En marzo de 1997, dos tailandesas visitaron Europa para dar testimonio de las condiciones de trabajo en el sector textil. Taweesap y Yaowapa habían trabajado en una de las mayores fábricas de ropa de Bangkok, que pertenecía a la multinacional Eden. En su momento de máximo apogeo, tenía una plantilla de más de 4.000 trabajadores, pero, desde la creación de un sindicato en 1991, la dirección de Eden ha ido trasladando cada vez más la producción a pequeños talleres subcontratados. Estos suelen tener una estructura informal y hasta puede que estén en otros países donde la mano de obra es más barata. En 1996, Eden cerró su fábrica de Bangkok y despidió a todos los trabajadores sin indemnizarlos.
Las dos mujeres vinieron a Europa no sólo para dar a conocer su situación sino también para pedir cuentas tanto a la sede de Eden (en Austria) como a varios grandes grupos de distribución que compraban su producción.
La experiencia de Taweesap y Yaowapa es típica de las tendencias actuales de la industria de la confección, que se caracteriza por traslados sucesivos y por la transformación de las cadenas de producción con una utilización cada vez más grande de los subcontratistas. A estos cambios se añade la concentración del poder en manos de marcas y distribuidores.
|
El Acuerdo Multifibra y el nuevo Acuerdo sobre textiles y confección
Aplicado a partir de 1974 en el marco del GATT, el Acuerdo Multifibra (AMF) limita la importación en los principales países consumidores (UE y EE.UU.) de confección y productos textiles de los países con mano de obra barata. Cada país con mano de obra barata recibe un contingente anual de exportación hacia la UE y EE.UU. por cada categoría de producto.
El nuevo acuerdo sobre textiles y confección firmado en el marco de la OMC (Organización Mundial del Comercio) entró en vigor el 1 de enero de 1995 y prevé la abolición progresiva del sistema de contingentes del AMF antes del año 2005.
Es difícil prever las consecuencias de la abolición para los países productores. Se da por seguro que su desaparición aumentará la influencia de la competitividad relativa de los países productores a la hora de escoger los sitios de producción. El éxito depende de los factores siguientes:
Fuente : Angela Hale, Phasing out the Multi Fibre Arrangement - What does it mean for developing countries garment industries? Women Working Worldwide - The Labour behind the Label, 1997.
|
Surgido en los años sesenta, este cambio se ha acelerado desde 1975. Desde los sesenta, el sector de la confección está en retroceso, como consecuencia de la disminución de la demanda y de la competencia feroz entre países industrializados (1). Para rebajar costes, las empresas se dedican a reestructurar, a automatizar y a trasladar a otros países las actividades que requieren poca inversión y mucha mano de obra. En Europa, esto significó el cierre de las fábricas que no fueron capaces de adaptarse a las nuevas exigencias del mercado, lo que conllevó una pérdida considerable de empleos. Según Laurent Carroué (2), 1.400.000 empleos desaparecieron en quince años en la industria textil y en el sector de la confección.
Asia ha ocupado el vacío dejado por Europa: en 1994, ya producía el 50% de todas las exportaciones de ropa. (3)
Las medidas que se tomaron para proteger la industria europea surtieron pocos efectos. El Acuerdo Multifibra (véase el cuadro), firmado en 1974 en el marco del GATT (General Agreement on Tariffs and Trade, Acuerdo general sobre aranceles y comercio), tenía como objetivo restringir la competencia entre países industrializados y países con mano de obra barata. Sin embargo, no ha podido detener el auge de los traslados de empresas hacia países donde el coste de la mano de obra es bajo. A pesar de que el Acuerdo Multifibra ha costado cada año entre 4 mil y 15 mil millones de dólares a los países en desarrollo en concepto de ingresos perdidos (4), "no ha impedido que varios de ellos se hagan con una parte considerable del mercado mundial. Este régimen ha contribuido también a distorsionar considerablemente las condiciones de intercambio al fomentar el contrabando y ejercer una presión sobre los costes y precios de los productores, lo que ha impedido en muchos países una mejora de las condiciones de trabajo" (5).
|
Tirando de la bobina.
La industria de la confección ha tenido mucha movilidad para pasar de un país a otro. Al mismo tiempo ha pasado de la producción en fábricas a estructuras de producción menos clásicas (talleres informales, trabajo a domicilio, talleres ilegales). Así, una parte de las prendas que se solía confeccionar en Europa del Norte se importan ahora con frecuencia de pequeñas fábricas de Europa meridional. La producción que se sigue haciendo en Europa del Norte se hace en fábricas o se encarga a trabajadoras a domicilio y talleres clandestinos.
En los años cincuenta y sesenta, la cuenca mediterránea y el Medio Oriente (Túnez, Marruecos, Turquía) fueron los primeros destinos de los traslados de la industria europea de la confección. A esta época se remonta la importancia de la fabricación de ropa en Marruecos (hoy el segundo sector industrial con 180.000 empleos). En Túnez, este sector daba trabajo a la mitad de los operarios de la industria y representaba el 35% de las exportaciones en 1993. En Turquía, la confección y los textiles emplean a dos millones de trabajadores, sobre todo en talleres informales.
Al mismo tiempo, Asia vivió un auge similar, que se desarrolló en distintas fases en función de los sucesivos traslados de la producción de un país a otro, en una búsqueda constante de costes de producción más bajos.
Los de la primera fase (los llamados dragones de Asia suroriental: Hong Kong, Corea del Sur, Singapur y Taiwán) redujeron poco a poco su producción a la par que invertían mucho en los países asiáticos de la segunda fase: Tailandia, Filipinas, Indonesia y Malasia. En búsqueda de más ventajas comparativas, la tercera fase llegó a países tales como Bangladesh, Pakistán o Sri Lanka, y, más recientemente, Laos, Nepal, Camboya y, sobre todo, Vietnam.
|
En la mayoría de los países en desarrollo (6), la producción de la ropa para el mercado interno se distingue claramente de la producción de ropa de exportación, que suele estar en manos de extranjeros (en Camboya, por ejemplo, muchas fábricas pertenecen a surcoreanos). Hay ciertos casos, sin embargo, donde la producción está controlada por empresarios nacionales, lo que es el caso de la mayor parte de las fábricas de Bangladesh.
La producción de ropa de exportación suele tener importantes ventajas fiscales, aprovechando su ubicación en las zonas francas.
Concentración del poder y explotación del trabajador
A pesar del declive de los últimos años, las grandes empresas de la confección de Europa han reforzado su posición en el mercado. Sólo han sobrevivido las que han transformado radicalmente su actividad para pasar de la producción al diseño y a la compra y para vender una imagen en lugar de ropa. Fomentan el consumo con la creación constante de nuevos modelos y nuevas modas y con su inversión en publicidad y promoción. Han adquirido la capacidad de adaptar rápidamente su producción a una variación de la demanda.
|
La industria de la confección en Bangladesh
En Bangladesh, la expansión de la exportación de ropa empezó a principios de los años 80. El número de fábricas de confección pasó de unas 300 en 1978 a 2.500 en la actualidad, de las cuales 1.900 están en Dhaka y 350 in Chittagong (7). En manos locales en la mayoría de los casos, estas fábricas se dedican a la costura o a montaje, pero cada vez son más las que tratan directamente con los compradores de las marcas y los distribuidores americanos y europeos.
Gracias a este crecimiento espectacular que le ha llevado de una facturación de 31 millones de dólares en 1983 a 1.600 millones en 1996 (8), el sector de la confección se ha convertido en el primer sector exportador del país con el 63% de todas las exportaciones y ha desplazado al sector más tradicional del yute.
El desarrollo impresionante de este sector está estrechamente ligado a las oportunidades de exportación. Gracias a su estatuto de país menos avanzado, Bangladesh ha podido eludir en parte el AMF y obtener acceso libre al mercado europeo. Estados Unidos también ha otorgado grandes contingentes de importación a este país que se ha colocado entre sus principales proveedores. Este trato preferencial ha atraído a productores de países vecinos que han encargado una parte de su producción a empresas de Bangladesh para beneficiarse de mercados de exportación más sustanciales.
Si el diagnóstico del sector de la ropa de Bangladesh parece bueno a primera vista, conviene sin embargo matizarlo. Por ejemplo, depende casi totalmente del exterior para proveerse de material y accesorios: en 1994, pudo comprar en el país tan sólo el 4% de los 2,25 mil millones de yardas de tela empleadas (9).
Sólo el 30% aproximadamente del valor de las exportaciones de ropa queda en el país. El resto se asigna al pago de las telas, hilos y accesorios importados de los países vecinos (10). Puesto que goza de exenciones de impuestos para las importaciones de telas, accesorios y máquinas - y de facilidades especiales para la exportación - el sector de la ropa no ha hecho sino una contribución marginal al desarrollo del país. Su aporte esencial está en la creación de empleos (representa el 15% del empleo del sector industrial, o sea, millón y medio de trabajadores). Sin embargo, se trata de empleos con sueldos de hambre: las mujeres ganan entre 400 y 1.500 takas al mes, lo que no cubre siquiera los gastos indispensables de una persona que vive en condiciones precarias en los suburbios (se estima que hacen falta unos 1.700 takas por persona al mes).
La ausencia de material y accesorios producidos localmente provoca también plazos de producción largos e inflexibles y condena a Bangladesh a dedicarse a la producción a gran escala de artículos sin especificaciones que no están sujetos a la moda (camisetas, camisas clásicas, etc.).
También significa que el crecimiento y la supervivencia del sector de la confección de Bangladesh dependen necesariamente de su ventaja comparativa más importante: su mano de obra barata. Pero se trata de una ventaja frágil, puesto que otros países, como Camboya y Laos, también ofrecen costes de mano de obra bajísimos para atraer a los inversores. Desde la firma del TLC (Tratado de Libre Comercio de Norteamérica), Estados Unidos ha reducido las importaciones desde Bangladesh y prefiere tratar con las maquiladoras mexicanas a las cuales provee de telas y accesorios al mismo tiempo que se beneficia de una mano de obra más barata y de la cercanía al mercado. Si, en 1994, Estados Unidos compraba el 52% de las exportaciones de Bangladesh, en la actualidad sólo compra el 39,33%, mientras que Europa alcanza el 54,12% (11).
|
Este aumento de la flexibilidad se deriva del uso de estructuras de producción ligeras, donde intervienen varios subcontratistas capaces de producir rápidamente una prenda concreta o de ejecutar una etapa (corte, costura, confección, etc.). Gracias a la rapidez de los transportes y de las comunicaciones, pueden trabajar con subcontratistas en cualquier parte del mundo. Un gran número de empresas producen donde es más barato, donde la legislación social, fiscal y medioambiental es más flexible o donde es más fácil explotar a la mano de obra.
Las marcas y los detallistas ganan en todos los aspectos. Gracias a los subcontratistas, pueden producir ropa rápidamente y en pocas cantidades a precios bajos, lo que exime a las marcas o los distribuidores de toda responsabilidad como empleador, y les da las ventajas propias de un comprador. También les proporciona mucha flexibilidad a la hora de escoger a los proveedores y, por lo tanto, una capacidad fenomenal de presionarlos a nivel de precios, calidad y fecha de entrega.
En un extremo de la cadena hay unos pocos que concentran los beneficios, mientras que en el otro hay miles de hombres, mujeres y niños explotados, que son los que realmente producen los artículos. En lugar de ser una fuente de desarrollo para los países pobres, esta política suele ser la causa de condiciones de trabajo deplorables y ejerce una influencia negativa en el empleo, los logros sociales y los derechos del trabajador.
Pocahontas: ¿la vergüenza de Disney? (12)
Quality Garments es el nombre de un fabricante de ropa del polígono industrial de Sonapi, en Puerto Príncipe (Haití). Los trabajadores están hacinados en naves mal iluminadas y sofocantes. El aire está lleno de polvo y desechos de tejidos, no hay ventilación y el suelo está atestado de montones de material. Los trabajadores de semblante triste y cansado se esfuerzan por trabajar bien con unas máquinas de coser que pueden superar los veinte años. Cosen ropa para K-Mart, un distribuidor de Norteamérica, y pijamas de Mickey Mouse y de Pocahontas para Walt Disney.
Los trabajadores de Quality Garments trabajan entre 8 y 10 horas seis días a la semana. En períodos punta, deben trabajar también el domingo. Trabajadores entrevistados en agosto de 1995 afirmaron haber trabajado siete domingos seguidos. En otras palabras, trabajaron 50 días sin descanso, con un horario semanal que podía llegar a las setenta horas, y eso durante la estación más calurosa del año. En muchos casos, su sueldo es de 15 «gourdes» o 1 dólar al día, una cantidad muy inferior al sueldo mínimo legal de 2,4 dólares al día. A los trabajadores se les paga por prenda cosida. El nivel de producción que les permitiría ganar el sueldo mínimo sobrepasa la capacidad de la mayoría de ellos. Así, una costurera experimentada debería coser 204 bajos de pijamas al día para ganar 40 «gourdes» o sea 2,67 dólares al día. Sin embargo, en 8 horas sólo puede coser 144 prendas, por lo que no recibe más que 28 gourdes, el equivalente de 1,87 dólares. En estas condiciones, un trabajador medio sólo puede ganar la cuarta parte de lo que necesita para satisfacer las necesidades básicas de una familia de cinco personas.
|
¿Prohibir el trabajo de los niños?: un proyecto piloto en el sector de la confección de Bangladesh
En Bangladesh, más de 40 millones de niños pertenecen a familias que viven por debajo del umbral de la pobreza y que no pueden satisfacer sus necesidades básicas en el campo de la alimentación, la ropa, la vivienda, la educación y la salud. Puesto que sus familias no pueden sustentarlos, muchos de estos niños se ven obligados a ir a trabajar. Un trabajador de cada diez es menor de 14 años.
En marzo de 1993, el Congreso de Estados Unidos aprobó la ley Harkin que prohibía la importación de artículos producidos con trabajo infantil. El pánico invadió a los empresarios del sector de la ropa de Bangladesh, que despidieron a más de 40.000 niños para evitar perder su principal mercado. A falta de cualquier medida compensatoria, gran parte de estos niños se encontraron en la calle, a veces víctimas de la prostitución. Para reaccionar contra esta evolución dramática, la OIT, UNICEF, la embajada americana y el BGMEA (Bangladeshi Garment Manufacturers & Exporters Association, Asociación de productores y exportadores de ropa de Bangladesh) crearon un programa para abolir el trabajo infantil y, al mismo tiempo, acompañar a los niños despedidos. (Este programa prevé la inscripción de los niños en escuelas creadas al efecto, el pago de un subsidio mensual y la contratación preferencial de familiares en las fábricas de ropa.)
En julio de 1995, como reacción a la lentitud de la aplicación del programa, 40 organismos no gubernamentales americanos pertenecientes a la Child Labor Coalition amenazaron con un boicot. En consecuencia, el programa acabó despegando. Equipos mixtos de inspección formados por la OIT, UNICEF e inspectores de trabajo hicieron visitas sorpresa en las fábricas para asegurarse de que no había trabajadores menores de 14 años.
Se transmitía entonces la identidad de los niños a UNICEF que se encargaba luego de velar por su educación y de otorgar subsidios en cooperación con dos grandes ONG de Bangladesh.
El programa se basa en una estimación de 10.000 niños trabajadores que se remonta a 1995. En abril de 1997, 8.000 niños asistían a clase, por lo que los resultados parecen positivos. Sin embargo, en una segunda encuesta llevada a cabo en 1996, la OIT detectó unos 6.000 niños que no habían sido incluidos en la encuesta de 1995.
Para la OIT, se trata de un proyecto piloto. Otros proyectos similares están en camino en otros países. En Pakistán, por ejemplo, se estudia la explotación de los niños en la fabricación de balones de fútbol.
Sin embargo, el programa de Bangladesh no sólo ha recibido aplausos. Varios sindicatos y ONG lo han criticado y han sido apartados de su concepción y aplicación. Las principales críticas son las siguientes:
|
Las mujeres de Bangladesh, entre la emancipación social y la explotación económica
Cada día antes de las siete de la mañana, las aceras de Dhaka presencian un espectáculo inédito en la historia del país: centenares de millares de mujeres, antes condenadas a las tareas domésticas, se incorporan a su trabajo en las cadenas de confección. Este sector, que ocupa a millón y medio de trabajadoras, representa el 70% del empleo femenino. Muchas de ellas son jóvenes de las zonas rurales que su familia ha enviado a la ciudad para ganar el dinero que sus padres necesitan para casarlas "con honor" o, sencillamente, para sobrevivir cuando no tienen otra salida.
A pesar de que trabajan de 12 a 14 horas diarias, siete días a la semana, a pesar de que su sueldo no les permite llevar una vida digna y previsora y a pesar de que sufren el acoso sexual y hasta violaciones (entre el 1 de enero y el 13 de abril de 1997, se denunciaron 22 casos de violación contra jóvenes trabajadoras entre 14 y 22 años de edad (13)), prueban fortuna en una de las 2000 fábricas, y luego se van a otra, en búsqueda de algunos takas de más, una jornada más corta o condiciones de trabajo menos degradantes. Para los empresarios que buscan bajos costes de producción, la condición social y económica precaria de estas mujeres, muchas veces separadas de su familia, es una bendición. En estas condiciones, es muy difícil organizarse para defender los derechos del trabajador. Así, las mujeres que salen de noche de la oficina del sindicato, con carteles que exigen respeto por su día semanal de descanso, saben que se exponen a ser despedidas si la dirección se entera de su actividad sindical (14).
Vincular el comercio de la confección al respeto de los derechos humanos en el lugar de trabajo
Cuando los derechos fundamentales no están respetados en el trabajo, la globalización tiene un efecto negativo en las condiciones de vida y de trabajo, sobre todo en los países donde el sector de la confección es de reciente instalación. De hecho, a nivel internacional, la cuestión del aspecto social del comercio se plantea por primera vez en relación con el sector de los textiles y de la confección.
Iniciativas multilaterales
En 1947-48, la Carta de La Habana (en su artículo siete) intentó conciliar la expansión del comercio internacional con el respeto de los derechos humanos en el trabajo. De este intento, el GATT sólo se quedó con una disposición muy limitada relativa a la producción de bienes en las cárceles.
El gobierno de Estados Unidos y el Parlamento Europeo fracasaron en sus intentos por extender el GATT a otros temas sociales. En 1994, la declaración de Marrakech, abriendo camino a la creación de la Organización Mundial del Comercio, no hizo ninguna referencia explícita a las dimensiones sociales de la liberalización del comercio mundial. Tan sólo dejó la posibilidad de incluir "puntos adicionales" en el programa de actividades de la OMC.
Recordemos aquí que el tema debatido en Marrakech era la inclusión de una cláusula social en los contratos comerciales internacionales, con el objetivo de garantizar la aplicación de las convenciones fundamentales de la OIT, que son las siguientes:
En ella se prevé la aplicación de sanciones a los estados que no respetan estos derechos fundamentales.
Después de largos y agrios debates, que sobrepasaron con mucho el ámbito de acción del GATT, de la OIT o de la OMC, fue el mismo defensor de la idea de la cláusula social y de las sanciones, la Organización Internacional del Trabajo, quien abandonó finalmente la idea en abril de 1995 (15). Durante la conferencia de la OMC en 1996 en Singapur, la OIT propuso la creación de un aval social que se otorgaría a aquellos países que respetaran los derechos fundamentales de los trabajadores. Los participantes en la conferencia de la OIT de junio de 1997 no permitieron la ejecución de esta iniciativa
Sin embargo, se han tomado iniciativas multilaterales a nivel regional. Un ejemplo de esto es el Tratado de Maastricht de la Unión Europea que introduce un sistema de preferencias generalizadas aplicable de 1995 al 2004. Este sistema permite otorgar condiciones preferentes a los países que respeten ciertos criterios aceptados a nivel internacional en materia social y medioambiental. Se hace referencia explícita a las convenciones de la OIT sobre la libertad sindical, el derecho de organización y de firmar convenios colectivos y sobre la edad mínima de admisión al trabajo (conv. 138).
A por las multinacionales
Si los gobiernos son en parte responsables del respeto de los derechos humanos en la industria, las empresas multinacionales son lo bastante poderosas como para restringir su margen de acción en este ámbito. Estas empresas fijan precios, fechas de entrega, normas de calidad y ejercen presiones sobre los proveedores gracias a la posibilidad de escoger entre una multitud de "mejores ofertas". En algunas situaciones, estas presiones se pueden entender como un incentivo a practicar el "dumping social".
|
Levi's
En 1992, se acusó a la empresa americana Levi's de vender tejanos confeccionados por inmigrantes chinos trabajando en condiciones próximas a la esclavitud. Levi's reaccionó adoptando un código deontológico y promocionándose como un precursor en este campo, con un gran despliegue de actividad mediática. Se comprometió a escoger los sitios de producción en función de criterios laborales, sociales y medioambientales y a no asociarse a quienes no respeten su código. En la actualidad, el código de conducta de Levi's sigue siendo uno de los más estrictos adoptados de forma voluntaria por una empresa. Después de su adopción, Levi's rompió sus relaciones comerciales con Myanmar (Birmania) y Perú en 1992, y con China en 1993. Actualmente, lleva a cabo una investigación de otros 600 proveedores asiáticos. Según la empresa, esta investigación ha llevado a la ruptura total con el 5% de sus proveedores y a la mejora de las condiciones de trabajo en el 25% de los proveedores visitados.
Puesto que reconocen la responsabilidad de las marcas y de los distribuidores por las prácticas observadas en toda la cadena de producción, los códigos de conducta adoptados por las empresas son una herramienta valiosa para los organismos de defensa del consumidor, los sindicatos, las organizaciones de Comercio Justo y las organizaciones sociales. Sin embargo, su efecto será limitado mientras las multinacionales se nieguen a someter su código a un control independiente, puesto que no pueden garantizar al consumidor el respeto de los derechos humanos en el trabajo.
Reebok
En su código de conducta, Reebok afirma que "no trabajará con empresas que utilizan trabajo forzado". Sin embargo, los trabajadores de la fábrica de Yong Shing que pertenece al grupo industrial Liang Shing (socio de Reebok) sólo pueden salir de noche del recinto de la fábrica los fines de semana. De día, unos guardias vigilan constantemente a los trabajadores que van al comedor o al dormitorio. Una trabajadora dijo: "La fábrica es de hecho un campo de concentración. Somos presos sin ser criminales."
Fuente: 'Change', Hong Kong Christian Industrial Committee, junio 1996
|
A pesar de numerosos esfuerzos (16), no se han adoptado hasta ahora medidas legales obligatorias para modificar sustancialmente el comportamiento de las multinacionales. Peor todavía, los medios de control de su actividad son cada vez más escasos, lo que ha forzado a las Naciones Unidas a suprimir su centro dedicado al seguimiento y control sobre multinacionales y a proponer para sustituirlo directrices que no son de aplicación obligatoria y que no contemplan la posibilidad de introducir una acción ni de tomar sanciones legales, aunque sí prevén un mecanismo de seguimiento. Si la empresa no asume sus responsabilidades y si no hay sanciones legales, sólo queda la posibilidad de la sanción de la opinión pública.
Códigos de conducta ¿Sinceridad o publicidad?
Las grandes marcas y distribuidoras son muy sensibles a la opinión del consumidor, puesto que dependen de un mercado basado en una publicidad que renueva constantemente la identificación del consumidor con sus productos. En los últimos diez años, los consumidores se han concienciado cada vez más de las consecuencias sociales y ecológicas de su consumo. Algunas organizaciones de defensa del consumidor llevan a cabo campañas que revelan al público las prácticas de las multinacionales y cuestionan su imagen. En consecuencia, algunas multinacionales reaccionan y redactan códigos deontológicos para mostrar su respeto por los derechos humanos y los criterios éticos. En el sector de la ropa, las empresas norteamericanas han sido las primeras en adoptar estos códigos: en 1995, el 5% de ellas tenían un código, entre ellas, las más conocidas a nivel internacional. Europa sigue a América de cerca: marcas y cadenas importantes han adoptado recientemente este tipo de códigos.
Por lo tanto, el control independiente de estos códigos y de su aplicación constituye el objetivo principal de iniciativas tales como la "Clean Clothes Campaign" (17), que se basan en el ejercicio del poder sancionador de la opinión pública y, sobre todo, del consumidor.
La "Clean Clothes Campaign" o el poder del consumidor
La "Clean Clothes Campaign" tiene por objetivo animar a las marcas y los distribuidores a que adopten un código deontológico que haga referencia a las convenciones fundamentales de la OIT arriba mencionades, al respeto de unas condiciones mínimas de higiene y seguridad y de una remuneración que tenga en cuenta el sueldo mínimo del país. El código deontológico requiere un sistema de acción judicial y un control independiente. A las marcas y los distribuidores que firmaran un código de este tipo y que lo aplicaran, se les otorgaría un aval que sería una garantía de respeto de los derechos humanos en el trabajo.
La "Clean Clothes Campaign" pretende invitar a las marcas y los distribuidores a que usen de su poder, no para romper con los subcontratistas que violen los derechos del trabajador, sino para mejorar las condiciones de trabajo en cada etapa de la cadena de producción de la ropa que venden.
En la actualidad, esta campaña internacional se lleva a cabo en los Países Bajos, Bélgica, Suecia, España, Alemania, Suiza, Reino Unido e Italia (18). En cada país, sindicatos, consumidores, organizaciones de Comercio Justo, movimientos de jóvenes y de mujeres, así como ONG de cooperación han constituido coordinadoras y se han hecho acciones conjuntas para concienciar al público y negociar con las empresas del sector de la confección. Las coordinadoras de cada país intercambian información y promueven la creación de redes de organismos de trabajadores y ONG en los países productores. En Francia y Bélgica, las organizaciones de Comercio Justo juegan un papel decisivo en estas coordinadoras.
En mayo de 1997, el Parlamento Europeo elogió esta campaña e invitó a la Comisión a que le diera su apoyo activo (19). Habrá quizá una oportunidad para dar este apoyo en la primavera de 1998 (20). Gracias a la "Clean Clothes Campaign", el Tribunal permanente de los pueblos celebrará una sesión en Bruselas, para debatir sobre los derechos humanos en el trabajo, haciendo referencia explícita a las violaciones de estos derechos en el sector de la confección.
La producción de ropa de Comercio Justo no tiene nada que ver con la descrita hasta ahora. La mayor parte de las prendas que un consumidor puede comprar a una organización de Comercio Justo vienen directamente del grupo de artesanos que las han producido. La producción se suele hacer en zonas rurales, de una manera compatible con las tareas domésticas y agrícolas de las mujeres. Para escoger y evaluar estos grupos de artesanos, las organizaciones como EFTA añaden a las convenciones fundamentales de la OIT una serie de criterios en materia de desarrollo que son los siguientes:
|
AJ Quen Fundada en 1989, Aj Quen (lo que significa "tejiendo juntos") es una federación de organizaciones que agrupa a 2.300 artesanos de unos 40 grupos guatemaltecos. La gran mayoría son mujeres, muchas de las cuales perdieron su marido durante la guerra civil o por la represión militar. Aj Quen promueve el intercambio entre sus artesanos, se encarga de su formación y busca salidas para sus productos. Tejen chalecos, chaquetas, pantalones y otras prendas cuyas técnicas, colores y dibujos son tradicionales. |
La mejora de la calidad y la concepción de nuevos productos adaptados al mercado se hacen respetando estos criterios.
Las organizaciones de Comercio Justo llevan también varios años trabajando con empresas industriales privadas. Un ejemplo de éstas es Dezign Inc, (véase cuadro), una empresa que tiene su sede en Harare (Zimbabue) y que emplea la serigrafía para producir camisetas, mochilas y productos de papelería hechos a mano. En este tipo de relaciones, se añade a las exigencias de los criterios típicos de las organizaciones de Comercio Justo unos aspectos relacionados con la propiedad del capital y los ingresos.
|
Dezign Inc.
Creada en 1987, Dezign Inc. está convencida de la importancia de aplicar las prácticas de Comercio Justo y de respetar a los trabajadores, su identidad cultural y el medio ambiente.
Dezign Inc. ha ideado una técnica de impresión con tinta que no contiene solventes sintéticos. La empresa también se compromete con la sociedad de Zimbabue y realiza contribuciones importantes a programas de prevención del SIDA y ayuda a los que padecen la enfermedad (más de medio millón en Zimbabue).
Además de pagar un sueldo un 50% más alto que el sueldo mínimo legal para el sector, Dezign Inc. reembolsa una parte de los gastos médicos y de las cotizaciones a un plan de pensiones. Los 130 trabajadores también toman parte en las decisiones relativas a la organización del trabajo, a ciertas inversiones y al reparto del beneficio al final del año.
|
Durante 1997 y 1998, los socios de la Network of European Worldshops (NEWS Red de tiendas solidarias europeas) llevan a cabo una campaña titulado HECHO CON DIGNIDAD a través de la cual promueven el Comercio Justo de la ropa, el cuero y los juguetes.