadas. Un ejemplo conocido de esto lo constituye el organismo semiprivado keniano "Kenyan Tea Development Authority", que se ha convertido en el mayor exportador de té del mundo.

En los Países Bajos, la Fair Trade Organisatie, junto con el Grupo neerlandés de trabajo sobre la India y Max Havelaar, se está planteando nuevas maneras de cooperar con los pequeños productores de té. Sus estudios muestran que no es imposible importar de otras cooperativas de pequeños productores. En el sur de la India, hay fábricas de cooperativas y los campesinos comienzan a organizarse en Sri Lanka también. Sigue habiendo problemas, sobre todo en el campo de la calidad, pero el comercio justo puede dar precisamente la ayuda que las cooperativas necesitan para convertirse en una contraparte comercial fiable capaz de suministrar té de buena calidad.

ANEXOS

Grandes empresas de té

En buena medida, los precios del té los determinan la oferta y la demanda. Pero grandes negociantes del té, como Brooke-Bond Lipton Ltd (Unilever), Lyons Tetiey y Premier Brands tienen una influencia considerable en esta oferta y demanda y, por consiguiente, en la determinación de los precios. La concentración del mercado es muy alta: el 90 del comercio occidental está en manos de 7 transnacionales y el 85% de la producción mundial pasa por las transnacionales. Su poder es determinante en todas las subastas de té. Su política de compra influye mucho en los movimientos de precios y la demanda de ciertas calidades de té. La concentración horizontal (la propiedad de plantaciones y fábricas) se añade a la concentración vertical (control de compañías de transporte, de barcos). Esta concentración de poder, en la cual una sola compañía controla a veces todo la cadena de producción desde el arbusto hasta la bolsita, permite mucha manipulación, como ocurrió por ejemplo a mitad de los años 1980 cuando los precios del té indio subieron bastante a raíz de las grandes cantidades que compró la Unión soviética al mismo tiempo que el consumo interno de la India subía. Las transnacionales decidieron reducir estas altas cotizaciones y dejaron de comprar té indio, lo que redujo poco a poco el precio. Durante este período, el gobierno indio intentó dos veces controlar el mercado imponiendo restricciones a las exportaciones para evitar penuria en el mercado local. Al mismo tiempo, fijó un precio mínimo para las exportaciones con la idea de mantener los precios altos. En aquel momento las transnacionales decidieron retirarse simultáneamente del mercado indio, lo que detuvo totalmente las exportaciones. El gobierno indio no tuvo más remedio que suprimir las medidas. Las transnacionales se pueden permitir estas acciones gracias a su gran flexibilidad, sus stocks reguladores y sus transacciones especulativas. Aumentan su flexibilidad reduciendo diferencias de calidad. Con la excepción de algunos países que exigen calidad, hay en todo el mundo una degeneración y adaptación constante de las calidades de té. Muchas calidades de té son ya intercambiables y se compran donde son más baratas.

Criterios del comercio justo

Precio justo
En el comercio justo, los precios pagados deben cubrir como mínimo los costes de producción y ofrecer un margen adicional para mejorar las condiciones de vida y trabajo e invertir en el futuro (esto incluye entre otras cosas la conversión a la agricultura biológica, programas de educación y formación para los pequeños productores).

Relación a largo plazo
Los productores son muy vulnerables a las fluctuaciones imprevisibles del comercio internacional del té. En principio, las organizaciones de comercio justo mantienen relaciones comerciales a largo plazo, por lo que los productores pueden planificar con seguridad. Pueden así elaborar programas de desarrollo social o de conversión al cultivo orgánico y fijarse objetivos a largo plazo.

Envase
Las organizaciones de comercio justo prefieren que el envase se haga en el país de origen. De esta manera, los productores reciben un valor añadido y crean nuevos puestos de trabajo. Para las organizaciones con quien trabaja el comercio justo europeo, esta medida es particularmente importante: no se conforman con ser tan sólo el proveedor de una materia prima que se suele transformar, mezclar y envasar en los países industrializados.

Los primeros en cultivar el té en forma orgánica

Las organizaciones de comercio justo también favorecen métodos de cultivo y producción no contaminantes. No se trata sólo de proveer al consumidor de alimentos no contaminados: para los trabajadores de las plantaciones, es muy importante preservar su salud y, desde una perspectiva a largo plazo, el cultivo orgánico contribuye a aumentar la fertilidad del suelo y restaurar el equilibrio ecológico en una región, que se pierde con el cultivo intensivo del té. En los monocultivos, es preciso utilizar de manera intensiva pesticidas y abonos para proteger las plantas y mejorar la productividad. El suelo pierde su fertilidad y la aplicación de abonos químicos y pesticidas sin la debida protección pone en peligro la salud de la gente que trabaja y vive en las plantaciones. La falta de normas de seguridad y la contaminación creciente del agua potable contribuyen a aumentar los problemas de salud.

La organización de comercio justo alemana Gepa fue pionera en este campo. En colaboración con Stassen, su contraparte comercial en Sri Lanka, lanzó el primer proyecto de té orgánico en 1986. Se sustituye el abono artificial por compost hecho de excrementos de vaca y plantas recogidas cerca de la plantación. La mezcla se distribuye a mano. Arboles con mucha sombra evitan la erosión del suelo y mejoran el microclima alrededor de las plantas. Al principio, el rendimiento bajó notablemente, pero se estabilizó después de unos años. El rendimiento del cultivo orgánico del té es más bajo que el del cultivo tradicional, pero el crecimiento más lento produce un té más aromático. En las plantaciones biológicas, hay más mano de obra empleada que saca provecho de la mejora de la infraestructura y los servicios sociales. Hoy en día, hay siete pequeñas plantaciones privadas que toman parte en el programa de té orgánico que incluye una vertiente social para los trabajadores. La asistencia sanitaria, la vivienda y la educación han mejorado mucho. Los jóvenes aprenden el oficio de sastre o albañil para no depender sólo del té. A través de los comités de empresa, los trabajadores tienen un poder real de decisión en los asuntos de la plantación.

Hoy en día, las organizaciones de comercio justo europeas compran té biológico a distintas plantaciones en Asia, la plantación Samabeong en Darjeeling, Singampatti en el sur de la India y Idulgashena en Sri Lanka.

El té de los pequeños productores de Zimbabue

En Zimbabue, la producción de té no se limita a las grandes plantaciones. Muchos campesinos completan su producción de cultivos de autoconsumo con el cultivo del té. Patrick Chikomba, coordinador de la Asociación de productores de té del valle de Honde, cerca del frontera con Mozambique, recuerda que "fundamos la asociación en los años 70 para hablar con una sola vez a la hora de determinar el precio de compra. El valle de Honde es muy extendido y por esto tenemos una estructura descentralizada. Las reuniones se celebran en las proximidades del lugar de residencia de los campesinos para que puedan encargarse de las tareas administrativas a nivel regional". Los 600 miembros activos de la asociación viven dispersos en pequeños pueblos de diez a veinte familias cada uno. Dentro de la asociación, cada pueblo constituye un grupo de productores.

Los campesinos del valle de Honde venden su té a la fábrica de Katiyo. Esta sociedad vende su propio té y el de la asociación de pequeños productores. En base a un precio fijado cada año, compra y transforma las hojas de té. La fábrica pertenece a la Agriculturas Rural Development Authority (Instituto de desarrollo agrícola y rural, ARDA), una empresa semiprivada. El objetivo de ARDA es el de mejorar el suministro de los productos alimenticios de base y aumentar la transformación de los producdos agrícolas. "De momento, la transformación y exportación se debe hacer en la fábrica de Katiyo de ARDA, puesto que no tenemos la infraestructura necesaria (la fábrica de té). Sin embargo, tenemos fe en el futuro, porque ARDA está a favor de la independencia de la asociación de pequeños productores y apoya su estrecha colaboración con las organizaciones de comercio alternativo", declara Patrick Chikomba.

La diferencia de precio que recibe la asociación de las organizaciones de comercio justo alimenta un fondo administrado por los campesinos que sirve para financiar programas de desarrollo social y económico. Un servicio de asesoría agrícola realiza cursos de control de la calidad. En colaboración con los campesinos, la asociación elabora propuestas para optimizar el cultivo en pendientes. Además, con los recursos del fondo, se han comprado bicicletas y carretillas para que los campesinos que viven en zonas alejadas puedan llevar el té a los puntos de recolección. En la asamblea de socios se aprueban los proyectos y se asignan los fondos. Los representantes de las regiones transmiten las ideas de los socios a la comisión de gestión. Patrick Chikomba puntualiza: "Hasta ahora, hemos vendido sólo una parte del té al comercio alternativo. Por esto, no queremos repartir la diferencia de precio a ciegas. Queremos proyectos de desarrollo que revierten en el bien de todos."