Cuestionario de preguntas más usuales demandadas por los ciudadanos en el tema de la Encefalopatía Espongiforme transmitida por el ganado vacuno.
 

La encefalopatía espongiforme bovina (EEB), conocida más comúnmente como "mal de las vacas locas", fue diagnosticada por primera vez en 1986 en el Reino Unido. La EEB pertenece a un grupo de enfermedades degenerativas del sistema nervioso central, caracterizadas por ser enfermedades crónicas y progresivas, conocidas como encefalopatías espongiformes transmisibles ( EETs). El agente causante de este grupo de enfermedades es conocido como prión, constituido por pequeñas partículas infecciosas de naturaleza proteica. Dentro de las encefalopatías espongiformes transmisibles nos encontramos la encefalopatía espongiforme bovina, la Tembladera o Scrapie de las ovejas y cabras así como la enfermedad de Creutzfeld- Jacob y su nueva variante en humanos.


Por un ahorro de energía. A principios de la década de los ochenta, los británicos modifican el tratamiento de la carne y hueso de los animales que se utilizan para hacer piensos. Hasta 1981, se molían, se trataban a 160 ºC dos horas y se les añadía disolventes orgánicos para separar grasas de harinas. A partir de 1981 se reduce la temperatura a 100 ºC, la cocción se limita a una hora y se suprimen los disolventes orgánicos. El prión no se inactiva, pasa a las harinas y se incorpora a los animales. Al parecer, surgen porque hacen harinas a partir de ovejas afectadas por tembladera o scrapie, que no se transmite directamente a los humanos.


Los animales que desarrollan la enfermedad experimentan cambios de comportamiento, se vuelven nerviosas y agresivas, reaccionan exageradamente a estímulos, rechinan sus dientes, tienen dificultades para sortear obstáculos como escalones, se caen al suelo con facilidad, tardan en levantarse y sufren temblores. Pierden peso y dan menos leche. Cuando mueren, el cerebro tiene aspecto de esponja.


No se trata ni de un virus ni de una bacteria, sino de una proteína anómala denominada prión que provoca un cambio en la estructura de otra proteína muy semejante presente en los humanos.


Están presentes en todas las partes de la vaca. Un 65% de los priones se localiza en el cerebro y cerebelo, el 25% en la medula espinal, el 4% en los ganglios del nervio trigémino, el resto, en el ileon, intestino delgado, amígdalas y ojos. No se ha demostrado capacidad de infección en el músculo ( filetes) ni en la leche.


Se trata de órganos de bovinos, considerados como tejido de riesgo por su alto nivel de infectividad. Los MER son eliminados de la cadena de alimentación tanto de humanos como de animales.

Materiales específicos de riesgo:
  • Cráneo ( encéfalo y ojos), amígdalas y médula espinal de animales de más de 12 meses.
  • Bazo e intestino bovinos de cualquier edad.
  • Animales muertos en las explotaciones de cualquier edad.


Actualmente se realiza él diagnóstico a través del Test Prionics, mediante una muestra de tejido cerebral de bovinos de más de 30 meses de edad. Este test facilita los resultados en un periodo de entre 6 y 8 horas.


La nueva variante de Creutzfeld-Jakob fue diagnosticada en 1995 en el Reino Unido. Esta nueva variante se diferencia de su forma clásica por desarrollarse en individuos jóvenes y mostrar una sintomatología distinta. El origen de este síndrome nuevo en humanos se relaciona con el consumo de carne de vacuno y productos derivados.


  1. Eliminación de los materiales específicos de riesgo ( MER).
  2. Eliminación y destrucción de los cadáveres en las explotaciones.
  3. Prohibición del uso de las harinas de carne y hueso en alimentación de los animales.
  4. Control en laboratorio de EEB.
  5. Medidas de intervención de mercados.


  1. Partes del vacuno que se pueden comer:

    Carne muscular y leche. Productos de casquearía, como hígado, riñones o criadillas. Se consideran libres de contaminación, aun en el caso de tratarse de un animal enfermo.

  2. Otros productos:

    • Medicamentos; Cerca de un 70% de los medicamentos contienen ingredientes que proceden del vacuno. Cada medicamento que sale al mercado supera unos rigurosos controles de sanidad que garantizan su idoneidad.
    • Cosméticos: la mayoría contienen sebo como ingrediente básico. Pese a ello, son considerados seguros, debido, a su tratamiento y por el momento no existen casos conocidos.
    • Golosinas: algunas golosinas de consumo infantil tienen entre sus componentes gelatinas y restos procedentes del vacuno. No se han detectado riesgos.
    • Pieles y Curtidos: al igual que en el caso de los cosméticos, las pieles y curtidos de vaca no representan ningún peligro. El prión no ha demostrado capacidad de contagio a través de la piel.