Cocapress

Boletín Internacional
Coca, Drogas y Desarrollo Sostenible


Nº 16 Del 18 al 25 de mayo de 1996 - Cochabamba - Bolivia

INFORME DE USAID CUESTIONA ERRADICACIÓN DE COCALES

LA "MANO BLANCA" EN EL ESCANDALO DE LOS NARCO-VINCULOS

CONTINÚAN LOS CUESTIONAMIENTOS A UMOPAR

COMENTARIO

Ahora que la situación en el Chapare boliviano parece mas o menos bajo control,las autoridades bolivianas y estadounidenses dirigen su atención hacia el cultivo de la coca en los Yungas de La Paz. El objetivo es reducir los cultivos a las 12.000 hectáreas permitidas por la controvertida Ley 1008 antinarcóticos. Que en el ultimo año se hayan incrementado los cultivos de la coca en los yungas no sorprende, puesto que es sabido que mientras exista demanda externa la erradicación en un lugar como el Chapare será compensada por el incremento de la producción en otro lugar como los Yungas. De aquí que la Guerra a las Drogas, en su dimensión de ataque a la hoja de coca, no haya tenido ningún éxito: un informe de USAID indica justamente que todo el aparataje represivo y financiero no ha podido impedir el incremento en la superficie cultivada entre 1993 y 1995.

Habría que repensar el costo económico de la erradicación y lo que se podría hacer con ese dinero. Habría que considerar también el costo humano que conlleva una política represiva en un marco legal cuestionable. Un nuevo informe de Human Rights Watch/Américas denuncia que existen graves violaciones a los Derechos Humanos en la región del Chapare. El informe anual de Amnistía Internacional ratifica las mismas acusaciones.

Por otro lado, la mano de los Estados Unidos se manifiesta repetidamente como la principal fuerza propulsora de una guerra sucia al interior de la Guerra a las Drogas. Según acusaciones del Secretario Ejecutivo del gobernante MNR, la supuesta "mano negra" oficialista que digitó el proceso judicial boliviano de los narcovínculos --y la excarcelación injustificada del dirigente del MIR Oscar Eid-- es en realidad la "mano blanca" de los Estados Unidos y en particular la mano del ex embajador Robert Gelbard.

Los Estados Unidos, no contentos con la certificación y los ultimatums se abocan ahora, a través de la DEA, a la investigación de los "narcomilitares" peruanos, cuyas actividades delictivas se extendieron hasta el edecan presidencial. Esto no impide, sin embargo, que el presidente Fujimori acuse a los países consumidores por seguir importando drogas. Por la vía de los hechos, también Panamá se hace "copartícipe" en esta guerra continental: fuerzas del Comando Sur estadounidense fueron debidamente autorizadas a sobrevolar el Darien, zona limítrofe con Colombia. En este ultimo país, descertificado y bajo la advertencia de consecuencias desagradables si Samper es absuelto, se construyen nuevas bases militares "antidrogas" con el apoyo de Estados Unidos. Por si fuera poco, el mismo Contralor General de Colombia, David Turbay, denuncio que fue "invitado a conspirar" contra su gobierno por portavoces de la embajada norteamericana. Cuatro conclusiones básicas:

  1. la penalización de los cultivos de coca y su erradicación no contribuye al éxito de la Guerra a las Drogas.
  2. La Guerra a las Drogas tiene dimensiones de Seguridad Nacional en términos de los intereses estadounidenses que no coinciden necesariamente con los intereses ni las costumbres de los países andinos.
  3. La certificación y la descertificación indican justamente que esta discrepancia de valores y enfoques necesita ser resuelta por medios coercitivos.
  4. Aquello que permite la utilización de medidas coercitivas por parte de Washington es la dependencia económica por ejemplo, a través del apoyo a la balanza de pagos.

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