Arroz
La asignatura pendiente de Comercio Justo.
Elisabeth Piras

¡Mucho más que arroz! Arriba

En la actualidad, el arroz es el cereal más cultivado de nuestro planeta. Esta planta acuática (llamada "oryza sativa" por los botánicos), cuyo origen se sitúa con toda probabilidad en el Sur de China, ya era cultivada en el quinto milenio antes de Cristo a orillas del Río Azul. Más tarde se extenderá por toda Asia y también África, antes de que el ejército de Alejandro Magno lo lleve a la cuenca mediterránea de donde, con motivo de la conquista de las Américas, saltará el Atlántico para implantarse tanto en el Norte como en el Sur.

A pesar de que este trotamundos se adapta a casi todos los climas, es resistente al calor y al frío, crece con o sin agua, en las alturas o en los deltas, no reniega de su origen y se cultiva todavía sobre todo en Asia, continente que es también el primer consumidor. Por otra parte, sigue siendo el principal sustento de más de la mitad de la población mundial. Sin embargo, con la globalización del estilo de vida occidental que promueve nuevos modelos de alimentación - y sobre todo un aumento del consumo de carne - parece que el arroz perderá la primera posición. Con todo, seguirá jugando - y durante mucho tiempo - un papel fundamental para la seguridad alimenticia del mundo.

Tradicionalmente, la importancia del arroz (este término proviene del tamul "arisi") no se limita a su valor nutritivo. Su dimensión cultural se manifiesta ante todo a través del idioma. En varios países asiáticos, "comer" significa siempre "comer arroz". Y los idiomas locales contienen una multitud de palabras para indicar las distintas variedades y sus etapas de crecimiento. También hacen referencia al arroz para medir el tiempo y el espacio. Además, el arroz, semilla de vida y regalo del cielo, ha propiciado durante su existencia milenaria el nacimiento de una cultura sagrada rica en ceremonias y ritos. Invadida por la lógica de la competitividad y los dogmas del mercado, esta cultura parecía condenada a la extinción hace poco. Sin embargo, sobrevive o renace aquí o allá, como signo y motor de la identidad, del vínculo social, de lugar de resistencia.

La diversidad al poder Arriba

Universal no quiere decir uniforme: el arroz tiene una multitud de variedades, entornos, tipos de cultivo y categorías de comercialización.

Sus variedades indican una biodiversidad excepcional. Los Veda, los textos sagrados del hinduismo, hablan de más de 500.000 variedades. Antes de la Segunda Guerra Mundial, había todavía unas 100.000 variedades en Asia y el IRRI (International Rice Research Institute) de Filipinas conserva no menos de 86.000 variedades recogidas en 113 países. Sin embargo, desde la Revolución Verde (véase recuadro), esta riqueza va disminuyendo, ante el progreso de unos pocos híbridos de alto rendimiento. Las variedades más cotizadas y más comunes son el arroz índica de grano largo y fino, el arroz japónica de grano corto y abombado y varios arroces perfumados, como el Basmati de Pakistán y de la India, y el Jasmin de Tailandia.

El arroz ocupa el 11% de las tierras cultivables del planeta, en zonas muy diversas desde un punto de vista geográfico y climático, desde el nivel del mar hasta 2.500 metros de altura. El 90% de la superficie de los arrozales se encuentran en Asia, que produce el 92% de la cosecha mundial. África, América y cinco países de la Unión Europea (Italia, España, Portugal, Francia y Grecia) se reparten el resto.

Por su origen asiático, el arroz necesita mucha agua para desarrollarse bien. Antes, se cultivaba sobre todo en tierras inundadas, o sea en las llanuras aluviales y en los deltas. Este tipo de cultivo representa todavía el 32% de la superficie cultivada y se encuentra sobre todo en Asia meridional y Asia del sudeste.

Desde siempre, los campesinos han inventado y concebido sistemas de riego ingeniosos adaptados a su entorno. Hoy en día, como consecuencia de la Revolución Verde, más de la mitad de los arrozales son irrigados (con el 60% en Asia).

El dominio completo del agua típico de los sistemas de riego modernos permite el cultivo intensivo del arroz y garantiza rendimientos elevados. Sin embargo, estos sistemas han causado daños importantes al medio ambiente, a veces irreversibles (véase recuadro). Además, concebidos según tecnologías punta, son grandes consumidores de agua y resultan muy costosos. En tales circunstancias, no es de extrañar que, en el Sur, sólo los terratenientes ricos puedan sufragar estos gastos y que el arroz de Europa y de Estados Unidos proceda exclusivamente de arrozales irrigados.

Otra técnica de cultivo, el cultivo pluvial, muy dependiente de un régimen de precipitaciones a menudo inestable, se practica actualmente en el 13% de los arrozales. Prevalece en África (42% de los arrozales) y en Sudamérica (60%).

En el mercado existen muchas categorías de arroz, desde el producto de lujo hasta el arroz partido que se utilizan bien en la industria alimentaria, bien para el ganado, bien para los pobres. Según la etapa de transformación, se distingue el arroz "paddy" (sin descascarillar), el arroz integral (sin cáscara no comestible) y el arroz blanco (pulido, blanqueado y sin valor nutritivo alguno).

Los arroceros: un cuento de búfalos y helicópteros Arriba

No sólo el arroz es tan variado, sino también quienes lo cultivan. Con todo, podemos distinguir dos grupos principales.

En los países del Sur, la mayor parte de los arrozales, que se suelen cultivar en bancales, están en manos de los millones de campesinos que cultivan el arroz en primer lugar para el autoconsumo. Cuando la falta de liquidez no les obliga a vender toda su cosecha, sacan de la venta de los excedentes un ingreso que no llega siempre a cubrir los costes de producción. Todos los miembros de la familia participan en las distintas etapas de la producción. Algunas tareas, como el transplante, se hacen a mano, mientras otras, como la labranza, se hacen con animales. Hasta en los arrozales de mayor tamaño en manos de terratenientes ricos, las tareas manuales y mecanizadas están reservadas a la mano de obra barata, que proviene de los campesinos sin tierra.

Al extremo opuesto, en Estados Unidos, las llanuras de arrozales se extienden hasta el infinito y los empresarios (grandes terratenientes y empresas agroalimentarias) utilizan máquinas gigantescas y sofisticadas, con aeronaves y los últimos avances en informática. Si, en Europa, el tipo de cultivo cambia de una zona a otra o de una explotación a otra, todo apunta a una americanización de los arrozales debido a la competencia en el sector. A ambos lados del Atlántico, los arroceros pueden pedir pagos compensatorios - los "deficiency payments" de Estados Unidos y el "precio de intervención" de la UE - que les aseguran un ingreso y un acceso a los mercados nacionales e internacionales.

La producción mundial aumenta, pero las reservas disminuyen... Arriba

En 1965, la producción mundial era de 257 millones de toneladas de "paddy", en comparación con 565,8 millones en 1996. Por lo tanto, el arroz es desde 1995 el cereal más producido del planeta, por delante del trigo y del maíz (en 1995, 554 millones de toneladas de arroz por 538 de trigo y 506 de maíz).


¿Revolución verde o evolución sostenible?

Para remediar una penuria de alimentos - o, mejor todavía, para prevenirla - muchos países optaron desde los años 60 por la llamada Revolución Verde y sus ventajas tecnológicas: sistemas de riego sofisticados, selección de variedades de alto rendimiento, utilización de un abanico impresionante de químicos. En varias regiones, se pudo evitar una hambruna y algunos países pudieron producir cereales en cantidad suficiente a pesar de su crecimiento demográfico. Sin embargo, a lo largo de los años, la Revolución Verde resultó mucho menos verde de lo que se deduce de su nombre. Hoy en día, nadie se atrevería a negar sus desastres sociales y ecológicos. Por una parte contribuyó de manera decisiva a aumentar la diferencia entre ricos terratenientes y pequeños campesinos, puesto que las nuevas semillas requieren el uso de pesticidas y abonos químicos costosos y los sistemas de riego modernos necesitan una inversión elevada. Por otra parte, la estimulación química, genética y biotecnológica ha hecho peligrar el equilibrio natural y milenario de muchas zonas de cultivo, llegando incluso a romperlo de manera irreversible. Los arrozales contaminados y eutrofizados ya no se prestan a la piscicultura (el complemento tradicional de los arroceros), los acuíferos se agotan (hace falta hasta 5000 litros de agua para producir un kilo de arroz irrigado), los suelos se empobrecen... Después de una subida espectacular, los rendimientos se han desplomado en los últimos años para disminuir en un 30%.

¿Cómo salir de este callejón sin salida? Los partidarios de la agricultura y la agronomía modernas, entre ellos el IRRI y las grandes multinacionales de la química, ensalzan los beneficios de la genética y de los híbridos. Al lado opuesto, son numerosos los que se comprometen - campesinos y científicos - para revalorizar métodos tradicionales (rotación de cultivos, cultivos asociados, abonos orgánicos) y luchan por la preservación de las variedades locales. De esta manera, crean los fundamentos de un desarrollo sostenido y autogestionado, o sea, ¡de una revolución verdaderamente verde!


¿Cómo se explica este auge del arroz?

En la mayor parte de los países asiáticos, el arroz es el sustento principal de la población. Después de la Segunda Guerra mundial, y sobre todo desde los años 60, varios gobiernos promulgaron decretos para aumentar la producción de arroz y promover su comercialización. Algunos hasta crearon un monopolio estatal para la producción y, sobre todo, la exportación de arroz. Con estas medidas pretendían tanto asegurar el autoabastecimiento del país como promover la exportación de los excedentes, lo que supone obtener divisas siempre tan necesarias. A esto se añaden las condiciones climáticas favorables que han caracterizado varias zonas arroceras en los últimos años. Por ejemplo, Indonesia llegó a exportar arroz en algunos períodos - hasta las malas cosechas de 1995 - cuando había sido anteriormente el primer importador mundial.

A pesar de todo, las reservas mundiales, que ya se encuentran por debajo de los límites de seguridad, han seguido bajando. En 1996, constituyeron el 16% aproximadamente del consumo total previsto, o sea una reserva de 57 días, en comparación con 70 días para el trigo. Si un gran productor (como China o la India con el 30% y el 22% de la producción mundial) llega a ser deficitario, no se podrá cubrir este déficit, puesto que el comercio internacional del arroz sólo representa el 4 o el 5% del arroz producido en el mundo.

A pesar del aumento, la producción mundial de arroz ya es, pues, insuficiente. Además, un estudio del IRRI indica que debería aumentar en un 70% para satisfacer la demanda mundial en el 2020, teniendo en cuenta el crecimiento demográfico previsible. Con esto en mente, el IRRI - un partidario firme de la Revolución Verde, véase recuadro - estudia la selección de un "super arroz" que pueda alcanzar un rendimiento de 10 o 15 t/ha., en comparación con unos rendimientos actuales medios de 3,7 t/ha. en arrozales irrigados. Otros estudios, que se centran en los métodos del desarrollo sostenible, preconizan la promoción del cultivo pluvial y argumentan que Sudamérica, con sus 230 millones de hectáreas de tierras cultivables disponibles, podría transformarse en el granero del planeta.

El frágil equilibrio del mercado mundial del arroz Arriba

Los principales exportadores no son los principales productores. Tailandia sigue encabezando desde hace mucho tiempo la lista de los exportadores, a pesar de la competencia reciente de otros países asiáticos, como Vietnam. Sin embargo, para hacer frente a sus competidores, debe proseguir con su política de subvenciones. Así, en 1997, debería subvencionar una cuarta parte de sus exportaciones (que representan en 1996 casi la cuarta parte de su producción). Durante muchos años, Estados Unidos ocupaba el segundo lugar, gracias a las subvenciones y los pagos compensatorios de los cuales se beneficiaba entre el 50 y el 70% de la cosecha, pero ha ido perdiendo puestos en los últimos años.

Puesto que el arroz se consume casi en su totalidad donde se produce, con la excepción de Estados Unidos, tan sólo el 4 o el 5% de la producción llega al mercado mundial (en comparación: 20% para el trigo y 18% para el maíz). En otras palabras, se trata de un mercado de excedentes, estrecho, caracterizado por la concentración geográfica de la producción, un número relativamente pequeño de vendedores y compradores y por un precio muy sensible a las fluctuaciones de las cantidades y calidades de arroz disponibles.

Tomados en su conjunto, varios factores hacen del mercado del arroz un mercado muy inestable:

A pesar de las fluctuaciones anuales de las importaciones y exportaciones de cada país, se pueden distinguir tendencias constantes en ciertas zonas del planeta. Hasta ahora, el Medio Oriente y - aunque en menor medida - la totalidad de Asia han sido el destino de más de la mitad de los volúmenes vendidos en el mundo. Desde hace poco, África - sobre todo el África subsahariana - se perfila como el principal importador de arroz, sobre todo de baja calidad, con un 25% del total del comercio mundial.

La Unión Europea, una zona...¡arrocera! Arriba

Cinco países de la UE son productores de arroz. Según las últimas estadísticas europeas (1992-93), el 62% de la producción europea viene de Italia (Piemonte), el 18% de España (Andalucía y Murcia), el 8% de Grecia y el 6% de Francia (Camarga) y Portugal. Esta producción cubría en 1994 el 60% de la demanda europea y es deficitaria para el arroz índica y excedentaria para el arroz japónica. Los excedentes de esta variedad se exportan, casi en su totalidad desde Italia. El índica se importa de Estados Unidos (30%, o sea el 15% de las exportaciones), Tailandia (20%), India y Pakistán (7%), países ACP y Antillas holandesas (33%). De 1990 a 1994, el 4,7% de las importaciones mundiales tenían a la UE como destino.

Trabas y trampas en el mercado europeoArriba

Si el cultivo del arroz no ha tenido problemas para implantarse en varias regiones de Europa, el arroz importado debe en cambio salvar numerosas barreras arancelarias y técnicas, según el productor y la categoría. Para salvaguardar no sólo su producción interna - de ahí el precio de intervención - sino también sus instalaciones industriales, la UE favorece la importación de arroz "paddy" y grava el arroz blanco con aranceles mucho más elevados que el arroz integral.

Por otra parte, múltiples derogaciones muy complejas envuelven el tema de los aranceles en una nube opaca y le hacen poco transparente. Los países APC se benefician de aranceles favorables. Sin embargo, algunos de ellos exportan su arroz hacia la UE pasando por las Antillas holandesas (que no cultivan el arroz sino que lo transforman) para beneficiarse de la exención de aranceles otorgada a esta región europea de Ultramar y para hacer caso omiso a la obligación de la Convención de Lomé de cobrarles un arancel de exportación a los arroceros.

En la actualidad, la UE está modificando la organización de su mercado del arroz para que sea conforme a las disposiciones de la OMC (Organización Mundial del Comercio) Sin embargo, las numerosas enmiendas adoptadas hasta ahora casi no han supuesto ningún cambio esencial.

OMC, globalización y multinacionales: ¿quién sale ganando? Arriba

El Acuerdo final de la Ronda Uruguay de 1994 prevé de manera obligatoria - con aplazamientos de su aplicación para algunos países del Sur y exenciones para los países menos desarrollados - una reducción progresiva de los subsidios de exportación que ha perjudicado mucho a los países en desarrollo y a los productores locales. En su afán de liberalización, las partes contratantes acordaron también reducir considerablemente los aranceles - que sustituirán además a los obstáculos no arancelarios - y garantizar una apertura mínima de sus mercados. Esta reducción se hará sin embargo en forma progresiva y sólo algunos países se beneficiarán de ella a corto plazo. Además, los países industrializados han creado mecanismos para apoyar su producción - como la Public Law 480 de Estados Unidos que regula la exportación de cereales en concepto de ayuda alimentaria - que no están sometidos a las prescripciones de la OMC. Japón cumple estrictamente el volumen mínimo de importación, pero reexporta una buena parte del arroz importado en concepto de ayuda humanitaria. En otras palabras, cumple los acuerdos pero sin liberalizar realmente su mercado... Lo que es más, en 1996, ha podido reforzar sus exportaciones, aunque sus mercados de destino siguen siendo muy localizados.

Tradicionalmente, los intercambios de arroz se trataban de Estado a Estado o entre unas pocas familias de exportadores, sobre todo de origen chino. En los últimos veinte años, sin embargo, las empresas de comercio internacional han crecido rápidamente para copar en la actualidad casi el 40% de los intercambios de arroz. Además, siguen consolidando su posición. Las cuatro principales empresas son las sociedades americanas y anglosajonas Continental, Glencore y Cargill, y el grupo francés Riz et Denrées. Su posición en el mercado mundial es muy fuerte, puesto que actúan también en ciertos países como proveedores de insumos agrícolas.

La apertura comercial, ¿no es más que una cortina de humo para ocultar los intereses de los países ricos y de sus grandes grupos industriales? En este caso, ¿no es urgente que los agricultores y los consumidores, tanto en el Sur como en el Norte, refuercen sus alianzas y presionen a nivel político para parar una evolución que les perjudicará?

¿Es justo que Europa importe un alimento básico? Arriba

Uno de los principales objetivos de Comercio Justo es el de contribuir al desarrollo sostenible del Sur. En tales circunstancias, ¿es legítimo intentar promover la exportación de un alimento básico como el arroz? ¿Qué pasa con la seguridad alimenticia de los productores?

Pasar de la seguridad a la soberanía alimenticia

Empecemos por hacer un pequeño paseo por un campo inmenso, el de la seguridad alimenticia, objeto principal de muchos estudios realizados en las últimas décadas y presentado con mucha repercusión durante la Cumbre de la alimentación de Roma organizada por la FAO en noviembre de 1996.

Según la definición del Banco Mundial en 1986, la seguridad alimenticia (noción que se deriva del derecho a alimentarse amparado por la Declaración Universal de los Derechos Humanos) es "el acceso permanente de todos a una alimentación suficiente para llevar una vida sana y activa. Sus elementos esenciales son la disponibilidad de los alimentos y la capacidad para adquirirlos."

Esta definición se sigue comentando, precisando y extendiendo. Se deduce, entre otras cosas, que no hay que confundir seguridad alimenticia con autoabastecimiento, por muy importante que sea este instrumento. No basta, pues, con que los países regulen la producción y la venta de un alimento básico. La India, por ejemplo, se autoabastece de arroz, pero varias clases sociales, hasta en el campo, no pueden satisfacer sus necesidades alimenticias esenciales. Conviene pues recordar que, para la población y sobre todo para los desfavorecidos, "la disponibilidad de los alimentos es una condición necesaria pero no suficiente para la eliminación del hambre y la garantía del acceso a dichos alimentos. Este acceso se puede garantizar con un ingreso, un empleo o la capacidad para proveerse de alimentos a través de la producción, del intercambio o de programas de ayuda social" (fuente: FAO/d.e.p.p 1995). Además, ya no se miden las necesidades alimenticias sólo en términos cuantitativos, sino también por su calidad. Y calidad significa hoy una alimentación producida en condiciones que respeten el entorno natural, social y cultural.


El primer arroz de Comercio Justo

Tailandia se está convirtiendo en un país de dos velocidades. Algunas regiones, particularmente la de Bangkok, se caracterizan por un crecimiento económico espectacular, sobre todo gracias a la implantación de zonas francas que atraen divisas. Entre las zonas dejadas de la mano de Dios se encuentran la de Surin en el noroeste del país, cerca de la frontera con Camboya y Laos, donde el empobrecimiento de la población y el éxodo rural han sido particularmente graves. La considerable deforestación, que resultó de la instalación de bases americanas durante la guerra del Vietnam y, aunque en menor medida, de la introducción de los métodos de la Revolución Verde en los años 70, ha provocado graves problemas medioambientales: agotamiento de los acuíferos, sequías, erosión de los suelos. Sin embargo, casi el 90% de la población intenta (sobre)vivir de la agricultura de autoconsumo basada en el arroz, la mayoría de ellos pequeños campesinos. Pero a los campesinos, sin liquidez, no les queda más remedio que vender su producto antes de la cosecha a los comerciantes que son a la vez usureros. Muchísimas familias están atrapadas en el círculo vicioso del endeudamiento, y la emigración a la ciudad sólo es una solución en contados casos. Muchos niños y adolescentes están obligados a realizar trabajos forzados o a prostituirse para pagar la deuda de sus padres.

Para solucionar este panorama desolador, algunas ONG tailandesas intentan desde hace muchos años mejorar las condiciones ecológicas y sociales de la región: promoción de la producción de arroz biológico según los métodos del japonés Fukuoka, descascarillado y pulido del arroz "paddy" en los molinos de las organizaciones campesinas, fundación de los bancos de arroz, comercialización directa de la producción para obtener mejores precios. De esta manera, los campesinos no están obligados a vender la totalidad de su cosecha para pagar sus deudas. Además, pueden autoabastecerse y disponer de suficientes semillas para la próxima campaña. Al mismo tiempo, la calidad del suelo y del arroz va mejorando.

Promovida por varias organizaciones campesinas y ONG de Tailandia y por el Comercio Justo europeo - a iniciativa de Claro, miembro suizo de EFTA - la exportación de arroz de Surin fue una verdadera carrera de obstáculos. Por una parte, las licencias de exportación de arroz tailandés se siguen reservando a las grandes empresas comerciales, a pesar de la liberalización y, por otra, la conformidad a las normas higiénicas de la UE supone una tecnología y unas competencias que requieren no sólo instalaciones costosas sino también un nivel de formación adecuado. En lo que respecta a un aval ecológico, carísimo y complejo, los esfuerzos hechos por crear un organismo regulador en Tailandia deberían dar próximamente su fruto. Sin el apoyo financiero y técnico que sólo el Comercio Justo está dispuesto a dar, a los arroceros de Surin les hubiera sido casi imposible acceder al mercado internacional.

Gracias a los esfuerzos de todos los interesados, los miembros de EFTA distribuyen hoy en día el arroz de Surin producido, transformado y envasado en el lugar de origen. La exportación está en manos de una cooperativa llamada Nature Food Cooperative, mientras que la organización hermana Green Net está creando una red de venta en el país.



¡El hambre no es una fatalidad!

A principios de 1997, el Estado de Orissa demandó a OXFAM-India, acusándole de intentar exportar arroz procedente de Kahalandi, región afectada en 1996 por la sequía, y de haber violado la prohibición gubernamental de comercializar arroz fuera de la zona. Le acusó además de haber explotado a campesinos pobres y de haberse quedado con el beneficio de la operación, o sea con divisas.

Hasta la fecha, la justicia local no ha pronunciado ningún fallo. En cambio, OXFAM-India ha denunciado los intereses ocultos.

En la realidad, OXFAM-India, ONG sin fines de lucro, no ha hecho nunca transacciones comerciales. En cambio, apoya desde 1978 a numerosas organizaciones campesinas de Orissa. Colabora en particular con P.O.K.S., una asociación ubicada en el oeste del Estado, que pretende promover la agricultura ecológica y la comercialización directa de los productos. Como consecuencia de una reflexión sobre las importaciones de pesticidas procedentes de los países industrializados y sobre las incidencias de la actividad de la OMC sobre la agricultura india, P.O.K.S. tiene previsto exportar, con el apoyo de OXFAM-India y la autorización del gobierno - absolutamente indispensable - 14 toneladas de arroz biológico destinadas a las organizaciones de Comercio Justo de Bélgica e Inglaterra. Esta exportación de carácter simbólico es parte de una campaña de sensibilización del público. Además, P.O.K.S. ha decidido utilizar los beneficios para obtener un crédito que permita la construcción de una planta de descascarillado y pulido del arroz, en beneficio de sus socios. Y es que la producción de un producto acabado no sólo representa una ventaja económica, sino que permite sobre todo liberarse de los intermediarios que controlan el mercado del arroz, determinan los precios y practican la usura cuando hay necesidad (una necesidad que no dudan en crear).

Desde la prohibición de comercializar el arroz, este monopolio se nota más. La región de Kalahandi es una de las más fértiles y productivas de la India y produce excedentes de arroz desde hace más de 20 años. Esto no ha cambiado, a pesar de la sequía de 1996, y todos los campesinos de la zona han tenido cosechas excedentarias. Sin embargo, se da la paradoja de que la mayor parte de las familias no tiene suficiente para comer. ¿Cómo es posible? A OXFAM-India y P.O.K.S. no les cabe ninguna duda: las restricciones gubernamentales sirven a los intereses de los grandes comerciantes que compran el arroz "paddy" a precios bajos y lo vuelven a vender a los productores como producto acabado, después de sacar altos beneficios. Además, venden volúmenes elevados de arroz fuera de la zona, donde los precios son más altos. A falta de ingresos suficientes, los campesinos llegan al extremo de vender toda su cosecha, incluidas las semillas para la próxima campaña...

No se puede negar que el proyecto de P.O.K.S. socava el papel de los intermediarios, que, bajo pretexto de impedir una calamidad, han reforzado su posición. Una vez más, la falta de alimentos no se debe a causas naturales sino a la injusticia humana y política.

¿El pleito contra OXFAM-India sería acaso provocado (y financiado) por algunos comerciantes que ven sus privilegios amenazados?


En consecuencia, muchas organizaciones de campesinos del Sur y ONG (entre ellas OXFAM Solidarité en Bélgica) definen la seguridad alimenticia como el derecho de los pueblos a autoalimentarse y el derecho de los países a la autonomía alimenticia, como garantía de su independencia económica y política. En virtud de esta soberanía alimenticia y en la perspectiva del desarrollo sostenible, estas organizaciones denuncian la política neoliberal de la OMC que favorece las importaciones de productos agrícolas baratos a costa de los cultivos de autoconsumo.

Las respuestas de Comercio Justo

Primero, si bien busca soluciones fuera del mercado mundial, el Comercio Justo está sometido a las mismas leyes que reglamentan el comercio clásico. Las organizaciones de Comercio Justo deben solicitar una licencia de exportación y deben acatar una prohibición de exportación decretada por el gobierno, por irrisorios que sean los volúmenes que mueven. Además, dadas las intenciones de Comercio Justo que se oponen a los intereses de los grandes intermediarios y, por lo tanto, de ciertos ámbitos políticos, el Comercio Justo puede molestar y servir, a veces, de chivo expiatorio. El juicio contra OXFAM-India es un ejemplo convincente de esto (véase recuadro).

Basmati made in USA

El arroz perfumado Basmati es una variedad tradicional de la India. Hoy en día, este nombre también se refiere a un arroz perfumado producido en Estados Unidos a partir de semillas de origen indio. Su venta corre a cargo de la empresa norteamericana US Grain Corporation, en manos de Cargill y Continental, dos de las cuatro más grandes empresas comerciales que trabajan con el arroz. ¡De conformidad con la legislación americana, la multinacional puede patentar el arroz Basmati y ser su único dueño! A los arroceros indios no les quedará más remedio que pagar derechos a US Grain Corporation para poder vender su arroz en Estados Unidos con el nombre "Basmati". Y esto no es todo: de ahora en adelante, ni podrán producir sus propias semillas si las cruzan con las semillas patentadas ¡Y eso que ellos llevan siglos seleccionando y mejorando estas semillas! Indignados, denuncian esta usurpación, esta "biopiratería", y se movilizan para luchar contra ella.

Segundo, además de prestar atención a la disponibilidad de los alimentos en una zona determinada, las organizaciones de Comercio Justo pretenden instaurar y asegurar el acceso a los alimentos en una visión global típica del desarrollo sostenible. Por esto, se da prioridad a la creación de fuentes de ingreso estables para todas las partes del proceso. Esto significa sobre todo asegurar precios justos a los productores, crear valor añadido gracias a la transformación, al acabado y al envase del producto en el lugar de origen, privilegiar lo más que se pueda a los socios (empresas de transformación, organizaciones de exportación, etc.) que buscan también más justicia.

Tercero, al apoyar la utilización o la introducción de métodos de cultivo orgánico por parte de las organizaciones campesinas, el Comercio Justo, con su política de precios y de relaciones a largo plazo, ofrece una ayuda indispensable a quienes la industria agroquímica y los gobiernos partidarios de la Revolución Verde dejan de lado.

Por tanto, importar arroz que sea conforme a estos criterios y distribuirlo en la red de Comercio Justo europeo, como ya se hace con arroz de Tailandia (véase recuadro) es un aporte esencial a la soberanía alimenticia de los productores.

Pero los miembros de EFTA no se conforman con esto. No sólo quieren abrir las puertas de Comercio Justo a otros grupos arroceros, sino que pretenden también promover la fabricación y la distribución en los mercados nacionales e internacionales de productos acabados, como arroz hinchado, krupuk, pastas hechas con harina de arroz, etc. De esta manera, los campesinos podrán vender más cantidades y las nuevas plantas de transformación crearán más empleos y generarán más ingresos.

Arroz en el Comercio Justo: ¿producto de segunda o nuevo desafío?

Queda por analizar la cuestión política. Desde hace varios años, EFTA pretende defender los principios de Comercio Justo ante las instancias políticas de la UE en el campo del desarrollo sostenible, del comercio internacional y de la defensa del consumidor (véase EFTA, Anuario 1995, pp. 42-43). En este ámbito, el arroz no ha sido objeto hasta ahora de estudios ni de propuestas concretas. Tampoco es una prioridad a medio plazo de los organismos que promueven los sellos de Comercio Justo, como la Fundación Max Havelaar. Sin embargo, en Suiza, el arroz fue en 1995 y 1997 la pieza clave de la acción cuaresmal (1) realizada por dos ONG nacionales y por Claro, miembro de EFTA e importador del primer arroz de Comercio Justo (véase recuadro).

De hecho es necesario reflexionar sobre la importancia del arroz en las preocupaciones y las reivindicaciones de las organizaciones de Comercio Justo: soberanía alimenticia, preservación de la biodiversidad, manipulaciones genéticas, patentes sobre organismos vivos a costa del acceso a las semillas (véase recuadro), denuncia del tráfico de pesticidas y otros productos químicos, promoción de la agricultura biológica, consecuencias de la OMC, competencia que los productos agrícolas de importación (camuflados muchas veces como ayuda alimenticia) hacen a la producción local, apoyo de los grandes productores a costa de los pequeños ¡En todos estos temas, el arroz desempeña un papel muy importante!

En Bélgica, OXFAM-Solidarité, OXFAM WereldWinkels y Magasins du Monde OXFAM han decidido lanzar, a partir de 1997, una campaña nacional para sensibilizar al público y a la clase política belgas sobre el tema de la soberanía alimenticia. Para ilustrar lo que está en juego en los campos de la genética, la preservación de la biodiversidad y las patentes sobre semillas agrícolas, la campaña estará centrada en el arroz y sobre todo, en el cultivo del arroz realizado por los campesinos. Se hará en estrecha colaboración con organizaciones campesinas de Asia, África y América latina que podrán así presentar su realidad, dar su opinión y expresar sus reivindicaciones. ¡La soberanía alimenticia de los pequeños arroceros y de los consumidores del Sur y del Norte es un desafío importante para el Comercio Justo!