Téxtiles y ropa:
Migración hacia los países con mano de obra barata

Los textiles no son tan sólo un bien de consumo que sirve para satisfacer una necesidad básica, es también un campo dominado por la moda. En Europa occidental, la gente se permite el lujo de "usar" hasta 10 kg de ropa cada año. Por lo general, la ropa que compramos no está fabricada en nuestro país puesto que los textiles son productos del mercado mundial. Así una americana "alemana" puede haber seguido los procesos siguientes:

El algodón de Kazakhstán está hilado en Turquía y se teje en Taiwan. Esta tela se estampará quizás en Francia con tintes hechos en Polonia y China. Durante la confección, se usará tal vez en combinación con un forro suizo para hacer una prenda concreta"...

La declaración de origen y materiales en las etiquetas no indica sus múltiples procedencias. Esto se debe a que la industria textil busca países donde la mano de obra es barata.

Comercio mundial de los textiles

Hace unos años, se podía describir de manera simplificada el comercio mundial de los textiles como un comercio entre los tres bloques. Ahora, el panorama político se ha modificado drásticamente y el "Segundo Mundo" ha desaparecido. En consecuencia, el sector textil ha estado sometido a grandes mutaciones. Sus centros de producción y, por consiguiente, los flujos comerciales, se han desplazado de los países industrializados de Occidente hacia los nuevos países industrializados de Asia y Europa del Este (véase recuadro). En realidad, no son los paises sino las empresas las protagonistas de la producción y del comercio de los textiles, muchas de ellas pequeñas y medianas. Sin embargo, grandes multinacionales del textil y la ropa y grandes cadenas de distribución, como el grupo C&A Brenningmeier o el grupo Steilmann, controlan la mayor parte del mercado mundial. Son los que "mueven los hilos". Utilizan los distintos modos de producción - desde la producción en serie en grandes fábricas hasta las empresas familiares o pequeñas. Para esto, subcontratan la producción a otras empresas para conseguir los costes de producción más bajos posible. Mientras tanto, empresas en Hong-Kong, Corea del Sur, la India y otros nuevos países industrializados han empezado a desempeñar un papel similar. Operan en (otros) países del Tercer Mundo y hasta en los países desarrollados tradicionales.

Desde los años setenta, muchas de estas grandes empresas han instalado fábricas en zonas francas del Tercer Mundo donde gozan de privilegios fiscales. En estas zonas se confecciona la ropa con tela importada (en general), se plancha y se empaqueta con máquinas importadas (en general). Esta ropa lista para llevar se vuelve a exportar hacia los mercados opulentos del Norte. Estas fábricas emplean casi sólo mujeres que trabajan muchas veces en condiciones inhumanas. En Honduras, en el parque industrial "Galaxi Industries" de origen coreano, más de 2000 mujeres producen jerseys de la marca conocida "Liz Clairborne" destinados al mercado estadounidense.

Estos "talleres alargados" de los países industriales se encuentran cada vez más en los países del antiguo bloque soviético. En un antiguo complejo textil de Jánosháza (Hungría), mujeres hacen cubreasientos para Mercedes con tela alemana suministrada por la empresa austriaca Eybl.

Industria textil en el Tercer Mundo

Sin embargo, muchos países en desarrollo no aparecen en el nuevo mapa textil. En los últimos años, la mayoría de los países de Africa negra han debido aceptar un descenso en su industria textil y se han vuelto cada vez más dependientes de las importaciones de ropa usada del Norte. Pero en otros países, sobre todo en Asia, el sector está en auge.

Producción de ropa en India

La ropa y los textiles son la principal exportación de la India, con un 11% del total. La producción para el mercado interior es insignificante. Sólo una pequeña parte de la élite urbana lleva ropa de confección, y el resto se conforma con ropa no cosida como los sari o lungi, o con ropa hecha por un sastre. El gobierno indio pretende convertirlo en el sector de exportación de más rápido crecimiento. De momento, el 80% de estas exportaciones dependen del Acuerdo multifibra. Por esto, las autoridades indias consideran esencial que los acuerdos multifibra dejen el espacio suficiente para garantizar un fuerte crecimiento. Para promover la exportación de ropa, el gobierno ha liberalizado considerablemente el sistema de licencias y deja que los empresarios elijan libremente la organización de la producción. El método más barato - y con diferencia - es delegar al sector informal la producción que requiere mucha mano de obra. Sin embargo, esta práctica trae como consecuencia que es difícil controlar las condiciones de trabajo y de contratación. Al mismo tiempo, la India está inmersa en un problema de desempleo creciente. Por esto, un objetivo importante de la política de empleo del gobierno es proteger y promover el sector de las pequeñas empresas, sobre todo las que requieren mucha mano de obra. En consecuencia, los impuestos son más elevados para las grandes empresas que para las pequeñas y, en varios sectores, las empresas de más de 50 empleados no pueden extender su capacidad. El gobierno ha tomado también una serie de medidas para promover la creación de pequeñas empresas: subvenciones, trato preferencial en adjudicaciones públicas e incentivos a las grandes empresas para que subcontraten a las pequeñas. Además, las pequeñas empresas están exentas de una parte de la legislación laboral adoptada para proteger los derechos de los trabajadores. No es de extrañar, pues, que la pequeña empresa haya tenido un crecimiento gigantesco en los últimos años. Sin embargo, la eficacia de la politica de empleo que lleva el gobierno es limitada. Son sobre todo las pequeñas empresas que hacen uso de técnicas de producción relativamente modernas que se han beneficiado de las medidas, por lo que la oferta de mano de obra ha seguido aumentando y los sueldos no se han revalorizado. Los comerciantes occidentales encuentran cada vez más barato proveerse de ropa en la India y otros países del Sur.

Ropa de Bangla Desh

La industria de la ropa está en auge en Bangla Desh, con exportaciones que aumentan un 20% cada año desde hace unos años. De 3,2 millones de dólares en 1981 pasaron a 700 millones en 1991, con lo que la ropa se ha convertido en el principal producto de exportación del país. ¡Así, la ropa representaba el 90% de todas las exportaciones de Bangla Desh con destino a los Países Bajos! Los productos son sobre todo prendas sencillas, que requieren máquinas sencillas y mucha mano de obra. El comprador suministra la tela, aunque el pais ha acumulado muchos conocimientos en la fabricación de tela para camisetas, de las cuales se ha convertido en un proveedor importante. Bangla Desh tiene 1500 fábricas de ropa con unos 300 a 400 trabajadores en cada una. La competencia entre ellas es muy fuerte. La gran mayoria de los trabajadores (el 80%) son mujeres y el 30% son niños y niñas. Las mujeres y las niñas sobre todo constituyen una mano de obra barata. Desempeñan un papel totalmente desconocido en la cadena de consumidores (que buscan camisetas baratas), grupos de tiendas y comerciantes que venden barato, pero con beneficios, y fabricantes de Bangla Desh que persiguen los mismos objetivos.

Fatema trabaja en el sector de la ropa desde los trece años. Puesto que es la mayor de un conductor de rickshaw, sus ingresos son muy bien recibidos en su familia. Cambió su anterior trabajo en Excell Garments Ltd, donde hacia un poco de todo, por su puesto actual en Dax Garments Factory donde podía ganar más como costurera a máquina. Sin embargo, después de tres meses de trabajo, sólo ha recibido un mes de sueldo del director, a parte de golpes y gritos. Al preguntar a otros chicos y chicas que trabajan en la confección de ropa desde qué edad trabajan, se ve que muchos han empezado a los 10, 11 o 12 años. Algunos no están insatisfechos con su remuneración, pero no les gustan las horas extra que están obligados a hacer, hasta 48 horas sin interrupción. Miembro activo de la Federación de trabajadores de la confección (no se puede llamar sindicatos, prohibidos hasta el año pasado), Nazrul de 18 años da ejemplos de personas que han trabajado 72 horas sin interrupción. Su queja más fuerte es que no tiene nunca vacaciones, al igual que Latta, de 12 años, que no tiene un sólo día libre desde que empezó a trabajar en una fábrica de ropa hace 18 meses. Empleada del Asian American Free Labor instituto de Bangla Desh, Rosaline Costa explica: "Trabajan como esclavos, no tienen vacaciones ni días libres. Puesto que no pueden ir al lavabo durante el trabajo, los niños tienen problemas de riñón. ¿Quieren usar ropa confeccionada en estas condiciones?" Costa no niega la importancia vital de la industria textil para el futuro de este país. "Pero lo que digo es esto: de esta manera no, pisoteando a los niños, no. Además, hay que mejorar los sueldos y las condiciones de las muchas mujeres que trabajan en este sector. Sería muy bueno que Occidente sólo aceptara ropa producida de una manera digna." Desde que anunció su intención de fundar un sindicato de trabajadores del textil y, en particular, desde su aviso en la televisión americana: "Su camiseta está teñida con la sangre de miles de niños", Costa está constantemente vigilada. "Pero me da igual", añade, "con tal de que se haga algo contra el trabajo infantil."

En la actualidad, los consumidores, los negociantes y los fabricantes no parecen muy preocupados por la situación de los niños y las mujeres. Preguntamos a la Federación de trabajadores de la confección si un precio de compra más alto sería una ayuda. "No en todos los casos", nos contestaron, "pero en general, los sueldos aumentarían". La Federación y sus miembros luchan por su causa. Europa tendrá que aceptar que una camiseta "digna" se pagará a un precio más alto.

Soluciones en el comercio internacional del textil

Hace unos 25 años que las organizaciones europeas de comercio justo importan textiles (y otros productos) del Tercer Mundo. Estos productos artesanales proceden de miles de grupos de pequeños productores, sobre todo mujeres en zonas rurales o suburbanas. Las organizaciones de comercio justo asumen totalmente el cumplimiento de criterios sociales (véase abajo). Además, tienen en cuenta criterios ecológicos, aunque no sea siempre fácil. En la India, por ejemplo, las cooperativas que tejen a mano no pueden obtener algodón de cultivo biológico y requiere no poca habilidad ser a la vez competitivos, y respetuosos de los criterios sociales y ecológicos. Sin embargo, el mercado europeo de ropa ecológico y producida en condiciones dignas está en auge y la inversión será probablemente rentable a largo plazo.

Algunas organizaciones europeas de comercio justo - sobre todo Fair Trade Organisatie en los Países Bajos, Gepa en Alemania y Traidcraft en el Reino Unido - han creado recientemente nuevas líneas de productos de moda, por lo que sus contrapartes, como BRAC en Bangla Desh o Dezign Inc. en Zimbabue, pueden contar con pedidos más numerosos y más rentables. Esta novedad da a muchas mujeres del Tercer Mundo la oportunidad de encontrar un trabajo provechoso desde un punto de vista tanto social como ecológico.

Condiciones sociales

Desde luego, el modelo de relaciones comerciales directas con los productores de textiles que aplican las organizaciones de comercio justo no puede funcionar para el comercio mundial en general. No seria razonable desde un punto de vista económico, puesto que el compromiso con proveedores concretos conllevaría costes mucho más altos y, por lo tanto, una desventaja a nivel de competencia. Sin embargo, el comercio justo fija normas que otros podrían y deberían cumplir. Puesto que no se pueden hacer obligatorias por ley, ¿de qué otra manera podrían volverse imperativas? La Federación del textil y los sindicatos exigen que se incluyan estipulaciones sociales en los acuerdos comerciales. Pero, ¿es razonable hacer depender la liberalización prevista de este sector de estas condiciones sociales y ecológicas? Estas cuestiones se están debatiendo en la nueva Organización mundial del comercio y en la "Cumbre social". Por muy claras que sean las ventajas, hay también unas preguntas legítimas: ¿estas condiciones sociales no serán un pretexto para impedir a los textiles baratos de los países con mano de obra barata el acceso a los mercados del Norte? ¿Se puede justificar este proteccionismo?

Otra posibilidad sería la creación de una garantía de calidad para los textiles, como las marcas Max Havelaar o TransFair para el café, el té y otros productos alimenticios. Esto indicaría que se ha pagado un precio mínimo y cumplido otras normas sociales mínimas. La marca "Rugmark", atribuida a los tapices del Sur hechos sin mano de obra infantil, representa una vía parecida. Sin embargo, vistas las grandes diferencias en la producción de textiles entre países y regiones, será difícil determinar unas normas sociales fijas aplicables al mundo entero. A pesar de este problema, la "Campaña por una ropa decente" de los Países Bajos sirve de ejemplo con su "Carta del comercio justo".

Hoy en día, a las organizaciones de comercio justo no les queda más remedio que defender los intereses de los productores del Sur con sus propios productos. Los productos en sí y la información que les acompaña sirven para sensibilizar la opinión pública, lo que permitirá aumentar el poder de los consumidores. Además, las organizaciones de comercio justo adheridas a la EFTA a nivel europeo elaboran medidas de presión para mejorar las condiciones del comercio del textil y de la ropa en general. En colaboración con asociaciones de consumidores, organizaciones ecologistas y empresas comprometidas, las organizaciones de comercio justo piden al sector europeo de la ropa que cumpla las normas sociales y ecológicas. Algunas empresas de la confección (como Steilmann en Alemania) y sociedades de venta por catálogo (Otto-Versand) ya respetan criterios ecológicos a la hora de comprar. Para que los criterios sociales se cumplan también, hace falta que los comerciantes de ropa se responsabilicen de toda la cadena de producción, empezando por los trabajadores a domicilio subcontratados por empresas de producción. ¡No se puede exigir a los países del Sur que paguen sueldos mínimos y cumplan otras normas sociales si las empresas y los consumidores del Norte no están dispuestos a cambiar sus hábitos de compra y pagar un precio justo!

En Tamil Nadu, 1.300.000 hombres y mujeres aproximadamente trabajan en unos 500.000 telares manuales. Además de saris (destinados al mercado local), tejen sábanas, mantas y otros textiles para el hogar destinados sobre todo a la exportación.

Dos terceras partes de los tejedores más o menos están organizados en cooperativas que están adheridas a la organización de segundo grado semipública Cooptex. Los servicios más importantes que Cooptex brinda son el de suministrar hilos baratos, asesorar a nivel técnico, de producto y de comercialización. También lleva a cabo programas de construcción de viviendas, de créditos a bajo interés y de recompra de las deudas que obligan a los tejedores a trabajar por un empleador concreto.

Un tejedor que trabaja la jornada completa recibe 1000 rupias de Cooptex, o sea más que un trabajador de fábrica. Una parte de los productos de cooperativas escogidas se vende a través de las organizaciones de comercio alternativo, lo que permite crear nuevos productos, conceder ventajas sociales y penetrar poco a poco los mercados extranjeros.

Creada en 1987, Dezign Inc. es una empresa privada marcada por el éxito y que tiene un compromiso social, ecológico y cultural. Es el socio reconocido de muchas organizaciones de comercio justo. Dezign Inc. emplea a unas 130 personas. Sus sueldos son bastante más altos que el sueldo mínimo asignado a los trabajadores de la industria. Además, los empleados reciben otras ventajas sociales (programa de ahorro, atención médica, etc.).

Los productos principales de Dezign Inc. son camisetas, tapices, mochilas, tarjetas de felicidades, etc. concebidos por artistas locales. Dezign Inc. apoya tres fondos nacionales de protección de la naturaleza y defiende proyectos de mejora del medio ambiente (en la producción de algodón, por ejemplo).

BRAC es un organismo de desarrollo semipúblico destinado a mejorar la vida de la población rural de Bangla Desh. Aarong, su división de comercialización, ayuda a unos 350 grupos de artesanos. BRAC Aarong tiene unos Z1.000 socios, de los cuales el 85% son mujeres (muchas veces discriminadas en una sociedad islámica). Trabajan en casa o en talleres.

Los productos principales de estos grupos son telas de algodón y seda, bordados Kantha, camisetas estampadas y cuero. Estos productos se tejen, tiñen y bordan en parte a mano (textiles) o se cosen en parte a mano (camisetas).

Las tarifas por prenda son más altas que las tarifas locales. Además, los socios reciben créditos a bajo interés y programas de educación.

Criterios sociales aplicados a la producción de textiles

Igualdad de tratamiento, sea cual sea el sexo, el nacimiento, la raza, la religión, la nacionalidad o la convicción política del trabajador.

No al trabajo infantil o al trabajo forzoso de los presos.

Ningún trabajo que pueda perjudicar la salud. Medidas adecuadas para los trabajadores.

Sueldos e ingresos mínimos nacionales para todos los trabajadores (que cubran las necesidades vitales de las familias).

Condiciones justas de trabajo: tope de horas de trabajo, pago de las horas extra, vacaciones.

Derecho de sindicarse o asociarse.

ANEXOS

EL ACUERDO MULTIFIBRA (AMF)

El AMF es un acuerdo especial aceptado por el GATT. Su objetivo es conservar el "comercio libre" en el sector del textil y, a la vez, evitar "perturbaciones" en algunos segmentos del mercado y proteger la industria textil de algunos países industrializados.

El AMF limita las exportaciones de países del Tercer Mundo cuya mano de obra es barata hacia los grandes países consumidores (UE, EE. UU.).

El AMF no prevé aranceles, pero sí contingentes para ciertos grupos de productos.

Con la creación de la Organización mundial del comercio (OMC) en 1994, el AMF deberá dejar de aplicarse gradualmente en los próximos diez años. Los nuevos países intermedios del Tercer Mundo serán los principales beneficiarios de la liberalización prevista.

Levi Strauss y C&A

Durante una investigación sobre el trabajo infantil en la India y Bangla Desh, Nick Buckley, un periodista del Mail on Sunday, encontró conexiones tanto con la empresa internacional de la confección C&A como con el fabricante de tejanos Levi Strauss.

Buckley dice: "Desde que estuve allí, para mí el trabajo infantil significa niños y niñas de once, doce o trece años que trabajan de las 8 de la mañana hasta la medianoche, en una fábrica, lejos de sus padres. Por la noche, comparten con tres o cuatro niñas una chabola hecha de bambú de tres por tres. Reciben dos raciones de arroz cada día, una vez con algo de verdura, y un poco de carne, quizá una vez a la semana. La mayoría de los niños que vimos no ganaban ni siquiera cincuenta peniques al día."

El fabricante dice: "Lo hacen por dineros No es verdad, no lo hacen por dinero, lo hacen porque están obligados. Porque tienen que comer, tienen que pagar el alquiler y necesitan ropa. La mayoría de los niños que vimos venían del campo. Pensaban ganar dinero, que podrían enviar a sus padres que se quedaron en el pueblo. Pero se dan rápidamente cuenta de que la mitad del sueldo de una semana de 70 horas la tendrán que destinar al pago del alquiler. Escriben a sus familias para disculparse: "Lo siento, no puedo ayudar a alimentar a mis hermanos o hermanas."

¿Por qué ocurre esto? Ocurre porque todo el mundo lo quiere. Las empresas occidentales buscan mano de obra barata y más beneficios y los países del Sur quieren su parte del negocio. Es una conspiración donde las víctimas son los niños. Y también los demás trabajadores. Estos países disponen de leyes que regulan los sueldos mínimos y la edad mínima para trabajar, pero no se aplican. Los empresarios no las cumplen y dicen a los niños que no revelen su verdadera edad y su verdadero sueldo a los extranjeros que se lo preguntan. Esta conspiración sigue adelante y los gobiernos de ambos lados tienen idéntica parte de culpa.

En nuestra investigación, nos centramos en dos empresas, una de ellas Levi Strauss en Bangla Desh. La multinacional afirmaba que ha suprimido el trabajo infantil. Se vanagloriaba de haber instalado una escuela en una de las fábricas. Cuando visitamos esta fábrica, de tres mil empleados, encontramos una sola escuela con tan sólo diecisiete alumnos, que se declararon decepcionados. La escuela iba a cerrar otra vez dentro de un mes porque habían alcanzado la edad "madura" de catorce años. Querían seguir estudiando, pero tenían que volver a la fábrica. Cuando vimos las condiciones en las cuales viven en las chabolas de bambú. nos dijimos: este sistema que somete la gente a la fábrica, las chabolas, las dos comidas por día es malo, aunque no haya trabajo infantil. Moralmente no es aceptable. Las empresas como Levi Strauss y los consumidores que somos tenemos la responsabilidad de intentar cambiar la situación .

"También nos encontramos con C&A. Me hablan dicho que puedes toparte con C&A en cualquier parte del mundo. Pero debo admitir que C&A envió un equipo de investigación a Bangla Desh cuando les contamos nuestras experiencias. También nos dieron toda la razón y admitieron que la situación era escandalosa. Cortaron toda relación con esta fábrica y cesaron al importador que les compraba. No les sonaba el nombre que dijimos. C&A dise estar contra el trabajo infantil y quizá lo esté. Pero si no saben a qué fábricas compran y ni siquiera lo averiguan, ¿cómo entonces sería posible lanzar un código o una garantía?

Una de las mejores declaraciones que he escuchado proviene del director de una empresa británica: "Por muy bonito que sea tu código, es muy poco eficaz sin un sistema riguroso de control". r es así. C&A ha prometido volver su práctica más estricta. Sin embargo, la clave del problema del trabajo infantil y de la explotación laboral es la creación de un sistema de inspección combinado con las presiones sobre los gobiernos y las asociaciones de fabricantes de productos textiles para obligarles a permitir la entrada a las fábricas de inspectores independientes y a dejar que vayan donde quieran, que hablen con los niños y otros trabajadores y que redacten informes independientes. Pero esto no será posible sin la ayuda de las empresas, los sindicatos y los consumidores occidentales."

Fuente: FNV, Een baan om de aarde, 1995