INTRODUCCIÓN
Decía el semanario L´Epreso, en un reciente artículo, que Europa no sabe qué hacer con sus inmigrantes. Estaba acostumbrada a europeizar el mundo y ahora le toca el turno a ser globalizada. La falta de una reacción positiva del Viejo Continente, respecto a la metamorfosis social que está experimentando, demuestra la lentitud de reflejos de su clase política y la pervivencia de antiguos clichés sociológicos que son necesarios ir eliminando.
Es necesario quitarse la venda y apostar por la única vía posible de progreso: la pluricultura. Los inmigrantes traen a Europa energía, imaginación y empuje empresarial. En este sentido el ejemplo de EE.UU. es clarificador y el dato fundamental; los inmigrantes no sólo potencian la economía, sino que crean trabajo.
La caída demográfica que Europa ha experimentado en últimas décadas, amenaza los cimientos sobre los que se asienta nuestro modelo de prestaciones sociales. Es por tanto necesaria savia nueva para alimentar el sistema, y por encima de todo, imaginación política para desarmar de argumentos a aquéllas que desde posiciones catastrofistas, tratan de vendernos un futuro de confrontación y choque entre diferentes civilizaciones.
Sin duda el camino hasta la óptima integración multicultural será largo y jalonado de inconvenientes y dificultades. La etapa actual está caracterizada por la aparición de muchos de estos obstáculos, veamos ahora país a país algunos de los más recientes:

ITALIA
- "Un barco en el que viajaban cientos de personas, la mayoría de ellos kurdos, y que había sido abandonado por la tripulación, fue interceptado ayer en Italia. Llevaba al menos a 386 personas, entre ellas 73 niños". (El País, 02/01/98).
"La llegada de naves completas de kurdos pone en jaque a Italia como gendarme de Europa. Crece la sospecha de que el éxodo es propiciado por Turquía, como represalia al no de la Unión Europea". (La Vanguardia, 03/01/98).