El comercio y la inversión que dependen de la explotación de los más marginados de la ciudad y del campo no son sostenibles. Obligar a los campesinos a que descuiden sus tierras y sus cultivos, a que emigren a las ciudades superpobladas en busca de sustento y trabajo, reducir los trabajadores a máquinas humanas, quitándoles todo derecho y toda protección, no es el modelo de desarrollo que puede erradicar la pobreza y mejorar la situación de los más pobres en el umbral de un nuevo siglo.
Se hace urgente tener una nueva visión, responsable y sostenible, del comercio.
Esta visión es el modelo de la European Fair Trade Association (EFTA, Asociación Europea de Comercio Justo), una federación de 12 organizaciones de Comercio Justo en nueve países europeos. Con varias décadas de experiencia, merecen la denominación de pioneros de la importación de productos de Comercio Justo en Europa y han jugado un papel determinante en la creación de esta tendencia que lleva cada año a más y más consumidores a basarse en motivos éticos (ecológicos entre otros) para hacer sus compras
. Además de las más de 3000 tiendas solidarias, son cada vez más numerosos los supermercados de muchos países europeos que venden los productos de calidad superior de Comercio Justo y la facturación de las empresas del ramo aumenta sin cesar. Los miembros de EFTA tienen contactos con unos 800 grupos de productores del hemisferio Sur.
Con su labor de presión política tanto en Bruselas como en sus países respectivos, los miembros de EFTA quieren ser los portavoces de estos productores. Por una parte, ofrecen información fiable sobre los aspectos injustos del comercio tradicional entre el Norte y el Sur y, por otra parte, muestran las iniciativas y los ejemplos positivos de Comercio Justo. El lector interesado encontrará ambos en la segunda parte de esta obra. Nuestra intención es que sea una referencia para todos los que quieran estar informados de la evolución de Comercio Justo, tanto en el mundo político y económico como en cuanto movimiento como tal. Por esta razón hemos conservado su estructura general: la primera parte explica el contexto del comercio internacional, poniendo énfasis en la globalización y la liberalización (capítulo 1), y presenta la historia, los éxitos y las reivindicaciones de Comercio Justo (capítulo 2). La segunda parte analiza algunos de los productos más importantes del Sur: café, té, cacao, azúcar, plátanos, textiles, cuero y, como novedad, arroz y madera. En la presente edición, también podemos encontrar un capítulo final dedicado a analizar la situación en que se encuentra en la actualidad el movimiento de Comercio Justo en España.
Si bien todos los capítulos exponen datos actualizados al máximo posible, tenemos que añadir dos noticias que nos llegaron después del cierre de los distintos capítulos:
A finales de octubre de 1997, el Parlamento Europeo adoptó la polémica propuesto de la Comisión Europea que autoriza el uso de sucedáneos baratos de la manteca de cacao hasta un 5% del contenido total en grasas en la elaboración del chocolate. Cabe mencionar, sin embargo, que el Parlamento supedito su voto a condiciones estrictas: sólo se podrán utilizar grasas vegetales de origen tropical que no hayan sido sometidas a una transformación enzimática, se deberá indicar la presencia de estas grasas en la parte delantera del embalaje del chocolate, no se podrá otorgar un sello de calidad al chocolate que contienen estas grasas, la entrada en vigor de la propuesta dependrá de la creación de un método adecuado de detección y se deberán evaluar los efectos de esta propuesta en los países en desarrollo a los tres años de su entrada en vigor. Si este voto del Parlamento recoge, al menos parte, las exigencias de EFTA en este asunto, dista mucho de ser la sloucíon ideal para los países productores de cacao, sobre todo los más pequeños.
A finales de septiembre, la OMC zanjó el litigio provocado por la normativa europea sobre el mercado de los plátanos. Actuando en nombre de las grandes multinacionales del ramo y con el apoyo de algunos gobiernos sudamericanos, EE.UU. llevó el caso ante el comité de arbitraje de la OMC que, en una resolución definitiva, dio plazo a la Unión Europea hasta finales de 1998 para adaptar sus normas a las exigencias de la OMC.El desenlace de este debate será determinante para el conjunto de la política de desarrollo de la Unión Europea y para la renegociación del Tratado de Lomé.
La elaboración de este libro ha contado con la ayuda entusiasta de muchos miembros de organizaciones de Comercio Justo y organizaciones no gubernamentales en general, a quienes manifestamos nuestro más sincero reconocimiento.
EFTA, enero de 1998