Ganadores y perdedores
Globalización y liberación: la ley de la selva

"Se sobreexplota a la gente y a la naturaleza. Contratos basura, condiciones de trabajo inseguras e insalubres, agotamiento de los recursos naturales y contaminación del medio ambiente son temas ineludibles que hacen cada vez más difícil satisfacer las necesidades de hoy y de mañana. Frente a esta situación, hay una sola respuesta lícita: el desarrollo sostenible. O sea, según las palabras del Informe Brutland, un desarrollo que satisface las necesidades de la generación actual sin poner en peligro la capacidad de las siguientes para cubrir las suyas (1)".

"¿No hay perdedores, sólo ganadores?" (2)Arriba

Por mucho que la mayor parte de la gente desconozca el sentido de términos como "globalización" o "liberalización", estas dos tendencias estrechamente relacionadas tienen una influencia directa en la vida de cada uno de nosotros, rico o pobre, del Norte o del Sur. Además, estas tendencias tienen cada vez impulsos más fuertes. Los avances de la tecnología y la competencia que abarata los costes permiten superar los obstáculos técnicos y financieros que antes limitaban los flujos comerciales y financieros. Mucha gente tiene acceso a la comunicación que es casi instantánea en el mundo entero. Así, los mercados financieros de Nueva York y Tokio reflejan enseguida los cambios que ocurren al otro lado del planeta. 50 millones de personas navegan por Internet y el coste de las llamadas internacionales cayó en un 80% entre 1940 y 1970 y en un 90% entre 1970 y 1990. El coste de los transportes ha seguido una tendencia similar. Por ejemplo, el transporte marítimo se abarató en un 66% entre 1920 y 1990 y los viajes por avión son cada año más baratos (3).

El apogeo de la teoría de la globalización

"Tema económico dominante de los años 90, la globalización es una descripción y una prescripción a la vez. Describe el crecimiento y la extensión de los flujos internacionales de mercancías, divisas e información en un mercado integrado. Y prescribe una liberalización de los mercados nacionales y mundiales, con la idea de que el libre intercambio de mercancías, divisas e información es la mejor garantía del crecimiento económico y el bienestar. Con una convicción arrolladora, se presenta esta tendencia como inevitable. Desde el apogeo del libre comercio en el siglo XIX, ninguna teoría económica había revestido tanta certidumbre."

El fin de la guerra fría, la abolición del apartheid en Sudáfrica y otros cambios políticos han propiciado la integración en la economía mundial de muchos países y regiones que antes no tenían relaciones comerciales ni financieras con Estados Unidos, Europa o Japón.

Las trabas artificiales, como los aranceles elevados, han desaparecido casi en su totalidad: en 1947, el arancel medio sobre bienes manufacturados era del 47%, en comparación con el 6% en 1980. Si los acuerdos de la Ronda de Uruguay (4) se aplican totalmente, tan sólo será de un 3%.

Todos estos cambios han propiciado un aumento de los flujos de mercancías, divisas e información entre un número cada vez creciente de países. También se ha acentuado la movilidad de la gente que se va a vivir y trabajar a otras regiones, países y hasta continentes, no siempre por su propia voluntad. Finalmente nace una "cultura global": las imágenes de Coca-Cola, Marlboro, Levi's y otras marcas dominan la cultura juvenil del mundo entero.

Los defensores de la globalización y la liberalización que conlleva, tal como se plasmó en la Ronda de Uruguay, aseguran que la globalización no tiene inconvenientes, sólo ventajas: mejora de la productividad, del nivel de vida y de la asignación de recursos (5) . Según ellos, los inconvenientes y las ventajas de la globalización no se anulan, puesto que los países tanto desarrollados como en desarrollo sacan provecho de la conmoción que supone. En resumen, "no hay perdedores, sólo ganadores".

Aunque fuera verdad que los beneficios totales de la globalización superaran los inconvenientes, y esto es un tema muy discutido, la cuestión es saber cómo se distribuirán estos beneficios y estos inconvenientes. "El mundo no es homogéneo. Hay por lo menos cinco niveles de desarrollo. Primero, los países industrializados, segundo, las economías en transición, tercero, los países en desarrollo más avanzados, cuarto, los países en desarrollo menos avanzados y, finalmente, los marginados, o sea los países castigados por disturbios y conflictos." (6) En cada país, hay numerosas clases sociales y económicas, por lo que los países - y los grupos en cada país - no son iguales a la hora de sacar provecho de la liberalización. Está comprobado que hay perdedores, en términos absolutos y relativos. La marginación y la exclusión transfieren los inconvenientes a los que están menos preparados para soportarlos: los países y las poblaciones más pobres del Norte y del Sur.

La economía mundial de los años 90 se caracteriza por la polarización creciente entre los países ricos y los países pobres. En 1960, el ingreso medio por habitante de los países menos avanzados era un poco menos del 10% del de los países industrializados y en 1990 tan sólo era de un poco más del 5%. En cada país, el aumento de la diferencia entre ricos y pobres es igual de notable: en Brasil, el 20% más rico consume 32 veces más que el 20% más pobre, en Tanzania es 26 veces más. Y los países industrializados presentan los mismos síntomas: en Estados Unidos, el 1% de los hogares controla el 40% de la riqueza del país. En el Reino Unido, el porcentaje de pobres pasó de un 9% a un 15% durante la década de los 80 (7).

Los bienes negociados en el mercado internacional no reflejan los costes reales de producción. Se compran al menor precio posible, sin tener en cuenta las consecuencias humanas, sociales o medioambientales. El precio de los bienes debería tomar en consideración los derechos humanos en el trabajo (sea en fábricas, en plantaciones o en pequeñas explotaciones), es decir, respetar por lo menos las cláusulas fundamentales de la OIT (9), y promover la producción y el comercio sostenibles desde un punto de vista social. También deberían tener en cuenta el precio real pagado por el medio ambiente y las medidas necesarias para corregir prácticas antiecológicas.

"Mirando desde fuera": La marginación de los más pobres Arriba

Los países en desarrollo ya llevan años tomando parte en el comercio internacional y liberalizando rápidamente sus mercados internos, muchas veces como consecuencia de los programas de ajuste estructural y las estrategias basadas en la exportación que las agencias internacionales de financiación han impuesto a cambio de la ayuda internacional. Sin embargo, la mayor parte de los países en desarrollo tienen déficit en la balanza comercial, debido a su débil desarrollo económico, al hundimiento de los mercados de las materias primas y al proteccionismo del Norte. Está claro que, cuanto más grande sea la diferencia entre los países (o sea, cuanto más pobre es el país en desarrollo), más grande será el déficit en la balanza comercial.

La ayuda internacional debía compensar este déficit. Sin embargo, con el final de la guerra fría - que quita a los países cualquier tipo de interés estratégico que pudieran tener -, y con la recesión en el Norte, los volúmenes de la ayuda han alcanzado su nivel más bajo de los últimos 20 años: el 0,34% del PNB total de los países más ricos del mundo (10). Para colmo, los más perjudicados han sido una vez más los países más pobres (muchos de ellos al sur del Sahara).

Dumping social y medioambiental

Este ejemplo procedente de Bangladesh ilustra lo arriba mencionado:

"En los años 70 y 80, Bangladesh consiguió millones de dólares exportando patas de ranas a los restaurantes de moda de Europa y Norteamérica. Durante más de diez años, los campesinos cogieron en sus campos de arroz cubos llenos de ranas. A final de los años 80, se mataban más de 50 millones de ranas al año...

En 1989, sin embargo, el gobierno de Bangladesh paralizó este comercio cuando se dio cuenta de que el país salía perdiendo. Se habían olvidado de que las ranas, que devoran insectos, eran un regulador natural de las poblaciones de insectos dañinos para los cultivos. Una vez desaparecidas las ranas, los campesinos no tuvieron más remedio que emplear insecticidas. Pero estos productos cuestan. A finales de los años 80, las importaciones habían aumentado mucho.

Los datos del gobierno revelaban que el país gastaba cada año 30 millones de dólares más y sólo ganaba 10 millones en la exportación. El coste de los pesticidas llevó a los campesinos al borde de la ruina, mientras que las ranas sólo representaban un ingreso mínimo.

Un giro irónico se añadió a la historia cuando se descubrió que algunas de las importadoras de pesticidas también exportaban ranas, un beneficio doble a costa de los campesinos...

Esto no es más que un ejemplo. Hay muchos otros: exportación de madera tropical de Ghana, hasta el punto de deforestar casi todo el país; producción de carne de ternera de exportación en Botswana realizada por unos pocos terratenientes ricos, con el agotamiento del frágil suelo y la desaparición de las manadas de ñus; producción de aparatos eléctricos y ropa en condiciones inhumanas en las zonas francas o en talleres de subcontratistas, etc. El precio de los artículos en venta casi nunca incluye los derechos humanos fundamentales ni la preocupación por el medio ambiente.


Para compensar este desequilibrio, los países propusieron la inversión extranjera directa (IED) y condiciones preferenciales de intercambio. Sin embargo, "la IED escoge su propia vía y no tiene por qué dirigirse a los países pobres (11)"; por lo tanto, se concentró en los grandes países en desarrollo. Finalmente, muchos países en desarrollo no se pueden beneficiar de las condiciones comerciales preferenciales, porque no están en la lista de los beneficiarios, o por la manera en que se interpretan y aplican. En consecuencia, los países más pobres y menos desarrollados se han quedado al margen de la globalización del comercio mundial.

El comercio y las inversiones internacionales bajo la lupa Arriba

El comercio internacional mueve 4 billones de dólares anuales, o sea 12 veces más que al final de la Segunda Guerra Mundial, y se prevé que seguirá creciendo a un ritmo anual del 6%. Desde principios de los años 80, el comercio internacional ha vuelto a crecer un 50% más que el producto nacional. Esto significa que contribuye cada vez más a los ingresos personales y nacionales. El comercio representa aproximadamente la tercera parte de los ingresos nacionales de los países con un PNB medio y la cuarta parte en el caso de los países de bajos ingresos. En el mundo entero, los productores son conscientes de la importancia del comercio, como lo demuestran las palabras de un cafetalero dominicano:

El ochenta por ciento de la población mundial en crisis

De todas las críticas de la globalización, la fundamental es la que se preocupa por las desigualdades que provoca. Así, una revista norteamericana, Foreign Policy (invierno 1995-96) reveló que, si bien 10 países del Sur "salían adelante", más de cien estaban excluidos del desarrollo. El 45% de la humanidad vive en estos países. Del 55% que queda, el 20% (las clases medias de los países en auge) accedían al estatus de ricos consumidores, mientras que el 35% (trabajadores de los países del norte) se enfrentaban con divisiones sociales cada vez más fuertes.

"Cultivamos alimentos para llenarnos el estómago y en previsión de tiempos de penuria, pero lo que nos viste, lo que paga la matrícula, las semillas y las herramientas, es el café... (12)". Sin embargo, los beneficios del crecimiento del comercio mundial son desiguales. Así, la cuota global de los países en desarrollo casi no se modificó entre 1979 y 1990. Sin embargo, dentro de estos países, la cuota de Asia pasó de 4,6 a 12,5%, mientras que los países menos desarrollados, que representan el 10% de la población, sólo suponen el 0,3% del comercio, o sea la mitad de hace veinte años. De los 48 países menos desarrollados, 29 se han adherido a la OMC. De 1960 a la actualidad, su parte en el comercio internacional ha bajado en un 80%, para pasar del 2% a menos de 0,5% (13). La cuota de África es del 1,8% y sigue bajando (14).

Si bien el comercio internacional es más tangible y comprensible, la inversión extranjera directa es el mecanismo más importante de integración económica. Las multinacionales realizan una buena parte de la IED y, según el Informe de la inversión en el mundo 1995 de la UNCTAD (15), las ventas de las 40.000 multinacionales y de sus filiales superan los 5 billones de dólares, o sea un importe superior al del comercio internacional. De toda la IED, tan sólo el 25-30% se destina a países en desarrollo. De este porcentaje, el 37,5% se destina a China y el 41,5% a Brasil, México, Singapur, Indonesia y cinco otros países en desarrollo. Es evidente que queda muy poco para los países menos desarrollados (16). Si el saldo neto de la inversión extranjera directa que los países de la OCDE realizan en los países en desarrollo creció en un 270% en la última década, la mayor parte tomó el rumbo de unos pocos países asiáticos y latinoamericanos. En 1994, de los 80 mil millones de dólares de inversión privada en los países en desarrollo, tan sólo 4500 millones iban destinados a África (17). Este continente y el Sudoeste de Asia quedan prácticamente al margen de la inversión extranjera directa.

Ronda Uruguay y OMC: ¿qué esperanza ofrecen a los países en desarrollo? Arriba

Durante los ocho años de negociación previa al acuerdo final de la Ronda Uruguay en 1994, los países en desarrollo lucharon por defender sus intereses. Sin embargo, el acuerdo no resolvió sus problemas más importantes y, por lo tanto, no sólo no mejoró la posición de estos países y de sus poblaciones, sino que supuso una desventaja suplementaria, sobre todo para los más pobres. Según las estimaciones, el aumento de los ingresos globales debido a la Ronda de Uruguay se sitúa entre 212 y 510 mil millones de dólares de 1995 al 2001 (18). Sin embargo, el embajador de Colombia, Luis Jaramillo, en aquel tiempo presidente del Grupo de los 77 países en desarrollo, observó: "Según algunas estimaciones, los países industrializados - que sólo representan el 20% de los países miembros del GATT - coparán el 70% del ingreso adicional generado por la aplicación de la Ronda de Uruguay (19)".

Creada para aplicar los acuerdos de la Ronda de Uruguay, la OMC dispone de poderosos instrumentos para obligar a los países a respetar las normas sobre comercio, intercambio financiero, derechos de propiedad industrial, etc. Por otra parte, el poder de las multinacionales en temas económicos mundiales también aumenta, sin que exista ninguna fuerza para contrarrestarlas y defender los derechos sociales y económicos de los pueblos.

Poder y responsabilidad de las multinacionales Arriba

En un mundo que proclama su fe en el libre comercio y la libre competencia, se presenta como una anomalía la existencia de multinacionales muy poderosas que ejercen una inmensa influencia en las negociaciones sobre comercio internacional, acaparan más poder económico y financiero que pequeños gobiernos e impiden el acceso al mercado a sus competidores más pequeños.

Las multinacionales son empresas que realizan a cabo actividades propias de producción, venta, compra o investigación en más de un país. De las 40.000 multinacionales, las 500 primeras controlan más o menos el 70% del comercio mundial y el 80% de la inversión extranjera. El 40% del comercio mundial se hace dentro de las empresas.

La ilustración que acompaña muestra que la facturación de muchas multinacionales es mayor que el producto nacional de muchos países en desarrollo. De hecho, la facturación de las 4 empresas más grandes (General Motors, Ford motors, Exxon y Shell) es mayor que el producto interno de toda África. ¡Hasta "pequeñas" multinacionales, como Advanced Micro Devices, la multinacional americana número 500, tiene una facturación tan alta como el PNB de Malí (2,5 mil millones de dólares)!

En los últimos años, la estructura y el funcionamiento de las multinacionales se ha modificado. En primer lugar, si la facturación de las 200 más grandes ha crecido (del 24,2% del producto internacional bruto en 1982 al 28,3% en 1995), el ritmo de crecimiento ha sido inferior al esperado. Sin embargo, los beneficios de estas mismas 200 empresas crecieron en un 75% entre 1990 y 1995, lo que refleja una fuerte tendencia a la concentración de empresas (fusiones, adquisiciones, etc.). En segundo lugar, si bien la mayor parte de las multinacionales son aún hoy japonesas, europeas o norteamericanas (de las 200 primeras, 190 son del Norte), nos encontramos ahora con algunas multinacionales del Sur (las 10 restantes provienen de Corea, China, Brasil, Venezuela y México). En tercer lugar, las multinacionales han abandonado su estrategia de controlar todas las etapas de la producción (plantaciones, fábricas, agencias marítimas y hasta puntos de venta al detalle y seguros) para concentrar su propiedad en los sectores que requieren mucho capital y muchos conocimientos, y subcontratar el resto de las actividades, más arriesgadas. Coca-Cola, por ejemplo, prefiere comprar azúcar de caña en distintos países en lugar de poseer plantaciones, puesto que esta segunda posibilidad requiere inmovilizar el capital. De todas maneras, se asegura unos precios bajos para el azúcar de caña al fomentar la competencia entre sus proveedores. (20)

El poder de estas multinacionales es indiscutible en materias primas, automóviles, aparatos eléctricos, informática, alimentación, cigarros, etc. Si algunas multinacionales se disputan ferozmente ciertos mercados, como el de la informática, en otros sectores particularmente vitales para los países en desarrollo, como el de las materias primas, la cadena de la producción está en manos de unas pocas multinacionales. Por ejemplo, Unilever controla el 85% de las ventas de té en la India, y hasta el 98% del té envasado. Del mismo modo, unas 20 empresas dominan el comercio internacional del café, todas del Norte menos una, y 6 empresas se reparten el 70% el comercio del trigo.

Las multinacionales tienen el poder suficiente para influir considerablemente en el comercio y las inversiones mundiales y en las estrategias de desarrollo de los países y pueblos del Sur (y del Norte). También son lo suficientemente fuertes para abusar de su situación, lo que muchas hacen. Los pequeños países no tienen el poder necesario para imponer sus condiciones y aceptan las de las multinacionales: con la reducción de la ayuda y la crisis del endeudamiento que persiste en la mayor parte de los países en desarrollo, éstos necesitan con urgencia la inversión extranjera.

"Como muchos otros países en desarrollo, los gobiernos del Caribe han fomentado la implantación de multinacionales al ofrecerles exención de impuestos y restringir las importaciones de sus rivales. La mano de obra barata es otro incentivo, puesto que las multinacionales pueden pagar mucho menos a los caribeños que a sus propios trabajadores que producen los mismos objetos en la misma empresa. Según un director en St. Kitts, los trabajadores caribeños trabajan más minutos por hora y tienen una productividad superior en un 10% a los empleados norteamericanos, mientras cobran la décima parte del sueldo de éstos." (21)

Zonas francas y maquilas

Una de las consecuencias de los esfuerzos realizados por los países en desarrollo para atraer multinacionales ha sido la creación de las llamadas zonas francas (en Asia) o maquilas (en Centroamérica, Sudamérica y el Caribe). Los países destinatarios crean estas zonas que ofrecen desgravaciones a las multinacionales y donde las leyes laborales no se aplican. En estas zonas se produce una buena parte de la ropa y de los aparatos eléctricos vendidos en Europa. Lo bueno de estas zonas es que dan empleo, sobre todo a mujeres que no tienen otra posibilidad de trabajar. Pero el coste es alto, como lo muestra este ejemplo:

"Al describir las maquilas de Centroamérica, un sindicalista escogió el término de "nuevos campos de concentración", donde más de 200.000 trabajadores (sobre todo mujeres) fabrican ropa y otros bienes de consumo para EE.UU. y Europa. En Guatemala, los trabajadores de las maquilas cobran entre 1 y 2 dólares por una jornada laboral de 9 o 10 horas que a veces puede prolongarse hasta 18 horas. En la fábrica de Lucasan en Guatemala, los trabajadores están encerrados en el recinto desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche seis días a la semana. En otras fábricas, los jefes encerraron hasta el día siguiente a los trabajadores, a quienes habían obligado a quedarse hasta medianoche, para que comenzaran temprano al día siguiente. Cuando reciben grandes pedidos, los jefes dan anfetaminas a los trabajadores para que puedan trabajar durante 60 horas sin descansar. Las amenazas y los insultos son frecuentes y los jefes pegan a las mujeres que cometen pequeños errores, llegan tarde o, sencillamente, hablan con sus colegas. El acoso sexual y las violaciones son el precio que muchas mujeres deben pagar para no perder su puesto. Las fábricas tienen pocas ventanas o ventiladores y no están provistas de protección contra el polvo o productos químicos. Las salidas suelen estar cerradas con llave.

Las fábricas se suelen instalar en edificios de hojalata que son fáciles de desmontar y transportar, por lo que se pueden trasladar a otra zona franca o incluso a otro país.

Es exactamente lo que ocurre cuando los dueños quieren librarse de sus obligaciones con acreedores, gobiernos o trabajadores. También suelen cambiar el nombre registrado de la empresa por las mismas razones......".

Este ejemplo es más bien la regla que la excepción de las condiciones en las zonas francas o maquilas.

La movilidad es la característica esencial de las multinacionales. Pueden trasladar rápidamente su producción en busca de la combinación ideal de mano de obra barata y cualificada, legislación laboral permisiva, infraestructura, desgravaciones, etc. Si bien el coste de la mano de obra y las condiciones laborales no son los únicos factores que las multinacionales toman en cuenta a la hora de escoger un lugar de producción, son factores fundamentales. Esto se nota perfectamente en Asia: con la subida de los sueldos y el endurecimiento de las leyes laborales en los 4 "Tigres", las multinacionales se trasladan a países como Malasia y Vietnam.

Si la sección anterior explica cómo África y el Sudoeste de Asia han quedado casi al margen del comercio internacional y de las inversiones extranjeras para provecho de algunos países asiáticos y latinoamericanos, la sección que sigue pretende mostrar que los "beneficios" de la inversión extranjera en estas regiones han tenido un coste alto: las condiciones de trabajo muchas veces infrahumanas de los trabajadores de las multinacionales o de sus subcontratistas.

Conviene sin embargo hacer algunas reservas respecto a esta imagen de las multinacionales. En primer lugar, son pocos los países en desarrollo que niegan que el comercio y las inversiones son importantes para su desarrollo. Las multinacionales tienen la capacidad de ser motor de su crecimiento, empleo y desarrollo. En muchos países, crean empleos, sobre todo para mujeres que, de no ser por esto, estarían condenadas a una vida pobre en la ciudad o en el campo. Sin embargo, las multinacionales suelen ofrecer pocas transferencias de tecnología a la comunidad. Dado el volumen de las actividades de las multinacionales, la fijación del valor de las transferencias hace que los beneficios declarados realizados en un país concreto sean tan sólo una fracción de la realidad. En consecuencia, los impuestos que gravan estos beneficios son limitados. Por lo tanto, el tipo de producción y de comercio promovido por la mayoría de multinacionales no es sostenible a largo plazo. Sin embargo, el potencial de las multinacionales para ayudar al desarrollo sigue siendo muy elevado.

Por importante que sea el poder económico de las multinacionales, no son un factor relevante por lo que respecta al empleo, puesto que sólo dan trabajo al 3% de los trabajadores del mundo. Además, las multinacionales tienen muy presente la competencia feroz, que les hace muy pendientes de su imagen pública, del marketing, de la prensa y, por consiguiente, de los movimientos de consumidores. Un rumor de escándalo sobre trabajo infantil bastó para que GAP se sentara a negociar de cara a la adopción de un código de conducta para sus actividades en el mundo entero. Las campañas públicas sobre el trabajo infantil en la producción de textiles, balones de fútbol, alfombras, etc. han influido mucho en las prácticas de las multinacionales.

De la misma manera, sería falso pensar que todas las multinacionales quieren maximizar los beneficios a cualquier precio humano o medioambiental. Las hay que observan un código deontológico y respetan las condiciones de trabajo. Sería también falso pensar que sólo las multinacionales violan los derechos de los trabajadores. Puesto que sólo dan empleo al 3% de toda la mano de obra del mundo y que una buena parte de la mano de obra trabaja en condiciones inaceptables, está claro que otros empleadores tampoco respetan estos derechos. Esto se debe a varios factores, a veces relacionados con las actividades de las multinacionales (puesto que subcontratan cada vez más su producción a fábricas donde los trabajadores están explotados), y a veces debidos al bajo nivel de desarrollo económico del país.

Para que las multinacionales contribuyan a un verdadero desarrollo del Sur y den ejemplo a otras empresas, deben actuar de modo responsable hacia todos aquellos, desde los productores hasta los consumidores, que tienen algo que ver con sus actividades. Este cambio de práctica sólo se hará bajo la coacción de los consumidores, cada vez más preocupados por las imágenes de explotación flagrante, que exigen garantías a las multinacionales de que respetan los derechos de los trabajadores. En este campo, los progresos son ya considerables (véase capítulo 2).

Protección de los mercados agrícolas de los países industrializados Arriba

Mientras los vientos de la liberalización abren los mercados mundiales de ciertos bienes, servicios y capital, dos sectores clave para el Sur - la agricultura y los textiles - siguen estando caracterizados por el intervencionismo y el proteccionismo.

En EE.UU. y en la UE, la agricultura sigue estando muy protegida. Esto se hace de varias maneras: aranceles muy elevados que gravan las importaciones, subvenciones de las exportaciones para que los excedentes se puedan vender a bajos precios en el mercado mundial, garantía de los precios para los campesinos, etc. Si bien la Ronda de Uruguay prescribió que los países debían reducir los aranceles y convertir los obstáculos técnicos en aranceles y luego reducirlos, se ve sin embargo que casi nada cambiará en este sector en los próximos años, puesto que los países del Norte crean nuevos mecanismos para seguir protegiendo sus mercados sin violar los acuerdos. ¡En EE.UU. y en la UE, las subvenciones representan aproximadamente la mitad del valor de la producción agrícola! (22) Según la OCDE, el promedio de los pagos del gobierno de EE.UU. era de 29.000 dólares por agricultor en 1995. El mismo año, el ingreso medio de un trabajador del Valle de Cagayan en Mindanao (una de las principales zonas productoras de maíz de Filipinas) era inferior a 300 dólares. O sea, la ayuda que cada trabajador del campo recibe en EE.UU. es cien veces más que el ingreso de un productor de Filipinas. Al otro lado del mundo, en México, un pequeño productor de maíz se enfrenta al mismo problema: "Dicen que el libre comercio es bueno para nuestro país, dicen que nos traerá nuevas oportunidades y más riqueza. Pero, ¿dónde está nuestra oportunidad? No podemos competir con el maíz norteamericano ¿Cómo lo pueden producir tan barato? ¿Qué debemos hacer? El libre comercio será nuestro fin. Nuestra única oportunidad es abandonar nuestra tierra y trasladarnos a la ciudad." (23).

La inundación del mercado mundial con excedentes baratos no se limita al trigo. Por ejemplo, a finales de los años 80, la venta de carne de ternera europea barata en África occidental provocó el hundimiento del mercado local abastecido por los ganaderos nómadas fulani. Y hay muchos otros ejemplos: cereales, azúcar, etc. Es curioso observar que si se liberalizaran los mercados agrícolas, los países productores y exportadores de alimentos saldrían beneficiados, así como los pueblos del Sur, pero la población urbana que depende de alimentos importados debería pagar más para alimentarse. Durante la Ronda de Uruguay, los países afectados por esta pérdida potencial (entre ellos, muchos países menos avanzados importadores de alimentos, sobre todo africanos) exigieron indemnización bajo forma de un aumento de la ayuda y la cancelación de la deuda, pero, como era de prever, los demás países hicieron oidos sordos.

Mercados de las materias primas Arriba

Dos de cada tres países africanos - o sea 356 millones de personas - y 18 países de América Latina dependen de materias primas para más de la mitad de sus ganancias de exportación. Más concretamente, África obtiene más del 70% de sus ingresos de exportación de tan sólo tres productos, con el café y el cacao en los dos primeros puestos. Sin embargo, el precio de las materias primas disminuye constantemente en comparación con los productos manufacturados, más o menos el 0,5% por año. A este deterioro de los términos de intercambio se añade el hecho de que este precio fluctúa enormemente. Las razones de esta degradación son múltiples y variadas: saturación de los mercados del Norte, oferta excesiva como consecuencia de las políticas agrícolas del Norte, oferta excesiva de los países del Sur como resultado de las políticas de ajuste que los países donantes les imponen y que privilegian las exportaciones, etc. Otra causa es la sustitución de productos naturales por sustancias artificiales. Un ejemplo de esto es la directiva que la UE propone en la actualidad para autorizar a la industria chocolatera a sustituir hasta un 5% de la manteca de cacao por otras grasas vegetales. Otro, el caso del jarabe de maíz de alto contenido en fructosa, que sustituye el azúcar en las bebidas no alcohólicas. Finalmente, otra razón que explica la inestabilidad del mercado es la especulación en el mercado de las materias primas. Gracias a la liberalización de las transacciones financieras y la creación de mecanismos como las compras para entrega futura (mercado de los futuros) o el hedging (compra de un contrato opuesto en el mercado de futuros cuando los operadores prevén una subida o una bajada de precios), las multinacionales y los especuladores pueden fijar más que nunca el precio de las materias primas. Casi todos los acuerdos internacionales creados para controlar este precio han desaparecido (siendo la única excepción la del caucho).

Patentes y propiedad intelectual

Las multinacionales también saben que el dominio del saber les da el control sobre la competencia. Poseen el 90% de la tecnología y de los modelos de los productos. Éste fue uno de los temas más agriamente discutidos durante la Ronda de Uruguay.

Tomemos el caso de la India: el derecho de la propiedad intelectual está pensado para estimular la transferencia de tecnologías en beneficio de la comunidad y no para proteger los intereses de los titulares de patentes. En consecuencia, los productos farmacéuticos sólo están protegidos durante siete años. Para estimular la innovación local, sólo se pueden patentar procesos y no productos. El país puede pedir a las empresas extranjeras que dejen que otros utilicen los procesos patentados si ellas no los emplean o no los comercializan en el país. En consecuencia, el precio de los fármacos siempre ha sido bajo en la India. Con la Ronda Uruguay, todo cambiará: la India ya no podrá utilizar estos mecanismos y el precio de los nuevos fármacos aumentará considerablemente. Otro temor de los países en desarrollo es que las nuevas leyes de la propiedad intelectual permitirán que las multinacionales se aprovechen de los conocimientos tradicionales y comunitarios de las plantas locales para patentar un producto y apropiarse los beneficios. Una empresa americana está a punto de obtener enormes beneficios con dos fármacos, uno contra el cáncer y otro contra la leucemia, cuyo origen se sitúa en Madagascar. Las empresas pueden patentar el producto modificado biológica o genéticamente, por muy leve que sea la modificación, sin tener que pagar nada a la comunidad.

Algunos consideran que se trata de un mal inevitable. Como dijo un experto asiático del comercio internacional: "Tenemos que garantizar el respeto de los derechos de autor, de las marcas y de las patentes para atraer la inversión extranjera". Otros no lo ven tan claro. En la India, los campesinos han organizado manifestaciones multitudinarias y, en 1993, un incendio destruyó completamente un edificio de Cargill, una multinacional que vende semillas.

Detrás de este bajón de las materias primas aparecen panoramas distintos. Mientras los países asiáticos registraron un aumento del 60% de 1980 a 1992, América Latina sólo creció en un 5% y África retrocedió en un 50%. Para los africanos que dependen de las materias primas, el resultado de esta confusión es que ya no pueden cuidar sus cultivos (siendo los abonos y pesticidas demasiado caros), que los gastos sociales (salud, educación, etc.) se han recortado y que hasta los alimentos son a veces inabordables. A estas alturas, al pequeño productor de cacao o de café no le queda más remedio que arrancar sus arbustos y trasladarse a la ciudad: los precios son tan bajos que ni siquiera cubren los costes de producción. En Asia y América Latina, el panorama no es mejor para los trabajadores. En estos continentes, la producción no se hace sólo a pequeña escala sino también en grandes plantaciones que, en muchos casos, siguen en manos de multinacionales. Para los que trabajan en estas plantaciones (plátanos, azúcar, etc.) las condiciones son a la vez difíciles y peligrosas.

A pesar de su importancia para los países en desarrollo, la Ronda de Uruguay no trató los problemas del mercado de las materias primas con la debida atención.

Industrias textiles en el Sur Arriba

Para muchos países del Sur, las industrias textiles y de confección son la puerta de entrada al desarrollo industrial. Necesitan poco capital y poca tecnología. Sin embargo, desde la adopción del Acuerdo Multifibra en 1974, los mercados del Norte están protegidos contra importaciones "baratas" procedentes del Sur. El coste global del AMF para los países en desarrollo ha sido evaluado en 50 mil millones de dólares por año. A pesar de que la Ronda Uruguay prevé la abolición del AMF, los países del Sur se quejan de que esta abolición es demasiado lenta y empieza por productos que no interesan al Sur. Subrayan que se les pide ejecutar inmediatamente los programas de ajuste estructural impuestos por el Banco Mundial, pero que a los países del Norte, se les concede como mínimo 10 años para mejorar sus capacidades competitivas en el sector textil. Además, aún después de la abolición del AMF, los aranceles sobre textiles y confección seguirán siendo más altos que los aranceles medios.

Hacia un nuevo orden mundial Arriba

El comercio y la inversión que dependen de la explotación de los más marginados de la ciudad y del campo no son sostenibles. Obligar a los campesinos a que descuiden sus tierras y sus cultivos, a que emigren a las ciudades superpobladas en busca de sustento y trabajo, reducir los trabajadores a máquinas humanas, quitándoles todo derecho y toda protección no es el modelo de desarrollo que puede erradicar la pobreza y mejorar la situación de los más pobres en el umbral de un nuevo siglo. En el mejor de los casos, la Ronda Uruguay no mejorará este sistema, y en el peor fomentará su perpetuación. Se hace urgente tener una nueva visión, responsable y sostenible, del comercio. Hace falta inventar un "proteccionismo de los pueblos" (24) que proteja a los más desfavorecidos de los peores efectos de la globalización. También hace falta canalizar ayudas hacia los más marginados (comunidades tradicionales, pequeñas industrias, campesinos marginados, etc.) para que puedan crear una base desde la cual puedan participar en la globalización en beneficio suyo y no para su explotación.

El Comercio Justo es una iniciativa que intenta corregir al menos algunos de los perjuicios que sufren los pequeños productores y los trabajadores explotados en un contexto de fracaso internacional donde las multinacionales motivadas por los beneficios llevan la delantera. Es un modelo que puede servir de símbolo de un comercio distinto, donde salen ganando tanto los productores como los consumidores. Esto es el tema del próximo capítulo.