Azúcar
Los trabajadores de las plantaciones pagan caro el proteccionismo del Norte
Astrid Engel y Tobias Reichert

En los últimos años, el mercado mundial del azúcar ha cambiado mucho: la UE ha perdido la primera posición entre los exportadores de azúcar que ostentaba desde hacía muchos años, los precios se han estabilizado a un nivel bajo y algunos países en desarrollo se han beneficiado de esta situación gracias a su capacidad para competir en el mercado mundial. Estos cambios derivan de la reducción de las subvenciones a la exportación que el acuerdo del GATT sobre agricultura ha impuesto a la UE. Sin embargo, hay dos aspectos a los que este acuerdo no afecta: el proteccionismo de los países industrializados y las pésimas condiciones de vida de los trabajadores de las plantaciones en la mayor parte de los países en desarrollo.

El mercado mundial del azúcar Arriba

El azúcar se produce en unos 120 países. Del total de la producción mundial de 1995 (123 millones de toneladas), la mayor parte se cosechó en los países muy densamente poblados de Asia. Con más de 18 millones de toneladas, la India fue el primer productor mundial, seguida por la Unión Europea con casi 16 millones, Brasil (casi 13 millones de toneladas), China y Tailandia con más de 6 millones de toneladas (1). El 70 por ciento de la producción se obtiene de la caña de azúcar, y el resto de la remolacha. Dado el incremento continuo en la producción de azúcar de caña y la estabilización de la producción de azúcar de remolacha, la diferencia es cada vez más favorable a la caña (2). En la mayor parte de los países, la producción de azúcar se destina sobre todo al consumo interno. Así, China y la India casi no exportan azúcar y sólo el 30% de la producción se negocia en el mercado internacional. Desde 1995, Brasil es el primer exportador con una cuota de mercado del 18% después de superar a la Unión Europea (15,6%), número 1 durante muchos años. Otros exportadores importantes son Australia (13,2%), Tailandia (11,2%), Cuba (7,5%), Ucrania (6%) y Guatemala (3%) (3). Juntos, estos siete países producen casi el 75% del azúcar vendido en el mercado mundial y la cuota de los países en desarrollo es del 60% (4). Para muchos otros países exportadores, que no se mencionan arriba, el azúcar es una fuente importante de divisas, aunque sólo representen un pequeño porcentaje del mercado mundial.

Hay dos características importantes que definen el mercado mundial del azúcar:

Primero, las intervenciones considerables de los gobiernos influyen en los mercados nacionales e internacionales. La mayor parte de los países productores de azúcar protegen sus mercados nacionales con aranceles elevados u otras medidas de carácter proteccionista para aumentar - o, a veces, crear - la producción interior. De esta manera, los productores nacionales obtienen precios superiores al precio mundial. Este sistema se aplica tanto en los principales países industrializados como en los países en desarrollo. De esta manera, la India, China, EE.UU. y Japón son totalmente o casi totalmente autosuficientes y la Unión Europea es uno de los principales exportadores. Otros países, cuya producción no es tan alta, intervienen también con fuerza en su mercado nacional, por lo que el comercio del azúcar es "libre" en muy pocos países (5).

En segundo lugar, el azúcar vendido en el mercado mundial no se suele negociar en el mercado libre sino, más bien, a través de contratos gubernamentales. Esto es verdad, sobre todo, en los antiguos países socialistas. Sin embargo, la Unión Europea y EE.UU. también han firmado contratos con varios países en desarrollo garantizando la importación de un volumen determinado de azúcar al precio local (6). Así, los países exportadores de azúcar sirven estos pedidos antes de vender su azúcar en el mercado libre.

Precios mundialesArriba

Para muchos productores, no hace falta que los precios mundiales reflejen sus costes de producción, puesto que pueden cubrir los costes fijos (máquinas, refinerías) en su mercado interno o gracias a los contratos preferenciales y ofrecer en el mercado mundial precios atractivos que cubran sólo costes variables (sueldos, alquiler, energía). En muchos casos, los gobiernos subvencionan las exportaciones de azúcar, por lo que los precios mundiales son inferiores a los costes reales de producción de la mayor parte de los países productores y hasta de los países exportadores.

La inestabilidad de los precios mundiales se debe a un mercado que los economistas califican de "delgado": relativamente pocos vendedores y compradores, por lo que la modificación ocurrida en uno o varios de los grandes exportadores puede haber un impacto fuerte en el precio.

Además, el mercado mundial del azúcar es un mercado de "saldos", puesto que la mayor parte de los productores sirven primero su mercado interno y los contratos comerciales con condiciones preferentes, y no se orientan por el precio mundial sino por un precio local más alto. Cuando las condiciones climáticas son favorables, consiguen un excedente que venden en el mercado mundial. Sin embargo, cuando las cosechas son malas en un país que se suele autoabastecer, la demanda de azúcar importado puede aumentar considerablemente. De ahí que los precios del azúcar eran - y con diferencia - los más inestables de todos los productos agrícolas importantes vendidos en el mercado mundial en los años 70 y 80 (7).

Sin embargo, desde principios de los años 80, los precios se han estabilizado entre 8 y 13 centavos/libra. Según los expertos, esta estabilización se debe a la disminución de las importaciones de los países industrializados. Estos países pueden pagar "cualquier" precio para cubrir su demanda, mientras que los países cuyos ingresos son inferiores reducen su consumo cuando el precio aumenta. Otra razón es que la disminución del comercio con tratos preferenciales ha provocado un aumento del volumen negociado en el mercado libre (8). Sin embargo, aún no se sabe si esta tendencia se mantendrá.

Situación actualArriba

Desde principios de los años 80 hasta principios de los años 90, la oferta mundial de azúcar excedía la demanda, lo que reflejaba el aumento de las exportaciones de la Unión Europea, de la producción de la India y China, así como el uso cada vez más importante de edulcorantes artificiales, sobre todo en EE.UU. y Japón. La disminución de la producción en Europa del Este y Cuba, consecuencia del derrumbe de las economías socialistas, provocó un déficit a corto plazo en el mercado mundial a principios de 1995, lo que hizo pasar el precio de 10 a 15,5 centavos por libra. En 1996, las buenas cosechas de Tailandia, Brasil, Australia y la India ocasionaron una caída de los precios. En general, el aumento de la producción excedió en 1996 el aumento de la demanda, por lo que los stocks mundiales de azúcar representan ahora casi el 50% de la demanda anual total, en comparación con tan sólo una tercera parte en los últimos años.

Para los próximos años, se prevé un aumento importante del consumo de azúcar en Asia y América Latina, los mismos países donde también crecerá más la producción. No se espera otro aumento en Europa y Norteamérica, donde el consumo per cápita es alto y los edulcorantes artificiales le hacen la competencia al azúcar. En África, la crisis económica que padecen numerosos países impide un aumento del consumo (9). Por lo tanto, una mejora de los precios no es previsible a corto plazo.

Política del azúcar de la UEArriba

Hoy en día, la UE es uno de los principales exportadores de azúcar y encabeza la lista de los exportadores de azúcar blanco, con una cuota de mercado del 33% (10). Sin embargo, hace sólo 20 años, la Comunidad Europa importaba azúcar. La mejora de la posición de la UE en el mercado mundial se debe a su política azucarera dominada por un fuerte lobby que provoca un aumento de la producción. Esta política se basa en tres principios, que son los principios de la Política Agrícola Común:

Consecuencias para los países en desarrolloArriba

Cada año, la UE lanza al mercado mundial millones de toneladas de azúcar subvencionado (y, por lo tanto, más barato). Estas exportaciones hacen bajar el precio mundial y quitan a los países en desarrollo cuotas de mercado, así como millones en divisas

que tanto necesitan. A principios de los años 80, la expansión rápida de las exportaciones de azúcar europeo fue uno de los factores principales del derrumbe de los precios mundiales. Se estima que las exportaciones subvencionadas de la UE hacen bajar l

os precios mundiales en un 12% aproximadamente. Un estudio del Banco Mundial evalúa el costo anual en 160 millones de dólares para Australia y Brasil, 72 millones para Tailandia, 50 millones para Filipinas y Sudáfrica, 20 millones para la República Dominicana y 13 millones para Colombia y Guatemala.

En algunas zonas, el bajón de los precios ha provocado el abandono de la producción de azúcar. Así, en Filipinas, cientos de miles de trabajadores del azúcar perdieron su trabajo a principios de los años 80. Sin embargo, otros países, como los que han firmado el protocolo del azúcar ACP, han sacado provecho de la política azucarera de la UE (véase cuadro).

Acuerdos internacionalesArriba

Desde 1953 se han firmado varios acuerdos internacionales para subir y estabilizar los precios mundiales del azúcar. El último de ellos preveía la creación de cuotas de exportación para sus miembros y la constitución de stocks de intervención para sacar azúcar del mercado en períodos de precios bajos. Como casi todos los anteriores, este acuerdo acabó por no dar resultado. El fracaso se debió a la posición de la Unión Europea - uno de los principales exportadores - que se negó a firmar el acuerdo y aprovechó la restricción voluntaria de las exportaciones practicada por los demás exportadores para aumentar su cuota de mercado. Cuando el acuerdo venció en 1984, no se había llegado a otro acuerdo para adoptar medidas de estabilización de los precios. Casi todos los acuerdos posteriores se han limitado a estipular estudios de mercado e intercambio de información. De hecho, la Organización Internacional del Azúcar tiene ahora graves problemas de financiación (11).

El acuerdo sobre agricultura de la Organización Mundial del ComercioArriba

Además de crear la Organización Mundial del Comercio, la Ronda Uruguay del GATT consagró la liberalización creciente del comercio. Por primera vez, las negociaciones trataron del comercio de los productos agrícolas, azúcar incluido. Para el comercio mundial del azúcar, se trata de una novedad importante, puesto que el 94% de las exportaciones viene de estados miembros de la OMC y el 58% se destina a países miembros (12). Además, tanto Ucrania - el único exportador importante que no es miembro - como Rusia y China, los principales importadores, ya han solicitado el ingreso a la organización (13). El acuerdo hace una referencia especial a las subvenciones a la exportación, a las restricciones del acceso a los mercados y a los programas de estabilización del precio local. Los países industrializados tienen hasta el año 2000 para aplicar el acuer

do, los países en desarrollo hasta el 2004. Actores secundarios del mercado del azúcar (14), los países menos avanzados no están obligados a liberalizar sus mercados (15).

Reducción de las subvenciones a la exportaciónArriba

De acuerdo con la Ronda Uruguay, los fondos públicos que los países industrializados destinan a las subvenciones a la exportación deberán reducirse en un 36%, y el volumen de las exportaciones subvencionadas en un 21%. Para los países en desarrollo, los datos son del 24% y del 12%. Estos porcentajes se basan en las exportaciones subvencionadas desde 1986 hasta 1990. Los países en los cuales las subvenciones eran más altas en 1991-92 pueden tomar como base este dato. Cuando esta directiva se aplique, el volumen de exportaciones subvencionadas caerá de 7,2 millones de toneladas (1986-90) hasta 5,4 millones en 2000. Las directivas de la OMC no afectan a las exportaciones que no reciben subvenciones.

Acceso facilitado a los mercadosArriba

Los estados miembros deben suprimir todas las trabas puestas al acceso a los mercados, como los aranceles variables o las cuotas, o convertirlos en aranceles fijos, que, además, se deberán reducir en un 36% en los países industrializados y en un 24% en los países en desarrollo. Los aranceles se calculan en base a la comparación del precio local con el precio internacional a finales de los años 80. Puesto que eran bastante elevados en aquel momento, los aranceles serán altos al principio y lo seguirán siendo después de la reducción prevista.

Reducción de las subvenciones a la producción localArriba

En general, los países miembros deben reducir en un 20% las subvenciones que destinan a la agricultura local. Todavía no se conoce el impacto sobre el sector del azúcar, puesto que puede ser posible conservar las subvenciones si se compensa con una reducción proporcional de las subvenciones en otros sectores (16).

En resumen, los acuerdos de la OMC no obligarán a los países industrializados a introducir grandes cambios en su política del azúcar, puesto que los aranceles que siguen en vigor protegen de manera eficaz su mercado interior. Aunque los cambios serán más notables en materia de subvenciones a la exportación, el acuerdo no impedirá que la UE juegue un papel de primer orden en el mercado mundial del azúcar en los próximos años.

Consecuencias para los países en desarrolloArriba

El resultado más destacable de la Ronda Uruguay es la reducción de las subvenciones a la exportación, de la cual se beneficiarán, ante todo, productores de azúcar competitivos como Brasil, Tailandia, Cuba y Guatemala. Estos países sacarán más provecho de las mejores posibilidades de comercialización (debido a la reducción de la competencia que les hacían las exportaciones subvencionadas de los países industrializados) que del alza de los precios. Una subida es poco probable puesto que los países en desarrollo no disponen de la capacidad exportadora necesaria aun cuando los precios son bajos (17) y porque la demanda de los países en desarrollo disminuye cuando los precios suben. Las proyecciones hablan de un incremento de un 5% del precio del azúcar hasta el año 2000, como resultado de la Ronda Uruguay (18). Se supone también que la política del azúcar de ciertos países será más previsible (aranceles fijos en lugar de variables, supresión de las subvenciones a la exportación), lo que contribuirá a estabilizar los precios del mercado mundial.

Situación de los productoresArriba

En muchos países en desarrollo, los ingresos de los pequeños productores de caña son muy bajos, al igual que los sueldos de los trabajadores de la industria azucarera cuyas condiciones de trabajo son pésimas, como consecuencia de varios factores, entre otros las grandes desigualdades de fortuna y poder en muchos países productores y los bajos precios del mercado mundial.

Desigualdades de fortuna y poderArriba

Un aspecto recurrente de las desigualdades es la mala distribución de las tierras. En los sitios donde el azúcar se produce en grandes plantaciones - un caso típico de muchos países en desarrollo - y donde los terratenientes no reconocen los sindicatos, las condiciones son particularmente malas.

En la República Dominicana, por ejemplo, donde las plantaciones azucareras cubren el 12 por ciento de la superficie cultivada del país, las condiciones en las cuales viven miles de cortadores de caña son espantosas. Muchos de ellos son inmigrantes del país vecino, Haití. Viven en complejos llamados batays, cerca de los campos de caña. Hasta siete personas viven en una casita de una sola pieza sin agua ni electricidad. La compañía estatal de azúcar, la CEA, no provee los servicios sanitarios necesarios, por lo que los niños mueren de enfermedades prevenibles. A pesar de las declaraciones gubernamentales, sigue habiendo pruebas de que se recluta mano de obra a la fuerza y de que los trabajadores no pueden abandonar las plantaciones. Debido a su falta de organización interna, los cortadores siguen en una posición débil. En Filipinas ocurre algo similar (véase cuadro).

Filipinas

Desde principios de este siglo hasta mediados de los años 70, Filipinas exportaba casi todo su azúcar a Estados Unidos en virtud de un acuerdo especial. En 1970, el azúcar representaba más o menos el 18% de los ingresos del país por exportaciones. El mercado estadounidense continuó siendo importante para el sector hasta principios de los 80, cuando dos factores se juntaron para suprimir los contingentes de importación. Primero, Washington quiso presionar a Marcos, a quien había apoyado durante toda la década de los 70. En segundo lugar, Pepsico y Coca Cola anunciaron que iban a permitir sin restricción alguna el uso de edulcorantes artificiales en sus bebidas, lo que hizo caer la demanda de azúcar. Entre 1982 y 1987, Estados Unidos redujo sus importaciones en un 70%, lo que golpeó fuertemente a Filipinas, la República Dominicana y varios países de Centroamérica. En Negros, 250.000 personas se quedaron sin trabajo cuando se redujo drásticamente el contingente estadounidense en 1985, lo que causó una hambruna. Desesperados, ciertos trabajadores de las plantaciones intentaron cultivar la tierra que los dueños no podían cultivar pero los ejércitos privados se lo impidieron.

Hoy en día, Filipinas ya no es un gran exportador de azúcar y la proporción de este producto en las exportaciones llega apenas a un uno por ciento. Pero para los numerosos sin tierra de Negros, trabajar en las plantaciones sigue siendo la única manera de asegurarse un sustento muy precario. El jornal mediano de un hombre cortador de caña no es mucho más que el arroz que una familia de seis personas necesita para un día, por lo que toda la familia debe trabajar. Los niños no pueden ir a la escuela. Una encuesta sanitaria reciente mostró que las carencias alimentarias de los trabajadores provocaban a largo plazo retraso mental. Y resulta todavía más escandaloso que la esperanza de vida media del cortador de caña sea tan sólo de 30 años.

La reforma agraria lleva ya muchos años en vigor pero los terratenientes han impedido en gran medida su aplicación. Hasta 1993, sólo se habían redistribuido 9000 de las 70.000 hectáreas cultivadas de la isla de Negros.

Muchos terratenientes no reconocen los sindicatos y acosan seriamente a los militantes. Gracias a medidas colectivas, algunos trabajadores de las plantaciones han conseguido mejorar en gran medida sus condiciones de vida. En algunas plantaciones han conseguido tierras para cultivar alimentos para su consumo y para la venta en los mercados locales, gracias a la ocupación de tierras o las negociaciones que la Federación nacional de trabajadores del azúcar mantiene con los terratenientes. Por primera vez, los trabajadores tienen una alimentación satisfactoria y, con la ayuda del sindicato, varias de las nuevas comunidades han creado programas de salud y educación.


En Tailandia, a la inversa, el azúcar ha dado a los campesinos unos ingresos satisfactorios y estables durante muchos años. El azúcar se produce sobre todo en pequeñas parcelas (con un promedio estimado de 6,2 hectáreas) y desde los años 60, las asociaciones de campesinos defienden sus intereses con vigor. Desde 1970, estas asociaciones negocian con los dueños de los trapiches (20) de azúcar un precio fijo para cada campaña y en 1984 el parlamento aprobó una ley que fijaba en una proporción de 70/30 el reparto de los ingresos anuales entre productores y dueños de trapiches. Los campesinos tailandeses se han beneficiado también del hecho de que la industria en general ha aumentado mucho su producción y sus exportaciones desde principios de la década de los 80. A finales de esta década, Tailandia ya ocupaba el tercer lugar entre los países exportadores. Condiciones físicas, suelo y clima favorables, junto con una industria de transformación moderna que tiene costes bajos, son las principales explicaciones del éxito del sector.

Hay sin embargo otro grupo de gente que forma parte del sector azucarero en Tailandia: decenas de miles de personas migran cada año del noreste a las regiones del centro y del este para cortar la caña. Cabe preguntarse si reciben una parte equitativa de los ingresos del sector. Lo que es seguro es que no se benefician del sistema de reparto acordado entre campesinos y dueños de trapiches.

Precios mundiales bajosArriba

Lo dicho arriba muestra claramente que las políticas y prioridades internas de los países tienen especial relevancia para la situación de los productores de azúcar y los trabajadores del sector. En las épocas en que la cotización del azúcar es alta en el mercado mundial, los trabajadores de la República Dominicana y de Filipinas no se percatan de ninguna mejora.

A la inversa, sin embargo, estos trabajadores y campesinos sí que se han visto muy afectados por las crisis debidas a la disminución de los precios. Unos precios más elevados protegerían, al menos de alguna manera, sus puestos de trabajo y sus niveles de ingreso. Esto se ve muy bien en la historia de los países ACP que reciben un precio alto por sus exportaciones de azúcar a la UE (véase cuadro). Hasta en países como Guyana, donde la incompetencia de los gobiernos ha diezmado el sector, las condiciones en las que viven los trabajadores no se pueden comparar a las de países como la República Dominicana. En otros países ACP, los ingresos obtenidos por el sector azucarero han permitido construir escuelas, servicios sanitarios e infraestructura y financiar la diversificación del sector.

El Comercio Justo del azúcarArriba

A la inversa del café y el cacao, tanto la remolacha como la caña se producen en casi cualquier parte del mundo, por lo que hay una competencia directa entre el Norte y el Sur. En consecuencia, muchos países gravan las importaciones con aranceles altos para proteger a sus productores. Esta política encarece demasiado las importaciones de Comercio Justo: los aranceles de la UE son muchas veces más altos que el precio pagado al productor.


Los países ACP

En 1975, la Unión Europea firmó la Convención de Lomé con 70 Estados de África, el Caribe y el Pacífico (llamados países ACP, todos ellos antiguas colonias). El tratado, que está todavía en vigor, rige las relaciones comerciales entre la Unión Europea y sus antiguas colonias. Una parte importante de la Convención de Lomé es el protocolo del azúcar (firmado por 16 países ACP) por el cual la Unión Europea importa cada año 1,3 millones de toneladas de azúcar a un precio estrechamente ligado a los precios altos que reciben los agricultores europeos. Este protocolo es un ejemplo claro de las incoherencias entre la política de desarrollo de la Unión Europea y su política agrícola. Por una parte deja a ciertos países el acceso libre a su mercado y les asegura precios relativamente altos, mientras que su desastrosa política agrícola es un factor importante del bajo nivel que caracteriza los precios del azúcar desde hace muchos años.

Aunque los países ACP que firmaron el protocolo del azúcar son muy distintos tanto por lo que tiene que ver con su situación económica en general como por el estado de su sector azucarero, tienen en común su dependencia de la producción y de las exportaciones del azúcar. Para algunos de ellos, las exportaciones de azúcar a Europa tienen una importancia vital para su supervivencia económica. Es el caso de los pequeños países ACP del Caribe, con costes elevados de producción (como Jamaica, Barbados, Trinidad y Tobago) y de los que han basado toda su economía en el azúcar desde la colonización (la Isla Mauricio y Guyana). Si sólo produjeran para el mercado mundial, sus industrias azucareras no serían competitivas. En total, estas industrias y las actividades económicas que de ellas dependen dan trabajo a casi 700.000 personas en los países ACP. (22)

A primera vista, parece que el protocolo del azúcar es una concesión generosa que las potencias coloniales hacen a sus antiguas colonias. Sin embargo, la historia da una explicación distinta de este hecho.

El protocolo se redactó en 1974, cuando Gran Bretaña ingresó en la Comunidad Europea y era necesario garantizarle el suministro de azúcar sin refinar a las refinerías británicas que se habían especializado en su transformación. En aquel tiempo, la Comunidad Europea todavía importaba azúcar y los precios del mercado eran relativamente altos. Por tanto, los países industrializados tenían mucho interés en firmar acuerdos a largo plazo para asegurarse el suministro de azúcar a precios más o menos atractivos.

Los cambios en el mercado mundial del azúcar y el aumento considerable de la producción interna de la UE, modificaron totalmente el panorama en poco tiempo. Para mucha gente, el protocolo del azúcar es más una herencia del pasado que un contrato comercial útil: la misma cantidad de azúcar que se importa de los países ACP se debe vender en un mercado mundial ya pletórico, con la ayuda de considerables subvenciones a la exportación.

Cada vez son más los que piden la supresión del protocolo del azúcar o de toda la Convención de Lomé. Su argumento más común es que la Convención refuerza la dependencia de un solo producto, el azúcar, y de estructuras que impiden el desarrollo económico en lugar de fomentarlo. Además, se cuestiona su compatibilidad con las reglas del GATT: si todos los acuerdos del GATT otorgan preferencias a los países en desarrollo, estas preferencias deben ser iguales para todos los países. A partir del próximo año más o menos, el debate sobre el futuro de la Convención de Lomé se calentará aún más, puesto que ésta vence en el año 2000 y las negociaciones para su prórroga deberán empezar pronto. En su Libro Verde sobre las relaciones con los países ACP (publicado en noviembre 1996), la Comisión Europea indicó claramente que estas relaciones habían llegado a un momento crucial y que las preferencias en el comercio con la UE no podían ser una solución fácil para las relaciones futuras con los países ACP (23).

Al contrario de los principales acuerdos de la Convención de Lomé, el protocolo del azúcar no tiene fecha de vencimiento. Sin embargo, es probable que los precios bajen considerablemente en el próximo siglo, aún cuando no se suprima el protocolo, puesto que las condiciones del contrato (sobre todo el precio de importación del azúcar) no están estipuladas. Para muchos países, esta reducción tendría efectos desastrosos, sobre todo si no se acompaña con otras medidas destinadas a fomentar el desarrollo (diversificación, etc.), como lo muestran los ejemplos siguientes:

Mauricio

Mauricio es el país con el contingente de importación más alto. De las 650.000 toneladas que produce anualmente, unas 500.000 se exportan a Europa. Hasta finales de los años 70, casi el 90% de los ingresos del país por exportación provenía del sector azucarero (24). Desde entonces, el país ha hecho considerables esfuerzos para disminuir la dependencia del azúcar, tanto dentro del sector (con el desarrollo de calidades especiales de azúcar) como fuera (con la creación de una industria textil). A pesar del éxito de estos esfuerzos, la industria azucarera sigue desempeñando un papel importante en la economía. En 1993, representaba todavía el 28% de los ingresos por exportación y hasta hoy, el 75% de la tierra cultivable se dedica a la caña de azúcar, que constituye el sustento de 35.000 pequeños campesinos (25). Debido a las condiciones geográficas y al cultivo a pequeña escala, es casi imposible compensar la caída de los precios con la reducción de los costes de producción.

Guyana

Las potencias coloniales crearon este país casi exclusivamente para suministrar azúcar a Europa. Hoy en día, su contingente de importación es el tercero y las exportaciones de azúcar aportan aproximadamente la tercera parte de sus ingresos en divisas. Casi el 20% de la población depende de la industria azucarera. El país lleva muchos años sumergido en una grave crisis económica causada por varios factores: disminución de la producción y exportación de los principales productos, aumento del endeudamiento y deterioro continuo del nivel de vida (el 75% de la población vive por debajo del umbral de pobreza (26)).

La industria azucarera es el primer empleador y la primera fuente de ingresos del país. Todas las fábricas y la mayor parte de las plantaciones son del Estado, aunque están gestionadas desde 1990 por Booker Tate, una filial de la multinacional británica del azúcar Tate & Lyle. Los costes de producción locales son muy superiores al precio del mercado mundial, por lo que la industria azucarera no sería viable sin las exportaciones a Europa en condiciones preferenciales.


Otro problema es que es preciso transformar la caña de azúcar en azúcar sin refinar inmediatamente después de la zafra (21). Los trapiches son caros y, además, al por menor, el azúcar se suele vender refinado, lo que requiere unas instalaciones muy caras. Por razones históricas, todo el azúcar ACP se exporta bajo forma de azúcar sin refinar al Reino Unido, donde lo refina Tate & Lyle. La consecuencia de esto es que en el Sur hay muy pocas cooperativas de pequeños productores capaces de ofrecer azúcar de calidad para la exportación, a la inversa del café o del cacao.

A pesar de estas dificultades, se vende algo de azúcar en condiciones justas en el mercado europeo desde la mitad de los años 80. Desde 1991, se importa también de Filipinas muscobado, el azúcar integral sin refinar, utilizado en la elaboración del chocolate Mascao hecho en Suiza con cacao que proviene también de Comercio Justo. La organización de comercialización "Alter Trade" compra la caña a un precio fijo a pequeños productores y cooperativas de la isla de Negros. No sólo paga un precio más alto que las centrales azucareras comerciales, sino que recoge también la caña inmediatamente después de la zafra, mientras que, en otras condiciones, los productores deben encargarse ellos mismos del transporte y pagarlo.

Romeo Malalay, presidente de una de las cooperativas que suministran caña a Alter Trade, declara: "Cuando dependíamos del terrateniente, ganábamos justo lo necesario para vivir, pero sin margen. Ahora, gracias a la cooperativa, compartimos todos nuestros ingresos. Tenemos un margen que podemos invertir en lo que queramos".

Gracias al pago de mejores precios y a los consejos de varias organizaciones de Comercio Justo europeas, los campesinos pudieron convertir una parte de su producción al cultivo orgánico y mejorar la calidad del producto acabado, un aspecto particularmente importante para la producción del chocolate. Desde 1996, el muscobado también proviene del Panay Fair Trade Centre, una organización de comercialización formada por asociaciones y cooperativas campesinas encabezadas por organizaciones de mujeres de la isla de Panay. Desde hace dos años el Comercio Justo importa además azúcar de caña refinado de la cooperativa Coopeagri de Costa Rica. Coopeagri es una gran cooperativa que tiene unos 5.000 socios, de los cuales 670 cultivan caña de azúcar. La cooperativa tiene además una finca donde da empleo a 49 trabajadores permanentes y una refinería de azúcar donde trabajan 30 empleados fijos y 95 empleados estacionales (durante la zafra, de enero hasta mayo). La cooperativa garantiza a las dos categorías de productores un seguro y la afiliación a la seguridad social. El azúcar representa más o menos la cuarta parte de los ingresos de la cooperativa y es el producto más importante después del café (37%). En 1993, Coopeagri produjo 160.000 toneladas de caña de azúcar que, una vez refinadas, dieron 19.000 toneladas de azúcar blanco. Aunque la proporción del azúcar vendido a las organizaciones de Comercio Justo es pequeña (120 toneladas en 1994), su mejor rendimiento permite hacer inversiones importantes en tecnología y seguridad social.